jueves, mayo 22, 2014

Juguemos a los Gays mientras el lobo está
LOS GAYS DE LA PATRIA
El término Gay, hoy en día, es sinónimo de homosexual y fue popularizado en 1939 por el actor Gary Grant en la película Bringing up Baby. Un homosexual es una persona que se siente atraída por personas de su mismo sexo en lo relativo al sexo. La homosexualidad es la práctica de las relaciones eróticas con personas del mismo sexo.
Cuando una persona reconoce su tendencia sexual puede estar refiriéndose solo a su inclinación y no a la práctica de relaciones sexuales.
La Iglesia no rechaza ni condena a la persona con tendencias homosexuales, al contrario las comprende y las acoge como a todos los demás, pero tiene la obligación de enseñarles, como a todos, cuál es el significado y la función del sexo en el ser humano.
Bromas, burlas y rechazos
Salvo excepciones, el bulling universal hacia personas con tendencias homosexuales es semejante al que se hace por cuestiones de raza, posición social o el tipo de temperamento distinto que pueda tener una persona. Por lo general, en un primer momento, queda en el ámbito de la broma fácil que luego, si no se para, podría caer en el “cochineo” o burla sarcástica generando, a la larga, en el interior del burlón, lo que se llama homofobia o discriminación, que es el rechazo de esas personas por sus diferencias. Lamentablemente se puede pasar de una simple broma a un odio irracional. Esto ocurre cuando hay ausencia de caridad que es el amor a Dios y a los demás.
No solo en el caso de los homosexuales, que son tremendamente sensibles, (proclives al temor y al resentimiento), sino en todos los casos, es indispensable una educación de más calidad para que los seres humanos sepan tratar con cariño y delicadeza a los que son distintos a ellos. Las bromas, cuando hay ausencia de amor al prójimo, podrían generar fácilmente burlas hirientes que destrozan la convivencia humana y alejan a las personas.
Los efectos perniciosos del relativismo banal que esconde la verdad
Por otro lado hay que tener en cuenta, en los tiempos actuales, que el relativismo, que defiende la autonomía de la conciencia y el principio de libertad absoluta, está haciendo creer a un sector de la población que la verdad se construye con la opinión de las personas y que se puede opinar libremente en todos los temas sin que pase absolutamente nada.
Si alguien quiere opinar que el hombre tiene 5 ojos, no importa, es “su verdad” y si a otro le parece que debe suicidarse, no se le debe impedir porque es su decisión. Este modo de pensar hace crecer el voluntarismo, que es una suerte de desfuerzo o capricho del hombre, que quiere crear una verdad solo con la decisión de su voluntad.
El hombre que confunde la verdad con los sentimientos o impulsos de su interioridad y dice que es sincero y transparente, puede haber perdido la noción de trascendencia y el valor objetivo de la verdad. Se fía más de lo que siente y se convierte en un naturalista que quiere bendecir sus impulsos y pasiones como si se tratara de la ley del amor.
Estas consideraciones me traen a la mente el recuerdo de una persona, bastante ignorante, que tenía habitualmente relaciones sexuales con distintas mujeres; justificando su conducta me decía muy orondo: “Padre, ¿por qué me va a castigar Dios si yo amo a todas las mujeres?….lo que siento es amor y no odio”  No atendía a los mandamientos sino a sus sentimientos.
La voluntad de apagar la voz de la conciencia
La estructura de la autonomía de la conciencia es el propio yo que actúa como un monarca que decide imperativamente, cerrando los ojos a la realidad,  y de acuerdo a los designios de su propia voluntad toma partido en el consenso generalizado de posturas coyunturales, que ahora se llaman verdades  políticas, (todos saben que no es cierto pero hay que apoyar esa decisión, o conviene callarse y no decir nada, para que no se vea la verdad). La mentira tiene hoy patente de corzo para actuar con el eufemismo de la política. Así todo queda cubierto y hasta se puede crear una ley para que proteja esas majaderías.
Cuando muchas cosas se quedan sin hacer y el mal persiste, es porque el hombre de hoy no sabe decidir de acuerdo a la verdad. No le importa mucho mentir, para seguir mintiendo, con la comodidad del consenso y apagando a menudo la voz de la conciencia.
Reclamos inaceptables
Un hombre violento podría sentirse distinto del resto por ser violento, entonces buscaría a los que son violentos como él para exigir el derecho de los violentos, argumentando que existen muchos más que no se han declarado violentos,  por temor,  y dirá que ya es hora que todos los reconozcan.  Esos mismos derechos podrían exigirlos los mitómanos o los que tienen tendencia a apropiarse de lo ajeno.
La pregunta que nos hacemos es: ¿se les educa para que se corrijan o se les deja así?  Una de las funciones de la educación es corregir las conductas de acuerdo con lo que debe ser. Si alguno dice que la mentira es una virtud hay que corregirlo de inmediato. Y se puede corregir sin maltratar a nadie.
La condena de la verdad
La mentalidad relativista, que incluye los “derechos de los gays” pretende echar la Biblia a la papelera y condenar a la doctrina milenaria de la Iglesia sobre la moral sexual que viven miles y millones de cristianos que aman a Dios y a su prójimo viviendo los diez mandamientos de la ley divina
Muchos gays creen, (por las campañas mediáticas), que los que se oponen a la homosexualidad (vida de relaciones sexuales entre personas del mismo sexo) son homofobicos y les tienen odio a ellos. No conciben que sean personas con mucho amor a Dios y a la verdad que, con buena voluntad, quieren ayudar a todos para que sigan el camino correcto.
La Iglesia nos enseña el camino que  Jesucristo, quiso para todos y nos hace ver que la ley de Dios está a favor de todos los hombres. La verdad hace libre al hombre, en cambio la mentira, la artificialidad y la ignorancia lo esclavizan.
El padre José Carlos Areán nos alcanza un comentario que da muchas luces al tema que estamos tratando:
“Dos leonas no hacen pareja, dos gatos, tampoco. No pueden aparearse. Para ello tendrían que ser de distinto sexo y de la misma especie. Son cosas de la zoología, de la Madre Naturaleza. No es producto de la cultura hitita, fenicia, maya, cristiana o musulmana. Por supuesto no es un invento de la Iglesia. Muchos siglos antes de que Jesús naciera en Belén, el Derecho Romano reconocía el matrimonio como la unión de un hombre y una mujer. Después ellos se divertían con efebos, que para eso estaban, para el disfrute. La esposa era para tener hijos.
La palabra matrimonio procede de dos palabras romanas: "matris" y "munio". La primera significa "madre", la segunda "defensa". El matrimonio es la defensa, el amparo, la protección de la mujer que es madre, el mayor y más sublime oficio humano. Cada palabra tiene su significado propio. Una compra-venta gratuita no es una compra-venta, sino una donación. Y una enfiteusis por cinco años no es una enfiteusis, sino un arriendo vulgar. Llamar matrimonio a la unión de dos personas del mismo sexo me parece como poco serio. Jurídicamente, un disparate, de carcajada. Que le llamen "homomonio", "chulimonio", "seximonio", matrigay o lo que quieran, todo menos matrimonio, que ya está inventado hace tiempo. Nadie llama pastel de manzana a la que está hecho de peras, ni tampoco se le dice taza a la bacinica, ambas con blancas y con asa, pero en una desayunamos y en la otra defecamos.
Lo curioso es que cuando dices cosas como estas, algunos te miran como extrañados de que no reconozcas la libertad de las personas. Y por más que les dices que sí, que respeto la libertad de todos, que cada uno puede vivir con quien quiera, incluso con su perro, pero que eso no es un matrimonio, van y me llaman intolerante. Pero pongamos las cosas en su verdadera dimensión, los homosexuales son alrededor del 10% de la población, el 90% restante es heterosexual; entonces, reconocer a ese 10% y aceptar que son diferentes es tolerancia y democracia, pero ceder a sus caprichos ya no es democracia ni tolerancia, es estupidez.
No sé lo que harán los parlamentarios a la hora de votar. Son políticos, no juristas votarán por razones políticas, no según Derecho. Las consecuencias son graves. Si un varón tiene derecho a casarse con otro varón y una mujer a hacerlo con otra mujer, ¿le vas a negar el derecho a un hermano a casarse con su propia hermana? ¿O a un padre a hacerlo con su hija? ¿No tienen el mismo derecho? La sociedad se quiebra. Huele a podrido.
Agradecemos sus comentarios



