jueves, julio 22, 2010

Los consejos de los santos

LAS CAMPANAS DE LA CONFESIÓN


Cuando en una ciudad o en un pueblo suenan las campanas todos entendemos que la Iglesia nos llama para que asistamos a Misa. Estas suelen sonar con suficiente tiempo para llegar puntuales. Así nos avisan que Dios nos está esperando.


Los santos cuando visitan un sitio hacen sonar con su prédica las campanas de la confesión, ya que es el sacramento que consigue nuestra libertad y nuestra alegría. Juan Bautista predicaba con urgencia la conversión de los pecados. Exhortaba a la gente para que se prepararan bien, porque iba a llegar Dios a sus vidas. Después de Cristo muchos santos han buscado con urgencia la conversión de los pecadores.


En el siglo XX San Josemaría Escrivá decía que valía la pena un viaje suyo a un país si una sola persona se confesaba. Hace unos días, el segundo sucesor de San Josemaría, Mons. Javier Echevarría, estuvo recordando lo mismo a las multitudes que vio en un viaje que fue una auténtica catequesis.


Hace un mes culminó en Roma el año sacerdotal y el Papa Benedicto XVI recordó a los sacerdotes que fueron a Roma la importancia de este sacramento.


En la fiesta del Corazón de Jesús culminó en Roma el año sacerdotal con una masiva asistencia de sacerdotes procedentes de 19 países. Han llegado más de nueve mil que se han acudido a las basílicas de San Pedro, San Pablos de Extramuros y San Juan de Letrán donde se han realizado las respectivas celebraciones. En la tarde del día 10 tuvo lugar la Vigilia en la Plaza de San Pedro con la presencia del Santo Padre y el día 11 a las 9.30 am el Papa Benedicto XVI presidió la Misa conclusiva del encuentro. Inmediatamente después de la Misa la Opera Romana Pellegrinaggi cerró en encuentro en el Castel Sant´Angelo.


La primera jornada del encuentro internacional de sacerdotes más numeroso de la historia ha quedado marcada por el llamamiento a la conversión y a acercarse al sacramento de la Reconciliación con Dios.


Ante los diez mil presbíteros que ya llegaron a la ciudad eterna para participar en la clausura del Año Sacerdotal, el cardenal Joachim Meisner, arzobispo de Colonia, recordó que así como la "Iglesia siempre debe ser reformada" ("Ecclesia semper reformanda"), del mismo modo el obispo y el sacerdote "siempre debe ser reformado" ("semper reformandus").


En la meditación que ofreció antes de la celebración de la Misa en la basílica romana de San Pablo Extramuros, reconoció que los sacerdotes, al igual que Pablo en el camino a Damasco, "tienen que caer de nuevo del caballo, para caer en los brazos de Dios misericordioso".


Por este motivo, "no es suficiente que en nuestro trabajo pastoral hacer correcciones sólo a las estructuras de nuestra Iglesia para que sea más atractiva. ¡No es suficiente! Lo que hace falta es un cambio de corazón, de mi corazón".

"Sólo un Pablo convertido pudo cambiar el mundo, no un ingeniero de estructuras eclesiásticas", aclaró al iniciar el congreso internacional de sacerdotes convocado por Benedicto XVI y organizado por la Congregación vaticana para el Clero.



Importancia de la confesión

El cardenal Meisner reconoció que "una de las pérdidas más trágicas" que la Iglesia ha sufrido en la segunda mitad del siglo XX ha sido "la pérdida del Espíritu Santo en el sacramento de la Reconciliación".


La escasa participación en este sacramento, comentó, "constituye la raíz de muchos males en la vida de la Iglesia y en la vida del sacerdote".

"Cuando fieles cristianos me preguntan: '¿Cómo podemos ayudar a nuestros sacerdotes?', entonces siempre respondo: 'Id a confesaros con ellos'".


Según el purpurado alemán, "allí donde el sacerdote deja de confesar, se convierte en un agente social religioso" y "cae en una grave crisis de identidad".

"Un sacerdote que no se encuentra, con frecuencia, de un lado o del otro de la rejilla del confesionario, sufre daños permanentes para su alma y su misión".

"Un confesionario en el que está presente un sacerdote, en una iglesia vacía, es el símbolo más impresionante de la paciencia de Dios que espera".



Confirmación del amor de Dios

En el confesionario, continuó, "el sacerdote puede echar un vistazo a los corazones de muchas personas y de ahí surgen motivaciones, aliento, aspiraciones para el propio seguimiento de Cristo".


La confesión, observó el cardenal, "nos permite acceder a una vida en la que sólo se puede pensar en Dios".


"Ir a confesarse significa hacer que el amor de Dios sea algo más cordial, escuchar y experimentar eficazmente, una vez más, que Dios nos ama".

"Confesarse significa recomenzar a creer, y al mismo tiempo a descubrir que hasta ahora no nos hemos fiado de una manera suficientemente profunda de Dios y que, por este motivo, hay que pedir perdón".


Dada la importancia de la confesión, el purpurado consideró que desde su punto de vista "la madurez espiritual de un candidato al sacerdocio para recibir la ordenación sacerdotal se hace evidente en el hecho de que reciba regularmente --al menos una vez al mes-- el sacramento de la Reconciliación".


De hecho, en este sacramento se encuentra "al Padre misericordioso con sus dones más preciosos, es decir, su entrega, el perdón y la gracia", concluyó.


Por Roberta Sciamplicotti

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viernes, julio 16, 2010

Mons. Javier Echevarría en el Perú

UNA VISITA INOLVIDABLE (11-17 de Julio del 2010)

El 11 de Julio por la noche llegó a Lima desde Guayaquil Mons. Javier Echevarría, Obispo Prelado del Opus Dei. Al día siguiente por la mañana visitó al Cardenal Juan Luís Cipriani en el palacio Arzobispal. Después de conversar con el Arzobispo de Lima le encantó ver el museo del palacio con muchos tesoros del arte colonial, y comentó que en esas obras se podía reflejar la fe de los cristianos, que era la fe que había en el Perú.