jueves, mayo 15, 2014


Papas santos
LOS ÚLTIMOS PAPAS
Con motivo de la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II un Cardenal afirmaba que todos los Papas del Siglo XX y XXI, incluido el actual, son santos. Revisando la historia de la Iglesia no han sido muchos los Papas canonizados, incluso algunos no han estado a la altura de su investidura y han dejado para la historia un  recuerdo poco claro. Hace unos meses el Papa Francisco les decía a los obispos reunidos en Brasil que el cargo no daba la santidad y que todos tenían que luchar para ser santos: los fieles, los sacerdotes, los obispos y el mismo Papa.
San Josemaría recordaba que todos podemos ser santos  y que la santidad dependía de la correspondencia a la gracia divina y de los méritos de cada uno lograba luchando para cumplir con la voluntad de Dios. Así santo podría ser un barrendero o un ministro de Estado, una ama de casa o un heladero, cualquiera que haga bien su trabajo por amor a Dios y a los demás.

El influjo de los últimos Papas
Para los católicos de los últimos tiempos el Papado ha estado en el candelero, por la vida virtuosa de los Papas y por los avances de la tecnología en los medios de comunicación. Los últimos Papas han aparecido en las primeras planas de los diarios y en las pantallas de la televisión con una frecuencia casi diaria. Ver al Papa despierta reacciones favorables en las grandes mayorías. En los últimos años las plazas y las calles han estado abarrotadas con multitudes de fieles que querían ver y acercarse lo más posible al Santo Padre.
También habría que decir que ha sido la primera vez que los católicos pueden asistir a la canonización de dos Papas, Juan XXIII y Juan Pablo II, y a la beatificación de un tercero: Paulo VI, (octubre). Tres Papas a los altares en el mismo año, un verdadero record histórico en la Iglesia católica.