Más tarde se reunió con un grupo de sacerdotes que llegaron desde distintos lugares del país. Les dijo que todos deberían aprender del amor a Dios de los sacerdotes fieles, que eran, además la mayoría. Les contó que él, durante muchos años, tuvo el privilegio de ayudar Misa a San Josemaría Escrivá y que una vez le oyó decir: “¡Ay Señor!, debería pensar más en el amor que tú me tienes” y que en otra ocasión se postró y le dijo con mucha fuerza: “¡Señor gracias! ¿por qué me quieres tanto?” Estaba muy agradecido del amor que Dios le tenía.

El Prelado del Opus Dei quería hacerles ver a los sacerdotes del gran privilegio que tenían de ver bajar a Dios en sus propias manos y que de la fidelidad de cada uno dependía el fruto que se podía cosechar para el bien de muchas almas. Les animó a cuidar mucho a los seminaristas, queriéndolos mucho y haciéndoles ver que deberían estar decididos a ser sacerdotes santos. Dirigiéndose a un sacerdote que estaba en silla de ruedas le decía: “el Señor te confía todo, desde tu silla de ruedas puedes llegar a todo el mundo” A todos les pidió que rezaran mucho por el Papa y que no se asustaran de las campañas que se organizan contra la Iglesia. Les dijo que tenían que ser hombres de oración, dedicando más tiempo al Señor.

Tuvo también un encuentro en el campus Lima de la universidad de Piura, con chicos jóvenes. Habrían unos 700 entre escolares de los últimos años y universitarios. El Prelado les agradeció su presencia y les hizo ver que ellos eran el futuro de la Iglesia, que el Señor les tenía confianza ya que les hizo nacer en un país cristiano y en un hogar donde les han transmitido la fe. Les animó a leer siempre los Evangelios y a vivir con Dios, a ser sociales para servir, siendo instrumentos perseverantes y a preguntarse cada día ¿qué hice hoy por Dios? ¿qué hice por el Perú?, también les pidió que se acordaran de rezar por el Papa. Antes de darles la bendición les advirtió que no vayan por la vida con los ojos dispersos y que no se dejen engañar por lo que es contrario a la vida del cristiano, les dijo que la confesión estaba para levantarse de las caídas y que la oración era también para darse cuenta que el Señor está muy cerca.

Como gran Canciller de la universidad hizo un recorrido por todo el campus saludando a los profesores, al personal administrativo y de servicio. Todos le aplaudían a su paso y él se detenía con cada uno para tener algún detalle de cariño. La universidad de Piura había preparado la visita de su Gran Canciller con mucho esmero y enorme cariño. Todos quedaron felices con la visita del Prelado, porque veían en él un verdadero Padre.

El jueves 15 estuvo en Piura en el campus de la Universidad. Le recibieron en un encuentro general más de 6,000 personas, bajo los algarrobos tupidos en un intenso día de calor. Como en Lima hizo un recorrido por el campus deteniéndose en cada facultad para saludar a todos. Fue un verdadero impulso para toda la universidad y miles de personas que fueron a verle.

Mons. Javier Echevarría fue también a Cañete, al Valle Bendito, como lo llamó San Josemaría y tuvo una tertulia general en el Santuario de la Madre del Amor hermoso, donde está la Virgen que envió el Fundador del Opus Dei a la Prelatura de Yauyos. Un coro amenizaba a la gente mientras esperaban la llegada del Prelado. La tertulia se inició a las 11.00 am con el Santuario repleto, habrían unas 3,000 personas, la mayoría de la zona. El alcalde de Cañete le entregó la medalla de la ciudad, con un emotivo discurso que el Padre agradeció recordando a San Josemaría y a los obispos fallecidos Ignacio María de Orbegozo y Luís Sánchez Moreno Lira.

Cada vez que la gente aplaudía Mons. Javier Echevarría dirigía esos aplausos a Dios y a San Josemaría. Recordaba cuánto había rezado el Fundador del Opus Dei por esas tierras cañetanas. Pidió también rezar por el Papa, los sacerdotes y por los seminaristas, para que sigan llegando más vocaciones sacerdotales. Después de la tertulia el Prelado visitó dos obras corporativas del Opus Dei que hay en Cañete, Vallegrande y Condoray.

El Prelado del Opus Dei tuvo más encuentros en Lima con distintos grupos, siempre para hablarles de Dios y de los compromisos cristianos. El alcalde de Miraflores le entregó una medalla haciéndole hijo predilecto de la ciudad y le pidió rezar mucho por su distrito.

El viernes 16 hubo en el Colegio Alpamayo un encuentro multitudinario con unas 10,000 personas. Fue al aire libre en un estrado enorme que había sido colocado en la cancha de fútbol. La gente iba llegando con bastante anticipación y a las 4.00 pm, que era el inicio de la tertulia ya estaba todo lleno. Fue un encuentro muy emotivo, las preguntas giraron en torno a la familia: el número de hijos, la relación entre los esposos, el dolor por la enfermedad, la esperanza frente a las dificultades, la prudencia con la televisión, el pudor y la elegancia en el vestido, etc.

La visita del Prelado del Opus Dei ha sido para el Perú una bendición de Dios. Mons. Echevarría decía en su última tertulia, que tenía unos sentimientos encontrados por la alegría de estar en el Perú y la pena de tener que irse. Si Dios me da vida volveré lo dijo elevando la voz en medio del fuerte aplauso de la multitud.

Cuánto hemos rezado por su viaje, por los frutos que empezamos a cosechar y por su pronto retorno. Se oía decir a muchos: “¡Gracias Padre por haber venido y vuelve pronto!

jueves, julio 08, 2010

Un camino de la santidad en medio del mundo

UN RECUERDO Y UNA ESPERA


Los recuerdos de una realidad histórica


El 9 de Julio de 1953 llegó a Lima el padre Manuel Botas para empezar el Opus Dei en el Perú, con la bendición de San Josemaría Escrivá y 21 años después el 9 de Julio de 1974, aterriza en Lima el Fundador del Opus Dei, acompañado del P. Alvaro del Portillo, que era en esos años secretario del Opus Dei y después, cuando falleció San Josemaría fue su primer sucesor y el primer obispo Prelado del Opus Dei. También le acompañó el P. Javier Echevarría, actual Obispo Prelado del Opus Dei.


La estancia de San Josemaría en el Perú fue de sumo provecho para darle un impulso a la difusión del mensaje que San Josemaría repetiría por todo el mundo, “un secreto a voces: estas crisis mundiales, ¡son crisis de santos!” El mismo Arzobispo de Lima, que a la sazón era el Cardenal Juan Landázuri reconoció y agradeció la labor apostólica que el Opus Dei estaba haciendo en el Perú en beneficio de la Iglesia, para que muchas personas pudieran buscar la santidad en medio de sus quehaceres cotidianos.


Un dato significativo es que en julio de 1974, San Josemaría Escrivá se reunió en Lima con un grupo de sacerdotes para animarles a que impulsaran el apostolado para que creciera el número de vocaciones sacerdotales en el Perú. “El Perú no puede quedarse sin sacerdotes”, les decía. Los sacerdotes y obispos que pusieron en práctica, con mucha fe y esperanza, aquellos consejos de San Josemaría, cosecharon en las dos décadas siguientes, los frutos esperados: promociones numerosas de sacerdotes peruanos, que hasta la fecha siguen aumentando, a pesar de los inconvenientes y las dificultades que nunca faltan.


El año 1996 volvió a Lima Mons. Javier Echevarría, esta vez como Prelado del Opus Dei, y al constatar el crecimiento de los frutos apostólicos en el Perú no dejaba de agradecer al Señor y a la intercesión de San Josemaría esos milagros de conversiones y vocaciones que se habían multiplicado.



Una espera con gran esperanza


Siguen pasando los años y ahora estamos en el umbral de otra visita del Prelado del Opus Dei al Perú. Como hace 14 años se han previsto unos encuentros familiares con grupos pequeños y otros más numerosos de personas que desean escucharle para mejorar y reforzar sus compromisos cristianos. Es un tiempo de gracia y esperanza que se prepara con mucha oración. Es también la oportunidad para agradecerle al Prelado del Opus Dei su amor a la Iglesia y a nuestro país.


Los recuerdos, tan gratos de los años anteriores, y del influjo grande de santidad que trae la visita del Prelado del Opus Dei, “el bien de por sí es difusivo”, decía Santo Tomás de Aquino, nos dispone a prepararnos bien para poder recibir esos tesoros que enriquecen nuestra interioridad haciéndonos mejores cristianos y mejores instrumentos de Dios en esta tarea universal de la evangelización.


El mundo necesita de Dios. Con esta urgencia estamos esperando la visita del Prelado del Opus Dei con la certeza del influjo de un gran bien espiritual para miles de personas que será, en palabras de San Josemaría, como “una inyección intravenosa en el torrente circulatorio de la sociedad”


Esta visita se da en Julio, cuando se va a cumplir un aniversario más de las Fiestas Patrias. Es un regalo de muchos valores trascendentales para nuestro país, que puede hacer feliz a muchísimas personas y a familias enteras.


Les encomendamos especialmente a todos ustedes para que no se pierdan la oportunidad de estar, aunque sea unos minutos con el Prelado del Opus Dei en esos encuentros familiares. Lo van agradecer toda la vida. Vale la pena superar cualquier dificultad para asistir.

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jueves, julio 01, 2010

Respeto a las personas y a los reglamentos

LITURGIA, TRADICIÓN Y FÚTBOL

Gracias a los adelantos de la tecnología hemos podido apreciar, al detalle, todas las incidencias del campeonato mundial de fútbol África 2010. La magia de la televisión ha permitido que podamos conocer mejor las costumbres de los distintos países y con respecto al fútbol, la gran variedad que ofrecen los equipos con sus jugadores, sus esquemas tácticos y sus estilos de juego. El panorama colorido de comunicación ofrecido por la televisión día a día, durante un mes, ha reforzado vínculos de hermandad a nivel mundial. Quizá no sean vínculos profundos y estables, pero son indudablemente vínculos que apuntan a la unión de todos los pueblos.

Los sudamericanos estuvimos muy unidos a los equipos que nos representaban. Era interesante encontrar en el Perú una adhesión casi general al equipo chileno, a pesar de nuestro pasado histórico de conflictos bélicos y nuestra situación de límites en discusión. También los peruanos, a través del fútbol, pudimos admirar nuevamente a la vieja Europa de tradiciones y costumbre ancestrales, fuente de nuestra cultura; al mismo tiempo tuvimos la oportunidad de descubrir, en el fútbol oriental asiático, a jugadores habilidosos que parecían recortados con la misma tijera, pero con un arte distinto para tocar el balón, y quedamos embelezados de los encantos del continente africano, cuna de algunos futbolistas que están colocados en distintos equipos emblemáticos del mundo. Los africanos nos encandilaron con sus vuvuzelas y la magnifica organización del mundial, que todos pudimos apreciar.

Hemos vuelto a comprobar la formalidad y orden de un deporte que contribuye al desarrollo de las virtudes humanas y va acorde con el desarrollo y progreso de la sociedad. Para poder triunfar es necesario un orden y disciplina de equipo y jugadores unidos a su entrenador, una dedicación y concentración de cada uno, para cumplir con los compromisos adquiridos, que luego tendrá repercusiones en miles o en millones, que siguen los partidos con gran interés. Se podía apreciar una alegría natural y espontánea de jugadores, dirigentes, público y países enteros, que vibraban y saltaban con expresiones de júbilo y distintas manifestaciones colectivas de entusiasmo.

También se podía comprobar la garra y valentía de los jugadores, muy lejana de la violencia sucia, que está sancionada y castigada por los reglamentos y que todos lamentan cuando se produce. Todos abogaban por un juego limpio y lleno de fortaleza a la vez. Se podía apreciar, en estos campeonatos, la obediencia incondicional al árbitro durante el partido y a las leyes de los reglamentos establecidos. La autoridad es la que manda y no se discute. Todos debían acatar las decisiones que se tomaban en momentos de tensión y de lucha.

Es interesante observar la organización previa a los campeonatos: los estadios con las mejores comodidades, las canchas en perfecto estado, las pelotas nuevas, los uniformes de los jugadores y la iluminación de la cancha, con una distribución de cámaras de televisión para captar todos los detalles. Para cada partido había un ritual que se cumplía al pie de la letra. Los jugadores entraban en fila acompañados de unas mascotas, forman delante de sus pabellones, se cantaban los himnos y a la hora en punto estaba el árbitro haciendo sonar su silbato para el inicio del encuentro. Era una liturgia completa que nadie discutía y a todos les parecía bien.