Calidad de vida de los Papas
A las grandes mayorías, salvo contadas excepciones, les consta la calidad de vida de los últimos Papas, cada uno con su personalidad y en circunstancias distintas. Se oye decir, en el sentir popular, de las bondades y virtudes de los últimos Pontífices.
Está claro, y así nos lo enseña la Iglesia, que el Espíritu Santo los protege, por eso se puede comprobar a lo largo de la historia, lo que Jesucristo le dijo a los apóstoles: “estaré con ustedes hasta el final de los tiempos”   Dios nunca abandona a su Iglesia.
Y así la barca de Pedro continúa su navegación, a pesar de las terribles tempestades que ha tenido que soportar en los mares del mundo. Nadie podrá destruirla porque Dios no lo permitiría, aunque los pecados de los hombres continúan golpeándola. La Iglesia ha sido y será signo de contradicción. El Santo Padre, que es el Vice Cristo en la tierra, tiene Potestad de gobernarla y llevarla a buen puerto, para que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad.
Dentro de la Iglesia han existido siempre las vidas ejemplares de los que se esfuerzan para ser santos y poder corresponder a la vocación que Dios les da. Son vidas que destacan por encima de los demás superando una serie de dificultades y contratiempos de un modo heroico. Los santos son admirables en sus virtudes y en la capacidad que tienen para darse a los demás. En los últimos Papas se dan esta cualidades extraordinarias.
Admiración y fe en el Papa
En estos tiempos, cuando se escucha al pueblo hablar sobre el Papa, se percibe la admiración y la fe en los modos de expresión de los fieles.
La admiración se queda en las formas: “¡Qué simpático es!, ¡Qué listo es!, ¡me convence su modo de ser, tiene llegada!”. Quienes se quedan en la admiración expresan sus preferencias: “¡Este Papa me gusta más que el otro!”
En cambio quienes responden de acuerdo a la fe ven al representante de Dios en la tierra y le tienen veneración.
Cada época tiene el Papa que debe ser. En el último cónclave se comprobó nuevamente que el Espíritu Santo intervino para la elección del Papa y en la oración de los fieles. Recordamos que la gente aplaudía al salir el humo blanco y antes de conocer quién sería el elegido. No importaba quién sea, ¡ya había sido elegido!, eso era lo importante, ¡tenemos Papa!, todos saltaban de alegría mientras sonaban las campanas. Así fue siempre en todas las elecciones de los Papas a lo largo de la historia.
La diversidad dentro de la unidad
Es interesante observar las diferentes personalidades de los Papas. Hay una maravillosa diversidad que fomenta la unidad. Se puede querer mucho queriendo la diversidad dentro de una sólida unidad. Una sola verdad, una sola doctrina y distintos modos de ser. Una de las notas de la Iglesia es la Unidad  de todos con Cristo, que es cabeza de la Iglesia. Cristo está vivo y presente en la Iglesia. Los Papas y toda la Jerarquía son los guardianes de la unidad.
El que piensa que el Papa va a cambiar la doctrina de la revelación, que la Iglesia enseña en su Magisterio, desconoce por completo la Verdad, que la Iglesia predica y defiende en todas las épocas y que no puede cambiar.
Ningún Papa puede cambiar lo que es esencial en la doctrina. En la misma historia podemos constatar la fuerte unidad de la Iglesia que es asistida por el Espíritu Santo: una sola fe, un solo bautismo, una misma Iglesia.
Cada Papa, con su modo de ser diverso, debe ser santo, para influir en la santificación de los demás fieles y contribuir así a la mejora de la sociedad.
Si resumimos con una palabra la personalidad de los últimos Papas, tendríamos el siguiente cuadro:
·      Pio XII ………………………….estratega
·      Juan XIII………………………...bondad
·      Paulo VI…………………………dolor
·      Juan Pablo I……………………..sonrisa
·      Juan Pablo II…………………….amistad
·      Benedicto XVI…………………..inteligencia
·      Francisco………………………   pastor
Solo nos queda agradecer a la Providencia haber tenido en nuestros tiempos unos Papas Santos de gran categoría humana y sobrenatural.
Agradecemos sus comentarios


jueves, mayo 08, 2014


En el día de la madre
TODOS TIENEN UNA MADRE
Tal vez nuestros papás son los primeros que nos amaron antes de nuestro nacimiento y cuando mamá dijo: “¡estoy embarazada!” se propagó la noticia entre los familiares y amigos. Una noticia siempre grata para todos por la llegada al mundo de un nuevo ser humano.
La emoción de nuestros padres ya había ido creciendo en el período de gestación, ¿será hombre o mujer? se preguntaban inquietos. Antes era difícil saberlo, ahora con la ecografía se sabe todo. Cuando recibían la noticia se desataba entre ellos una larga conversación: ¿qué nombre le pondremos?,  ¿habrá que comprarle su ropita? ¿qué podrá comer? Si era el primerizo se imaginaban mil cosas esperando con ansias el día del parto, cuando todavía no existía el negocio de la cesárea.
En el día del nacimiento, ¡gran expectativa!, y después las preguntas: ¿a qué hora nació?  ¿cuánto pesa? ¿a quién se parece? ¿ha llorado ya?. Todos querían ver al bebe recién nacido, especialmente los hermanos pequeños peleaban para verlo primero y poder acariciarlo.  En la casa se armaba un alboroto que luego terminaba en fiesta. ¡Ha llegado un niño más a la tierra!   Un niño esperado que es recibido con amor.

El triunfo de la madre
A la madre se le ve como reina que ha traído un ser humano al mundo, que es querido por todos, y lo ha traído con mucho sacrificio y sufrimiento. El nacimiento del hijo ha sido para ella y para toda la familia un gran triunfo. Después de la cruz tenía que venir la alegría, y así se cumplía lo que dice la Biblia: “parirás a tus hijos con dolor”  Ella está ahora feliz y llena de flores, todo el mundo la felicita y cuando mira a su hijo recién nacido se lo come a besos, porque lo quiere con toda su alma. Y al marido se le cae la baba porque ha recibido el mejor regalo de su vida. Feliz con su hijo y hace promesas de cuidarlo mucho.
A partir del nacimiento la madre se encargaría de cuidarlo durante muchos años. Ella está totalmente dispuesta y feliz de cumplir con esa tarea,  incluso le gustaría que fueran más años. Las mamás siempre se sienten mamás, aunque sus hijos sean mayores. No importa la edad, un hijo es un hijo y para la mamá será siempre su hijito querido. El papá está de acuerdo y apoya a su esposa en esa magnífica tarea. Con todos es así en los comienzos. Es lo natural en todo el mundo.