En el fútbol existen equipos emblemáticos que llevan una tradición a través de la historia. Suelen ser los más fuertes, los que siempre ganan, los que ocupan los primeros lugares.

La tradición se lleva en el mismo juego. Es una técnica que se aprendió con los años y que se ha heredado de jugadores de los mismos países. Es muy difícil que un país nuevo, que nunca jugó fútbol, adquiera esa tradición. A veces aparecen equipos bien constituidos con un planteamiento interesante de juego, pero luego termina imponiéndose la tradición. Se nota que es algo que está dentro de la misma antropología del ser humano. Los hombres no podemos dejar de lado la tradición, la valoración de lo que viene de antes. Hay como una línea de continuidad que se conjuga con los elementos nuevos que aparecen (mejores chimpunes, mejor comida, canchas de más calidad, etc.)-

El fútbol nos enseña a respetar a las personas y a la ley. A ser formales. A querer la unidad dentro de la más grande diversidad. A nadie se le deja jugar sin uniforme o vestido de cualquier manera, los entrenadores y los periodistas deportivos suelen ir con sus elegantes ternos, se empieza y se termina a la hora en punto, se festejan los goles con grandes abrazos, se hacen gestos de agradecimiento a Dios y se reza por decisión personal. Los paraguayos se pusieron de rodillas en la tanda de penales, antes de ganar la clasificación a los cuartos de final. La FIFA no ha podido evitar los signos religiosos de los jugadores. Al Espíritu Santo no se le pueden poner puertas. El que se mete contra la Iglesia termina perdiendo. La Tradición es elocuente, también en el fútbol.

La universalidad del fútbol es un toque de campana para despertar a los que todavía no han descubierto al rey de los deportes y para sancionar a los que quieren convertir el fútbol en una actividad violenta para destruir al hombre y a la sociedad. Las mal llamadas barras bravas son anti-fútbol, y la informalidad de algunos futbolistas, no tienen nada que ver con los campeonatos emblemáticos de un fútbol serio y constructivo, que une a los hombres más variados en una actividad de diversión que fomenta el crecimiento de las virtudes humanas y contribuye con la mejora de la sociedad.

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jueves, junio 24, 2010

En el mundial de fútbol

TARJETA ROJA A DIOS


Dios fuera del Mundial ¿Cuáles son las verdaderas motivaciones para convertir los estadios en el nuevo escenario de exclusión religiosa?

Esta vez nada. No podrán santiguarse, ni elevar las manos al cielo. Tampoco podrán mostrar la camiseta que llevan bajo el uniforme. Ni católicos, ni musulmanes, ni hindúes… nada. La FIFA, todopoderosa, ha expulsado a Dios del Mundial.

Joseph Blatter, heredero de la multinacional que mueve más millones en el orbe, el jefe de la organización con más estados nacionales miembros, acaba de decretar “que cualquier manifestación religiosa debe quedar fuera del fútbol”.

La idea detrás de este “mundial laico” es simplemente “no incitar a la violencia”, tal como lo dio a conocer Andreas Herren, portavoz de la FIFA, pero ¿ha habido alguna vez un enfrentamiento en un estadio por un símbolo religioso?, ¿Cuáles son las verdaderas motivaciones para convertir los estadios en el nuevo escenario de exclusión religiosa?


La prohibición
En un contexto estrictamente deportivo, esta norma parece integrarse al paquete de la amonestación por “festejo desmedido”, que recibe quien celebra un gol quitándose la camisa, o subiéndose a las mallas. Pero como dice Javier Aguirre, del periódico argentino Página 12, “para organizadores de eventos costosísimos como un Mundial, la fe resulta una expresión aun más inquietante que la felicidad”.



Según cuentan diversos medios, la afrenta última que sufrió este organismo en este ámbito fue a manos de Brasil durante la última Copa Confederaciones. Los verde amarillos vencieron tres goles por dos a un inspirado Estados Unidos, luego de estar abajo todo el partido. Pero una vez que este finalizó, jugadores y miembros del cuerpo técnico formaron un círculo al centro de la cancha. Abrazados recitaron una oración de acción de gracias, gesto que provocó un disgusto enorme a Jim Stjerne Hansen, presidente de la Federación Danesa de Fútbol.


El funcionario consideró “inaceptable” el asunto y escribió una carta: “la expresión de fervor religioso de los brasileños duró demasiado tiempo… y provoca una confusión entre religión y deporte”.


Un acto parecido ocurrió en Yokohama, cuando Brasil conquistó su quinto título mundial en Corea-Japón 2002, y varios jugadores dieron mensajes religiosos con frases pintadas bajo su uniforme.


La FIFA tiene reglas muy particulares que gobiernan casi todas las cosas relativas al fútbol. Hasta hace poco, no prohibía los gestos de religiosidad, pero tiene sanciones para textos inscritos bajo la camiseta del uniforme sean políticas, personales o religiosas. Probablemente las camisetas con mensajes cristianos como “Amo a Dios” o “Pertenezco a Jesús” que mostraron los flamantes campeones al finalizar el cotejo, no ayudaron mucho en este tema.

Con la carta en la mano y en los medios muchos millones en juego, Blatter rápidamente acuerpó las declaraciones de Stjerne y envió una señal inequívoca al equipo brasileño con su severa advertencia. No en vano el escritor George Orwell alguna vez dijo que el fútbol era una guerra sin disparos; y aquí los disparos parece que van dirigidos al cielo.



Contradicciones
Tras la medida, numerosas voces se han levantado para gritar verdades un tanto incómodas para el ente futbolístico mundial. Sectores cristianos no católicos del Brasil han lanzado su pregunta de oro “¿Por qué hacer que se sancione mostrar la fe y, sin embargo, no se prohíba la publicidad de empresas que emplean mano de obra esclava?”.


Además, ¿cómo la FIFA permite que empresas que venden productos no exactamente “sanos y nutritivos” patrocinen el mayor espectáculo deportivo mundial?

Además, sería irresponsable decir que algo que siempre ha estado allí –las manifestaciones religiosas- sean las culpables de la violencia en este deporte.