La Virgen María
Todos tenemos una madre en el Cielo que es el modelo de todas las mamás. Jesucristo, el Hijo de Dios, nos la entregó como madre nuestra antes de morir en la Cruz. Nuestra Madre del Cielo es Virgen y Madre.
Todas las personas necesitamos recibir de una mujer la maternidad y la pureza: el cuidado, la protección y el amor limpio, tierno y ordenado. Se dice que no hay un amor como el de la madre, que es incondicional. La madre siempre ama a su hijo, no le puede fallar. Los hijos debemos reconocer ese amor tan importante para crecer como buenas personas. ¡Cuantos recuerdos tenemos de nuestra madre buena!
La corrupción del amor materno
Es muy triste para una persona no tener una madre que lo cuide y lo proteja con el amor de un corazón limpio y ordenado.
Lo peor que le puede pasar a una mujer es que corrompa su corazón y ya no sea la madre del amor hermoso, la que cuida con su pureza a los hijos y por extensión a todos los demás. La Virgen María tiene ese papel y le pide a las mujeres que sean como ella.
Lamentablemente estamos en una época donde vemos que se está extendiendo la corrupción de la mujer que ya no quiere ser madre, para cuidar a sus hijos. Muchas  se están saliendo de sus casas como si la libertad estuviera fuera, en la calle o en alguna actividad más importante que el propio hogar. Están dejándose influenciar por una ideología de género que les está arrancando la belleza de la maternidad.
Las mujeres que se han alejado de un amor limpio y ordenado caen con facilidad en una degradación que las llena de ira y a la larga las esclaviza. Comienzan sacando la bandera de la libertad reclamando los derechos que creen haber perdido y que no tienen nada que ver con la maternidad o la pureza. Penosamente abandonan la esencia de ser mujer entregándose a un libertinaje que las corrompe.
Siempre se ha llamado prostitución a la actividad que ejercen mujeres de mala vida; hoy esas mismas actividades quieren obtener carta de ciudadanía para extenderse a todos los niveles de la sociedad como si fueran opciones libres del amor humano. Este cáncer social, que denigra a la mujer, está matando a la familia y corrompiendo a los hijos desde la infancia. Lo peor que le puede pasar a una sociedad es que la mujer se corrompa. La mujer debe ser el paradigma del amor limpio y ordenado.
Reflexión en el día de la madre
Que el día de la madre sea una toma de conciencia para recuperar la pureza y la belleza de la maternidad y poder decir lo que San Juan Pablo II pedía con fuerza: “¡Familia sé tú!  Buscaba que las familias encontraran nuevamente sus raíces cristianas para volver a ser la célula básica de la sociedad.
Para todas las personas y especialmente para las madres es muy bueno desearles que tengan una familia bien constituida, donde todos se quieran mucho, como la familia de Jesús María y José.
Este buen deseo no tiene punto de comparación con ningún otro que se refiera a la familia. Todos los seres humanos quisieran tener una magnífica familia. No hay que  dejarse engañar por los “arreglos” de quieres le quieren enmendar la plana a la familia cristiana con los errores y las mentiras que hoy pesan en los que se han alejado de Dios con una rebeldía que los empobrece a ellos y a sus familias. 
Solo puede ser familia la que se forma por el amor limpio y ordenado entre el hombre y la mujer que se unen para ser fieles hasta la muerte a través del matrimonio. La tradición milenaria de la familia nos ha traído los mejores recuerdos que puede tener el ser humano para formarse como persona y poder caminar hacia un futuro esperanzador lleno de valores. No hay mejor herencia que dejar, a los que vienen después, una familia ejemplar.
Que podamos decir siempre: “Todos tienen una madre, pero ninguno como la mía”
¡Feliz día mamás! y que tengan el santo orgullo de ser madres.

Agradecemos sus comentarios

miércoles, abril 30, 2014


Santos y santones
ESTRELLAS FUGACES  (la deshumanización del ser humano)
Mientras la Iglesia canoniza a dos Papas Santos con la expectativa y el seguimiento de millones de personas en todo el mundo, un minoritario sector de la población liderado por un caudillismo liberal va “canonizando” a los santones fallecidos con grandes titulares y fotos a todo meter en las grandes cadenas del poder mediático, de influjo temporal y relativo en nuestras sociedades.

El seguimiento de los santos que canoniza la Iglesia
Quienes siguen con devoción las canonizaciones de los santos en Roma son personas que admiran los estilos de vida que ellos recomendaban. También puede notarse en esos seguidores un sentido común acorde con un afán noble de servicio desinteresado y generoso a los demás y un amor incondicional a la Iglesia y al Papa. Además se trata de millones de personas que llenan las plazas y parques para ver y aplaudir al Papa, sea quien sea, y gran parte de esa población son jóvenes. En las últimas jornadas mundiales de la juventud los periodistas calificaban a esas reuniones multitudinarias y entusiastas como fenómenos sociales colectivos. Son destellos de esperanza para poder construir la nueva civilización del amor.