“En nuestro tiempo, el fanatismo del fútbol ha invadido el lugar que estaba antes reservado solamente al fervor religioso, el ardor patriótico y a la pasión política” reza unas líneas de Eduardo Galeano de su famoso libro “Fútbol: a sol y sombra”.


Y este fervor se atiza con las banderas y las camisetas de los hinchas del otro equipo. Lo más sensato sería prohibir las insignias de pertenencia… al fin y al cabo son las que más provocan la ira de cierta gente.


Un mensaje publicado por medios de comunicación cristianos nombra estudios que “sugieren que la violencia en el fútbol es una reminiscencia del espíritu animal del hombre que aprovecha a exteriorizar sus inhibiciones, frustraciones y odios ocultos”.


En este sentido, se afirma, la camiseta del equipo favorito le da la motivación para defender una identidad grupal y una sensación de poder que estando solo como individuo no tendría. El anonimato entre la multitud le da al hombre la libertad de expresar todos sus bajos instintos”.



El estadio como “templo”

En su descripción del “Hincha” y del “Fanático”, Galeano, da unas pistas muy interesantes, según las cuales, “una vez por semana, el hincha huye de su casa y acude al estadio… al templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades… y el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos y todos los rivales son tramposos… la sola existencia del hincha del otro club constituye una provocación inadmisible”.


Pero como la “moral” que mueve a este negocio es una sola –y como casi todas las demás, se llama dinero- y ésta autoriza el uso de cualquier cosa que compre la eficacia… no habrá nada que hacer. Al fin y al cabo todo el espectáculo se reduce a un producto.


Los jugadores de fútbol más famosos son productos que venden productos. En tiempo de Pelé, el jugador jugaba, y eso era todo… o casi todo. En tiempos de Maradona, ya en pleno auge de la televisión y de la publicidad masiva, las cosas había cambiado. Maradona cobró mucho, y mucho pagó: cobró con las piernas, pagó con el alma, concluye Galeano.


Carlos Sandoval, autor y estudioso de la sociología moderna no tiene reparo en señalar que “la religión sería un modo de colocar límites para que el éxito no desborde a los jugadores, la mayoría de ellos con 20 años o poco más”. Esto por cuanto, afirma, la mayoría de los jugadores de fútbol, provienen de estratos bajos de la sociedad, y el salto en su poder adquisitivo y el manejo de una “imagen” muchas veces los desubica de su propia realidad.


Tal vez si se forman hombres íntegros desde las bases, y estos funcionen como reflejo de una hinchada y un club con verdaderos valores, puedan hacer que el ritual de afirmación de la nacionalidad” realmente los una, más que dividirlos, pues esta práctica de buenas costumbres y mejores ejemplos interpelará a la audiencia y servirá como referente para ellos.



Atletas de Cristo

La fe y el deporte exigen sacrificios, sacrificios que por nosotros mismos es realmente difícil de llevar. Para eso necesitamos de la existencia de Dios, por medio de su Espíritu Santo… que sean la oración, los sacramentos y hasta la misma comunidad esas herramientas que nos han de fortalecer en los momentos más difíciles. Como cristianos estamos llamados a convertirnos en atletas de Cristo siendo fieles y valientes testigos de su Buena Nueva”, afirma el periodista y catequista Daniel Cáliz.


Y es que el modelo para el 40% de los jóvenes es el futbolista, así como para las chicas es la animadora de televisión. Hacen falta modelos creíbles que ayuden a construir personalidades globales. La visión religiosa da un sentido pleno a la vida”, subrayó en su momento el cardenal Tarcisio Bertone.

Sobre esa misma línea, el Padre Kevin Lixey, experto en deporte y religión, comentó a la agencia de noticias católicas Zenit, que “el fútbol es uno de los fenómenos que más pasiones despierta en el mundo, pero al mismo tiempo ayuda “a establecer relaciones fraternas entre los hombres de todas las clases, naciones y razas”, como dice el número 61 de la “Gaudium et Spes”.


Y recordó que en ocasión de la bendición del Estadio Olímpico de Roma, antes del Mundial de 1990, el Papa Juan Pablo II decía a los futbolistas: Os están mirando los deportistas de todo el mundo. ¡Sed conscientes de vuestra responsabilidad! No sólo el campeón en el estadio; también el hombre con toda su persona ha de convertirse en un modelo para millones de jóvenes que tienen necesidad de líderes y no de ídolos. Tienen necesidad de hombres que sepan comunicarles el gusto de lo arduo, el sentido de la disciplina, el valor de la honradez y la alegría del altruismo. Vuestro testimonio, coherente y generoso, puede impulsarles a afrontar los problemas de la vida con igual empeño y entusiasmo”.

Estas frases del Papa encierran un programa de vida para el futbolista y responden seguramente a uno de los grandes valores que representa el deporte en el mundo de hoy: ser un punto de referencia para la educación de las futuras generaciones.


Para finalizar, el teólogo Tomás Bolaño, nos recuerda algo que tal vez hemos olvidado “El Dios creador del Antiguo Testamento ha jugado desde la eternidad y hasta nuestros tiempos; sus actos lúdicos se expresan en el gozo de la creación y en la bendición de la criatura que tiene como compañera de juego. Su acto creador es el juego más grande que Dios ha tenido con el mundo; … “yo estaba junto a Él como aprendiz, yo era su alegría cotidiana, jugando todo el tiempo en su presencia, jugando con al esfera de la tierra y compartiendo mi alegría con los humanos” (Pro. 8, 30-31)”

Tomado de Zenit

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viernes, junio 18, 2010

A propósito del Mundial. Sudáfrica 2010

EL PAPA Y EL FÚTBOL

Es impresionante la convocatoria que suscita el mundial de fútbol con gentes de distintas latitudes. Todos se congregan con entusiasmo y esperanza para ver un campeonato que gusta y hace vibrar hasta niveles increíbles.

Las barreras bulliciosas de los hinchas que no paran de gritar o tocar sus cornetillas o vuvuzelas africanas, las de los otros con sus tarolas o bombos para alentar a sus equipos, los disfraces, atuendos y pinturas de los más exóticos, que ponen la nota de color, los canales de televisión y las emisoras de radio, con los más sofisticados equipos de transmisión, los periodistas, fotógrafos y enviados especiales junto a una multitud variopinta que llena los modernos estadios, construidos para la ocasión. Todo un mundo de gente unida para ver y disfrutar las maravillas del fútbol.