El influjo mediático y paralelo de los santones
En otros sectores de la sociedad se camina en un clima inestable de amarguras y de angustias con la esperanza puesta en los logros humanos conseguidos con pequeñas escaramuzas de algún emprendedor de turno, que no quiere caminar con Dios y busca denodadamente que el pueblo lo “canonice” como el caudillo que los liberará del caos y la inestabilidad generado por los corruptos. A estos personajes, que serían los sofistas del siglo XXI, se les podría llamar: santones.
Los santones son personas “canonizadas” por los hombres interesados en poner a una persona sobre un pedestal por haber destacado en algo y haber influido en su contorno sin que sea necesaria una hoja de vida que responda a una conducta que esté en armonía con las virtudes cristianas. Son referentes sociales que responden a intereses políticos o a diversas corrientes ideológicas, casi siempre lejanas a los estilos de vida que la religión propone a través la Iglesia.
Quienes aplauden y “canonizan” a los santones son personas motivadas por propagandas mediáticas elaboradas por los propagadores de un espíritu liberal que reclama para todos el consenso social de la libertad absoluta. Empiezan enfrentándose a los sectores que ellos llaman conservadores porque “son los que impiden el progreso y la integración de los pueblos, al tener una mentalidad cavernaria que es además discriminadora y homofóbica, lejana a la inclusión de todas las personas en la vida social”. Así se expresan habitualmente.
Los que “canonizan” a los santones suelen utilizar frases lapidarias que las sueltan sin ningún escrúpulo calificando peyorativamente a quienes no piensan como ellos. No les importa comprobar la veracidad de sus afirmaciones ni manchar el prestigio o el honor de las personas. Son difamadores que piensan que sus intervenciones, están llenas de lucidez y son un buen aporte para el progreso de la sociedad.
Resentimientos sociales en busca de “reivindicaciones”
Quienes aplauden estas intervenciones suelen ser personas heridas por algo que les ocurrió en la vida y no supieron resolverlo.  Llevan en su interioridad un resentimiento perenne que crece cuando se rompe la costra y la herida queda al descubierto. Es entonces cuando sale la amargura y la crítica mordaz hiriente contra los que consideran enemigos de sus principios y por lo tanto de la sociedad.  Los santones y sus seguidores bailan con la misma orquesta. Entre ellos se motivan para que las protestas continúen y puedan sacar provecho de las revueltas que provocan. Son como los volcanes que cuando empiezan a echar humo anuncian destrucción.
Quienes “canonizan” a los santones enarbolan, mientras pronuncian sus discursos, la bandera de la libertad.  No les importa la verdad y habitualmente crean situaciones, con ayuda de los medios de comunicación, para que la opinión pública incline la balanza hacia planteamientos liberales que ponen en tela de juicio las enseñanzas doctrinales de la Iglesia en materia de moral y costumbres. Hacen alarde de estar en un país libre que debe funcionar al margen de la religión.
Muchos de estos liberales modernos, quieren entrar en escena buscando alguna candidatura para tener un pedestal, en alguna curul. Muchos de ellos son adalides heridos que practican una democracia cachivachera de frases gastadas, repetidas hasta el hartazgo, con un sonsonete ridículo y solo apto para un nuevo guión de los chistosos, que son los que sacan más partido de sus ocurrencias. Lo vemos a diario en nuestro país y nadie los para.

El desgobierno de las estrellas fugaces
Está claro que nuestras sociedades están desgobernadas(nadie lo niega), por la oclocracia, que es el gobierno de los peores. No hay más que mirar y escuchar a la mayoría de políticos. Es un verdadero circo con payasos que no hacen reír sino llorar. Lo lamentable es que la historia continúa con ellos, sin que nadie ponga el pie en el freno para cortar con el hipócrita sistema que los mantiene.
Hoy nos encontramos con personajes bisoños en moral que aunque destacan en alguna actividad, tienen una trayectoria original y adquieren el prurito de alejarse de la Iglesia tomando una postura agnóstica, que está de moda; así cumplen con los requisitos para ser auténticos santones. A sus seguidores no les importa si es ateo o creyente a su manera, si está casado o divorciado, si se emborracha o si se droga, o es ludópata… nada de eso les importa porque dicen que es “libre” y puede hacer lo que quiera.
A estos personajes variopintos les molesta que existan reglas o mandamientos que le impidan hacer lo que les da la gana. Viven con una actitud de rebeldía contra los que no piensan como ellos, se sienten atacados por los que respetan unas normas de conducta.


El espíritu de las masas  (la verdadera democracia es consecuencia del amor a la verdad)
Sin embargo cuando en la sociedad se habla de aprobación, podemos ver por contraste a las grandes mayorías que llenan las plazas en las canonizaciones de los santos, o cuando el Papa convoca a las multitudes para transmitir un mensaje, o cuando se realizan las marchas para defender la vida. El poder mediático y los principales líderes liberales que se autocalifican de demócratas, se esconden en estas ocasiones y se callan en siete idiomas. No quieren resaltar el éxito de esas actividades, las omiten o las minimizan. Igual le pasa a los seguidores de los santones, solo resaltan los artículos y escritos que van con sus planteamientos, los otros los ignoran aunque hablen de no discriminar a nadie. El sol no se puede cubrir con un dedo.

La corta fama de los santones
Cuando un santón fallece se escriben artículos y se exhiben fotografías de todos los tamaños, tratando de resaltar su vida y sus milagros. Los allegados más próximos lloran su partida; sin embargo la hoja de vida no hay que enseñarla demasiado, porque los vicios y los desarreglos podrían quedar al descubierto.
En cambio los santos que canonizan los Papas pasaron antes por una criba espectacular. Estudiaron y analizaron sus vidas al milímetro. Solo contaban las virtudes vividas de un modo heroico y la herencia de auténtico amor que dejaron a sus seguidores. También la fe en Dios y la correspondencia de amor que es obediencia al plan divino.