En nuestro país muchas familias han aprovechado la oportunidad para comprarse un televisor nuevo con el sistema digital que pronto entrará en vigencia, el motivo es lógicamente, el mundial de fútbol. Se han instalado en sus casas con sus grandes pantallas planas para ver cómodamente las mejores jugadas. Los periódicos no dejan de aprovechar la ocasión para sacar encartes a todo color con todos los jugadores y equipos representativos. El periódico más vendido en el Perú, desde hace unos años, es el que trae todo sobre fútbol.

Una nota singular e interesante para observar son los elegantes ternos de los entrenadores, que entran a la cancha como si salieran de una exclusiva sastrería de alto nivel. Creo que todos hemos visto por primera vez a Maradona con saco y corbata dirigiendo a sus pupilos argentinos. No solo los entrenadores, también los comentaristas del fútbol de los canales de televisión van vestidos de punta en blanco con ternos y camisas de las mejores marcas.

Otra apreciación interesante para nuestro análisis de los ambientes del fútbol son las manifestaciones externas de piedad y amor a Dios que se dan en todo el mundo. Algunas veces las cámaras ponchan a los hinchas rezando por su equipo, o algún jugador de rodillas pidiéndole a Dios ayuda para triunfar en el partido, otras veces se ve que todo el equipo está rezando, antes de empezar un encuentro o en algún momento problemático, por ejemplo cuando hay que definir por penales. Gracias a las cámaras de televisión podemos apreciar, (en todos los campeonatos del mundo), que muchos jugadores se santiguan al entrar en la cancha y algunos señalan el Cielo cuando meten un gol, para agradecerle a Dios esa alegría inmensa e inolvidable. Quizá sea el deporte donde se pueden ver más manifestaciones de piedad, que salen naturalmente del fondo de las personas en momentos de tensión, emoción y alegría.


El Papa habla del fútbol

Estas vivencias y experiencias que unen a los seres humanos de muchos países en una gran fiesta alrededor del fútbol llama la atención del Papa Benedicto XVI que se suma con un comentario muy interesante para nuestras observaciones:

“Si se hojean los periódicos y se escuchan los programas de radio, se comprobará rápidamente que hay un tema dominante: el fútbol. Este deporte se ha convertido en un acontecimiento universal que une a los hombres de todo el orbe, por encima de las fronteras nacionales, en un mismo estado de ánimo, en idénticas esperanzas, miedos, pasiones y alegrías. Todo ello pone de manifiesto que se debe estar tocando algo originariamente humano. De ahí que surja con naturalidad la pregunta de dónde reside el poder de este juego. El pesimista dirá que es la misma situación de la antigua Roma: (pan y circo). Ahora bien, incluso si se acepta esta interpretación, debería hacerse una nueva pregunta: ¿a qué se debe la fascinación de este juego, que se pone, en idéntica importancia, al lado del pan? Con la mirada puesta de nuevo en la antigua Roma, se podría responder a ese interrogante diciendo que el grito reclamado pan y juego fue propiamente la expresión del anhelo de la vida paradisíaca. En este sentido, el juego sería, pues, una especie de vuelta al hogar en el paraíso: huir del rigor esclavizador de lo cotidiano. Ahora bien, el juego tiene, sobre todo en los niños, un carácter distinto: es ejercicio para la vida.

A mi juicio, la fascinación del fútbol consiste esencialmente en unir de modo convincente los dos aspectos referidos. El fútbol obliga al hombre ante todo a disciplinarse a sí mismo. También le enseña a colaborar con los demás y, por último, a enfrentarse con ellos limpiamente. Al contemplarlo, los hombres se identifican con el juego, participando de ese modo en la colaboración y en la pugna referidas. La seriedad sombría del dinero y del espíritu mercantil pueden, naturalmente, echarlo todo a perder. Al pensar con detenimiento en estas cosas, tal vez sea posible aprender a vivir a partir del juego: la libertad del hombre se nutre de reglas y de disciplina. El fenómeno de un mundo que vibra con el juego podría darnos más que entretenimiento. Si fuéramos al fondo, el fútbol podría darnos una forma de vida”


Los méritos del rey de los deportes

Efectivamente el fútbol es una muestra de unidad en un ambiente de alegría y grandes deseos. Los goles que dejan afónicos a los aficionados y el jolgorio constante son los deseos del paraíso del hombre que está esperando y se encuentra con el gol que le señala el camino del triunfo. Es darse cuenta que para llegar a la meta hay que luchar unidos, en un equipo donde se deben dar entendimientos y después de cada logro vienen los abrazos de fraternidad, felicitando al que ha cornado, con el esfuerzo final, el mérito de todos. Me imagino que la llegada al Cielo tendrá un recibimiento similar, con una alegría que hace vibrar a la humanidad entera.

Tiene razón el Papa cuando señala el peligro del espíritu mercantil en el fútbol. Es el mismo peligro que tenemos en la vida cuando ponemos el corazón en el dinero y empieza a convertirse en un fín. Los equipos comerciales no son los mejores. Los verdaderos hinchas saben bien quién juega mejor y quién es el mejor. No malogremos las relaciones humanas con afanes egoístas que hacen “crecer” indebidamente a las personas.


Oración para el Mundial de Fútbol 2010

Dios todopoderoso, creador de todo, mientras personas de todas las naciones se congregan, con pasión y entusiasmo para la Copa Mundial de Fútbol 2010, que nosotros los sudafricanos podamos ser buenos anfitriones, que nuestros visitantes sean huéspedes bienvenidos y que los jugadores de todos los equipos sean bendecidos con un buen espíritu deportivo y con la salud. Que tu Espíritu de equidad, justicia y paz prevalezca entre jugadores y participantes. Que puedan contribuir, cada uno a su manera, de forma positiva para la prevención, el control y la lucha contra el crimen y la corrupción, el vandalismo de cualquier tipo y la explotación y el abuso, sobre todo de los más vulnerables. Que aquellos que están lejos de sus hogares y de sus familias encuentren mucha alegría con ocasión de la celebración del hermoso juego del fútbol y del bello juego de la vida conforme a Tu plan para el bien común
de todos. Amén.