Hay una diferencia abismal: entre el santo y el santón
No es lo mismo recordar a un santo que a un santón. Las motivaciones de fondo son distintas. El santo dura siglos el santón desaparece como estrella fugaz. El santo dura en los corazones de miles o millones de fieles que persisten en su devoción. El santón deja solo un recuerdo sentimental que se acaba pronto y que algunas veces la historia lo voltea y así al que murió como santón  lo recordarán como bribón.
Que duro es vivir amargado y sujeto a un consenso efímero sustentado con ideologías que parecen manotazos de ahogado y que son enseñadas por los “notables” de turno y son aplaudidas por contratados que pagan para hacer bulto y aparentar que son personas comprometidas.
Desgraciadamente abundan  intelectuales mal vestidos y mal olientes que deambulan por las calles y en los foros, con sus barbas descuidadas, jurándose genios. Jalan a los amigos de las prebendas medrando donde pueden, para ser protagonistas, hundiendo a quien sea con tal de salir ellos. Es el triste cuadro humano de los que se olvidaron que el hombre, para ser hombre, tiene que ser persona.
Agradecemos sus comentarios

jueves, abril 24, 2014

El recuerdo de un hombre que nos quería mucho: San Juan Pablo II
EL MAL NUNCA ES CAMINO HACIA EL BIEN
Nuestros abuelos nos repetían para que estudiáramos más: “del pecado de ignorancia el demonio saca ganancia”. Este dicho tradicional tiene hoy más vigencia que nunca cuando constatamos estado de las personas y de los acontecimientos perniciosos que aumentan en el mundo.
No es necesario apelar a las advertencias de la Iglesia en su prédica milenaria para ser conscientes de lo que le pasa al hombre de nuestro tiempo y reconocer que la brújula que lleva ya no marca el norte a dónde debe llegar. Pareciera que el calentamiento global, al que se refieren los científicos, afecta principalmente a la cabeza del ser humano. Cuando el hombre pierde la cabeza es peor que los animales, porque la inteligencia se convierte en la servidora de sus bajezas.
La inteligencia sirve fundamentalmente para el conocimiento de la verdad, que da la capacidad (o idoneidad) para hacer el bien. Es una capacidad que debe desarrollar todo ser humano con la educación que recibe. Se educa esencialmente para que el hombre haga el bien y evite el mal, se llama: la formación de la conciencia. Esta educación, esencial para la felicidad y libertad del hombre, empieza en la casa y continúa en el colegio. Cuando se omite, o es deficiente, el hombre corre es riesgo de caer en alguna miseria moral, que lo puede esclavizar muchos años o toda la vida, sufriendo él las consecuencias de ese mal y haciendo sufrir a los demás.
En la visita que hizo al Perú el Papa Juan Pablo II, que será canonizado este domingo, estampó una frase que ha quedado grabada en la mente de todos los peruanos: “El mal nunca es camino hacia el bien”  Al decirla se separó de los papeles, elevó en tono de voz y subrayó cada sílaba con energía, mientras un mechón de su cabello caía sobre su amplia frente. En ese instante animaba a todos los que habían escogido un camino equivocado a enmendar el rumbo.
Hoy abundan los que han tomado un camino equivocado, unos no se dan cuenta y otros sí, unos persisten en el error con un voluntarismo feroz, otros estarían dispuestos a cambiar si se dieran cuenta de las cosas.

El peor de los males
La ignorancia es el peor de los males, quienes la padecen se encuentran sumergidos en unas esclavitudes que producen parálisis (no se avanza nada) y enfrentamientos (peleas tontas); como la de aquellos países atrasados que no han podido desarrollar y otros enfrentados por una violencia cruel e inhumana. Suele darse, en estos casos, una suerte de complicidad, o consenso tácito, entre naciones orquestadas por intereses políticos y económicos, en trata de personas o “negocios” turbios, para obtener prebendas. Son los enarbolan la bandera del servicio y de la honestidad, llenándose los bolsillos sin escrúpulos, con las facilidades de una sociedad permisiva que vive, por ignorancia, en el libertinaje de la informalidad.
Siguiendo con más dichos populares; está muy claro que “en el país de los ciegos el tuerto es rey”. La ceguera es la ignorancia. Pareciera que hace unos días la luna se puso roja de la vergüenza que le dio al mirar la tierra y comprobar que el índice de ignorantes a crecido considerablemente. Ya no se ve la realidad, porque la miseria moral y la espiritual la tapan. La primera por todos aquellos que se encuentran sumergidos con alguna dependencia (o compulsividad) que los disminuye como persona y la segunda por todos aquellos que rechazan la verdad y no se dejan ayudar para que puedan entrar en el camino del bien.

La visita de un santo
En la década de los 80, cuando nos visitó Juan Pablo II, muchos peruanos estaban atrapados en organizaciones terroristas y eran deformados por sus líderes para que el odio crezca y puedan estar listos para matar, sin ningún escrúpulo, soñando con algún paraíso prometido. Como en todo movimiento subversivo: unos eran más fanáticos que otros. Daba penar comprobar que también formaban parte de esos grupos muchos inocentes que habían sido levados y que no tenían más remedio que alinearse, por las amenazas que recibían de sus captores. Ellos funcionaban con terror sin que comulgaran con esas ideologías totalitarias. Todos hemos sido concientes del daño inmenso que se hizo al país por la presencia de esos focos infecciosos que proceden de la ignorancia y del resentimiento.
Hoy, muchos sectores de la sociedad, con una desfachatez que clama al cielo, aplauden y premian a quienes lideraron o favorecieron estas corrientes de odio y violencia. El lobo se vuelve a presentar con vestidura de oveja y la ignorancia vuelve a permitir que la historia se repita y continúe el atraso, la inmoralidad y la violencia, como males endémicos difíciles de superar.
“El mal nunca es camino hacia el bien”  frase histórica pronunciada con fuerza por un hombre que nos quiso mucho diciéndonos la verdad, para que enrumbemos el camino. Solo nos queda confrontar nuestra conducta con la verdad de lo que debemos ser. Siempre el hombre está reclamándole al hombre y aunque todos sacan la bandera de la libertad, luego cuando llegan los resultados vienen las críticas, nadie está contento de las decisiones que toman los seres humanos, ¿será acaso que el hombre siempre se equivoca? y entonces ¿por qué se afirman con “tanta seguridad” los criterios personales?  ¿no será que el yo es el peor enemigo del hombre? 
Juan Pablo II, que será canonizado, con la aprobación, casi unánime de millones de personas, nos enseñó con su vida coherente y llena de amor un camino a seguir para lograr, con el tiempo, a establecer en la tierra la nueva civilización del amor.
Agradecemos sus comentarios