Conferencia Episcopal Sudafricana.

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jueves, junio 10, 2010

Al terminar el año sacerdotal

LOS OJOS DEL BUEN PASTOR

Una de las grandes lecciones repasadas en el año sacerdotal es la del papel que cumple el buen pastor en la orientación de las almas. Es uno de los deberes que tiene cada sacerdote como instrumento de Dios. Es una tarea que no se da de un modo automático, no surge solo de una potestad adquirida, sino de la correspondencia personal y diaria a la llamada recibida.

El sacerdote debe poner todo su ser y su buena voluntad para cumplir con la misión que Dios le encarga. La Potestad que adquiere en virtud del sacramento del orden exige de él una respuesta personal de amor a Dios y a los demás. Esa respuesta se llama santidad.

El sacerdote debe cuidar siempre la pureza de su amor y de sus intenciones. Es un servidor de Dios y le debe dar cuenta a Dios de todas sus acciones. Dios lo ha puesto para que guíe a las almas por el camino correcto. No es un político, ni un líder al estilo humano, es un siervo que pone el corazón en el suelo y está dispuesto a perseverar aunque tenga que ir a contrapelo.

El verdadero sacerdote lo es las 24 horas del día, vive una auténtica unidad de vida, no es un hombre de doble discurso o de planteamientos “teóricos”, tampoco un especialista en temas o en determinados grupos de personas. Es a “todo terreno” como Jesucristo. Está dispuesto a dar su vida por amor a las almas y a la Iglesia.

Nadie puede conocer mejor a la gente que un sacerdote santo. La experiencia en la historia es elocuente. Del cura de Ars decían que se daba cuenta de lo que pasaba con cada persona sólo con verla la primera vez, lo mismo se decía de San Josemaría Escrivá en el siglo XX y de muchos otros que reflejaban en sus vidas un celo ardiente por las almas.

Los ojos del buen pastor son importantes para que todos puedan andar sin mayores tropiezos. Si faltara el buen pastor el mundo se iría a la deriva. En los ambientes donde la gente se ha alejado de Dios se percibe primero una gran desorientación y después una gran descomposición. Cuando se advierten estas deficiencias la Iglesia reza para que no falten sacerdotes y cuando llegan las nuevas vocaciones aparece nuevamente el orden y la alegría de las personas sencillas que son las que entienden a Dios y lo pueden todo.

El Buen Pastor se fija en la interioridad de la persona. No se queda en los formalismos o procedimientos. No permite que las almas vivan en la superficie de los cumplidos. No se contenta en que todo parezca correcto. Evita que la sociedad caiga en un deísmo, que admita la existencia de Dios y que al mismo tiempo no viva con Dios. La mala “soltura” del cristiano “liberal” es un cáncer social que se ha extendido por el mundo. Los errores del relativismo se han colado en las estructuras educativas de muchos sistemas modernos. Se educa para “triunfar” y poder tener más recursos y más prestigio en una emblemática sociedad materialista. Se ha olvidado educar para servir.

El Buen Pastor conoce bien a las personas y las personas le conocen a él. Este conocimiento recíproco es fundamental para avanzar en la vida, más importante que los conocimientos que se puedan adquirir por los estudios o la experiencia, solo semejante al conocimiento que se tiene en la relación recíproca entre los padres y los hijos. Cuando se da una relación interpersonal de auténtico amor (estrictamente limpio y puro) se da al mismo tiempo el conocimiento más importante que se pueda tener en la vida y es algo que día a día va creciendo, si se persevera en el amor y no tiene límites.

El Buen Pastor conoce bien lo que hay dentro de las almas. Este conocimiento no lo ha adquirido por presión o maquinación, no es un espía que se esconde para “chapar” a la gente in fraganti. No es un curioso que quiere saberlo todo. No utiliza controles para dominar a las personas. Su amor es tan fuerte que persuade y así educa. Consigue que la gente quiera las cosas. Como es natural algunos lo mirarán con envidia y dudarán de la rectitud de intención de sus acciones.

La piedad del Buen Pastor no está sesgada a determinadas acciones o momentos. La motivación de la piedad es el amor a Dios y a todas las almas y el cuidado que de allí se deriva. No son maneras o costumbres que las personas adquieren para llevar bien las cosas que están establecidas de una manera determinada. En la liturgia, por ejemplo, el piadoso no es el que canta bien, sino el que canta con amor a Dios y así en todo.

El Buen Pastor es el que se da cuenta de la rectitud del proceder de las personas. Sabrá también enderezar las intenciones de los demás y no rechazar a nadie de su vida. El Buen Pastor conoce a cada uno en concreto, a las personas cuando están en grupo, a los grupos en general, podría conocer también las distintas intenciones de las organizaciones humanas.

El Buen Pastor sabe actuar en ambientes de enfrentamiento, donde se hace difícil la comprensión y la unión. Sabe distinguir las distintas funciones de las personas, el papel que le toca a cada uno y no hace nunca acepción de personas. No se siente especialista para un grupo determinado. Le interesan todos.

El Buen Pastor es leal con las personas, no divulga lo que escucha, es discreto y delicado, no habla con ligereza ni emite juicios precipitados. Se distingue fundamentalmente por la comprensión. Entiende bien el valor del secreto profesional y cuida con verdadero esmero el sigilo sacramental.

Sabe aconsejar sin miedo con valentía y a tiempo. Se toma la molestia de salir a buscar a la oveja centésima. Esta búsqueda es hoy una actividad diaria para el Buen Pastor. En los tiempos actuales no se entiende un sacerdote que esté encerrado en una oficina y no salga a buscar a las almas.

El Buen Pastor ama tanto que es difícil engañarle por mucho tiempo. Como está siempre al tanto del progreso espiritual de las almas, se da cuenta cuando uno estornuda. El que no ama no se da cuenta de nada. Los grandes “engañadores” no han tenido la suerte de tener cerca un Buen Pastor, o una persona que les quiera mucho. Los que se alejaron de la verdad, o del buen camino, encontrarán en el buen pastor o en la persona que les quiere de verdad, la principal motivación para su retorno. Cuando se siembra amor (limpio y noble) se recoge amor.