El recuerdo de un hombre que nos quería mucho: San Juan Pablo II
EL MAL NUNCA ES CAMINO HACIA EL BIEN
Nuestros abuelos nos repetían para que estudiáramos más: “del pecado de ignorancia el demonio saca ganancia”. Este dicho tradicional tiene hoy más vigencia que nunca cuando constatamos estado de las personas y de los acontecimientos perniciosos que aumentan en el mundo.
No es necesario apelar a las advertencias de la Iglesia en su prédica milenaria para ser conscientes de lo que le pasa al hombre de nuestro tiempo y reconocer que la brújula que lleva ya no marca el norte a dónde debe llegar. Pareciera que el calentamiento global, al que se refieren los científicos, afecta principalmente a la cabeza del ser humano. Cuando el hombre pierde la cabeza es peor que los animales, porque la inteligencia se convierte en la servidora de sus bajezas.
La inteligencia sirve fundamentalmente para el conocimiento de la verdad, que da la capacidad (o idoneidad) para hacer el bien. Es una capacidad que debe desarrollar todo ser humano con la educación que recibe. Se educa esencialmente para que el hombre haga el bien y evite el mal, se llama: la formación de la conciencia. Esta educación, esencial para la felicidad y libertad del hombre, empieza en la casa y continúa en el colegio. Cuando se omite, o es deficiente, el hombre corre es riesgo de caer en alguna miseria moral, que lo puede esclavizar muchos años o toda la vida, sufriendo él las consecuencias de ese mal y haciendo sufrir a los demás.
En la visita que hizo al Perú el Papa Juan Pablo II, que será canonizado este domingo, estampó una frase que ha quedado grabada en la mente de todos los peruanos: “El mal nunca es camino hacia el bien”  Al decirla se separó de los papeles, elevó en tono de voz y subrayó cada sílaba con energía, mientras un mechón de su cabello caía sobre su amplia frente. En ese instante animaba a todos los que habían escogido un camino equivocado a enmendar el rumbo.
Hoy abundan los que han tomado un camino equivocado, unos no se dan cuenta y otros sí, unos persisten en el error con un voluntarismo feroz, otros estarían dispuestos a cambiar si se dieran cuenta de las cosas.

El peor de los males
La ignorancia es el peor de los males, quienes la padecen se encuentran sumergidos en unas esclavitudes que producen parálisis (no se avanza nada) y enfrentamientos (peleas tontas); como la de aquellos países atrasados que no han podido desarrollar y otros enfrentados por una violencia cruel e inhumana. Suele darse, en estos casos, una suerte de complicidad, o consenso tácito, entre naciones orquestadas por intereses políticos y económicos, en trata de personas o “negocios” turbios, para obtener prebendas. Son los enarbolan la bandera del servicio y de la honestidad, llenándose los bolsillos sin escrúpulos, con las facilidades de una sociedad permisiva que vive, por ignorancia, en el libertinaje de la informalidad.
Siguiendo con más dichos populares; está muy claro que “en el país de los ciegos el tuerto es rey”. La ceguera es la ignorancia. Pareciera que hace unos días la luna se puso roja de la vergüenza que le dio al mirar la tierra y comprobar que el índice de ignorantes a crecido considerablemente. Ya no se ve la realidad, porque la miseria moral y la espiritual la tapan. La primera por todos aquellos que se encuentran sumergidos con alguna dependencia (o compulsividad) que los disminuye como persona y la segunda por todos aquellos que rechazan la verdad y no se dejan ayudar para que puedan entrar en el camino del bien.

La visita de un santo
En la década de los 80, cuando nos visitó Juan Pablo II, muchos peruanos estaban atrapados en organizaciones terroristas y eran deformados por sus líderes para que el odio crezca y puedan estar listos para matar, sin ningún escrúpulo, soñando con algún paraíso prometido. Como en todo movimiento subversivo: unos eran más fanáticos que otros. Daba penar comprobar que también formaban parte de esos grupos muchos inocentes que habían sido levados y que no tenían más remedio que alinearse, por las amenazas que recibían de sus captores. Ellos funcionaban con terror sin que comulgaran con esas ideologías totalitarias. Todos hemos sido concientes del daño inmenso que se hizo al país por la presencia de esos focos infecciosos que proceden de la ignorancia y del resentimiento.
Hoy, muchos sectores de la sociedad, con una desfachatez que clama al cielo, aplauden y premian a quienes lideraron o favorecieron estas corrientes de odio y violencia. El lobo se vuelve a presentar con vestidura de oveja y la ignorancia vuelve a permitir que la historia se repita y continúe el atraso, la inmoralidad y la violencia, como males endémicos difíciles de superar.
“El mal nunca es camino hacia el bien”  frase histórica pronunciada con fuerza por un hombre que nos quiso mucho diciéndonos la verdad, para que enrumbemos el camino. Solo nos queda confrontar nuestra conducta con la verdad de lo que debemos ser. Siempre el hombre está reclamándole al hombre y aunque todos sacan la bandera de la libertad, luego cuando llegan los resultados vienen las críticas, nadie está contento de las decisiones que toman los seres humanos, ¿será acaso que el hombre siempre se equivoca? y entonces ¿por qué se afirman con “tanta seguridad” los criterios personales?  ¿no será que el yo es el peor enemigo del hombre? 
Juan Pablo II, que será canonizado, con la aprobación, casi unánime de millones de personas, nos enseñó con su vida coherente y llena de amor un camino a seguir para lograr, con el tiempo, a establecer en la tierra la nueva civilización del amor.
Agradecemos sus comentarios