El engreimiento meloso en algunas familias no es amor limpio y noble. Es amor propio o afecto desordenado que siembra egoísmo y genera mecanismos de defensa para el propio yo. La persona engreída se convierte en tirana. El Buen Pastor no debe ser engreidor. El que engríe se calienta pronto cuando la persona engreída no le corresponde.

El amor del Buen Pastor es muy superior al de un engreidor. El afecto limpio y ordenado teje la fidelidad de la persona querida. El querido con amor ordenado aprende a ser fiel, es correcto en el querer, sabe dónde tiene que poner el corazón y cómo debe corresponder. Si mantiene esta relación de amor, -Dios está de por medio- perseverará en el camino correcto y será feliz.

Nuestro compromiso es rezar siempre por las futuras vocaciones, para que vengan muchos más sacerdotes y sean santos. Es lo que nuestra sociedad necesita.

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viernes, junio 04, 2010

Las crisis económicas son crisis de moral

EL DESARROLLO ES IMPOSIBLE SIN HOMBRES RECTOS


Hace un año publicamos varios artículos que hacían referencia a la crisis económica mundial en relación con la ética. Insistíamos en que la salvación del mundo no estaba en las inyecciones de dinero de los más poderosos, afirmábamos que no era una cuestión de técnicas, ni de números, sino que se trataba de un problema moral.

Incluso nos aventuramos a decir que existían demasiados “optimistas” que anunciaban la salida de la crisis en poco tiempo, que no había que preocuparse, que todo se arreglaría. Sin embargo asistimos ahora a la crisis griega, que aparece de una forma sorpresiva e inesperada y que trae también consecuencias nefastas para la economía mundial. Aún no se ha cogido el toro por las astas porque continúa la crisis moral con una corrupción que va tomando más cuerpo en todos los estratos sociales.


Las crisis después de la luna de miel (cuando todo era felicidad)

Cuando los países se unen sin un sustrato moral fuerte y quieren apoyarse solo en los recursos económicos con unos compromisos de mercado, es como un matrimonio que se funda en el placer y en los beneficios mutuos que se prometen. Arrancan con una luna de miel inolvidable y continúan en los primeros años con el aparente éxito de la vida fácil, hasta que llega el momento de la realidad, donde se hace necesario confrontar lo verdadero y con lo falso o artificial, lo que se es, con lo que se debería ser. Surge entonces la crisis de los que no se prepararon bien, que aparece de un modo sorpresivo, con unos cambios y virajes increíbles; y todo es consecuencia de la falta de ética en los planteamientos iniciales.

Lo estamos viendo ahora con la crisis griega, no es económica sino moral (hay ideologías que se utilizan para el beneficio personal o de grupo que permiten el desorden en el uso de los recursos). No es necesario ser economista para darse cuenta del problema de fondo. Los educadores tienen un reto impresionante para ayudar a salir de este laberinto.

Está fallando la orientación de los hombres desde la infancia. Se inflan los grandes proyectos que le dan gran importancia al beneficio personal y se olvidan las motivaciones de servicio auténtico que son esenciales para el desarrollo humano de cada persona y el desarrollo de los pueblos. Esta miopía es hoy una mentalidad, que surge del fomento de la competividad, marcada especialmente por el economicismo.

Los discursos a favor de la cuestión social se quedan en planteamientos asistenciales, que no pueden durar en corazones ambiciosos de beneficios, posicionamientos, o protagonismos personales. El hombre que quiera ser recto y honesto debe renunciar a muchas ofertas de beneficio propio que la sociedad le propone. Hoy sucede lo contrario, casi todos, con honrosas excepciones, buscan la prebenda, y además han sido promocionados por entidades educativas, que persiguen lo mismo.

El Papa Benedicto XVI comenta en su última encíclica “Caridad y verdad” lo que se debería tener en cuenta para que exista un verdadero desarrollo de los pueblos:

“El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral. Cuando predomina la absolutización de la técnica se produce una confusión entre los fines y los medios, el empresario considera como único criterio de acción el máximo beneficio en la producción, el político, la consolidación del poder; el científico, el resultado de sus descubrimientos. Así, bajo esa red de relaciones económicas, financieras y políticas persisten frecuentemente incomprensiones, malestar e injusticia; los flujos de conocimientos técnicos aumentan, pero en beneficio de sus propietarios, mientras que la situación real de las poblaciones que viven bajo y casi siempre al margen de estos flujos, permanece inalterada, sin posibilidades reales de emancipación (“Caridad y verdad” n.71).


Nuestra sociedad esta acostumbrada a querer arreglar las cosas urgentes y éstas son las que surgen de los desarreglos y desordenes (corrupción, delincuencia, robo, alcoholismo, drogadicción, ludopatía, etc.). Es un trabajo para descubrir lo malo, perseguir y condenar, que se ha convertido en un círculo vicioso y que además se pretende arreglar con comisiones, controles y reglas más severas. Craso error.


La urgencia de la educación y la familia para salir de las crisis

Aunque la educación parezca una meta muy a largo plazo, hoy es lo urgente y lo importante. Este es el motor que debe funcionar muy bien y hasta ahora está apagado.

Mirar la educación es mirar al hombre y a su familia (la célula básica de la sociedad). En la familia es donde se aprende, desde la infancia, que la libertad no consiste en la simple posibilidad de elegir una opción u otra, sino en la capacidad de ser dueño de uno mismo para dirigirse al bien verdadero.

En la familia es donde se forma la libertad para que el niño aprenda a querer lo que es bueno. La libertad no es consecuencia de una rebeldía o ruptura, al contrario se obtiene en un ambiente de alegría, cariño y confianza, que es propio del hogar, donde se dan esas relaciones interpersonales de amor. Hay un contagio de amor a la verdad que es la clave de la libertad. Todo hombre debe crecer con el deseo de orientar su vida hacia la verdad ya que ésta es la única que puede dar sentido a su existencia y saciar los anhelos más profundos del corazón humano.

El desarrollo real de los pueblos se producirá cuando las personas lleven el bien en sus propias vidas y las sociedades no sean manejadas por hipócritas que manipulan en el teje y maneje de los procedimientos, incluidas las leyes, para llevar las aguas a los cauces de la propia conveniencia personal o de grupo.

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