jueves, abril 17, 2014

Viernes Santo

EL DOLOR SERENO
“¿Cómo se puede estar sereno si duele?” diría quien está sufriendo.  A primera vista parece imposible que la serenidad y el dolor se pudieran dar a la vez. Sin embargo la vida nos muestra personas valiosas que han llevado sus dolores con discreción y no los han manifestado para no hacer sufrir a los demás.
Existen también en el mundo innumerables personas que no aguantan: se quejan, gritan, chillan, patalean, lloran estrepitosamente, y algunos terminan desmayándose porque no pueden más.  Muchos asocian el dolor con la desesperación y cuando alguna persona tiene estos síntomas se dice de ella: ¡pobrecita! ¡cuánto está sufriendo! ¡cuánto dolor tiene! y se apela a la compasión o al consuelo como un deber del que está cerca a esa persona desesperada.
En cambio la persona que, a pesar de sus dolores, se muestra serena, puede dar la impresión de que no sufre y de que está tranquila. Quienes la observan pensarán que no necesita ni asistencia ni consuelos y la dejan sola. Otros, la mirarán con envidia pensando que no tiene problemas. No se percatan que el dolor que lleva dentro está controlado por la existencia de una relación de amor, seria y profunda, con la persona que más ama,  y por lo tanto lo que trasciende hacia afuera es el triunfo de su lucha que se nota en la esperanza de vivir con el consolador que siempre da paz. No tiene la comodidad de ser sustituido, tiene la seguridad del que lo ayuda a luchar con amor para vencer, aunque persista el dolor. Si el amor es grande ya no hay dolor, todo se convierte en amor. El amor lo puede todo.  Ese es el dolor sereno del que sabe amar.
El que por un gran amor no se queja del dolor no es tonto ni masoquista, tampoco el vanidoso que busca que vean su heroísmo para que lo cataloguen alto; su amor persuade y cautiva, aunque también puede causar envidia.

Dios escoge el camino del dolor para redimir a los hombres
Los que no entienden que el dolor sereno es la piedra de toque del amor, tampoco comprenderán que Dios lo haya escogido como medio para redimir a los hombres. A San Josemaría le gustaba una poesía que canta así: mi vida es toda de amor y si en amor estoy ducho, es por causa del dolor, porque no hay amante mejor que aquel que ha sufrido mucho”
El amante más grande es Jesucristo, le siguen la Virgen María y todos los que se parecen a ellos llevando la Cruz del dolor con amor.

La serenidad en la Pasión
En las escenas de la Pasión de Cristo, que son cruentas y dolorosas, la única desesperación que vemos es la de Judas, que termina suicidándose. En cambio en el Calvario, el cuadro dramático de dolor está lleno de serenidad.
Jesucristo, a pesar de la situación en la que se encuentra, no se desespera. No se ve en Él la amargura de la ira o el afán de venganza por lo que le han hecho; al contrario perdona a sus agresores y se entrega a Dios Padre con una generosidad conmovedora y además nos entrega a su Madre para que la cuidemos y nos cuide. Sufrió lo indecible pero permaneció sereno. Nunca dejó de tener comunicación con su Padre, hasta expirar, y así fue y es modelo para todos.
Al pie de la Cruz la Virgen María es otro ejemplo de serenidad, tampoco se desespera al ver sufrir a su Hijo que tanto amaba, aunque tenía un enorme dolor en su corazón. Su amor y su fe eran tan grandes que estaba convencida que Dios nunca la abandonaría y aunque las circunstancias eran aterradoras, ella no perdía la calma. Además, en la misma cruz, acepta ser la madre de los asesinos de su hijo, ¿qué madre aceptaría una cosa así? ¿no es acaso una manifestación inmensa de amor que lleva consigo el perdón?
En las relaciones humanas de los hombres suele estar presente el dolor y a través de él se conquista el amor. El ser humano crece y se perfecciona con el dolor que es permitido por Dios. Muchas veces el hombre se queja y le pide a Dios que le quite el dolor, “¡es que duele” gritaría el que sufre y a nadie le gusta eso.
Algunos santos, por amor, le han dicho al Señor cuando ven sufrir a otro: “Señor: ¡quítale el dolor a esa persona y dámelo a mi! Cuantas madres prefieren sufrir ellas antes que sus hijos.
San Josemaría Escrivá decía que la cruz de Cristo no la podemos llevar con resignación sino con garbo y alegría, deportivamente, decía que resignación era palabra poco generosa. La vida de la Iglesia está llena de mártires que han sabido dar su vida por amor a Dios aceptando situaciones de dolor y perdonando a sus agresores. Han sabido poner la otra mejilla después de haber recibido una agresión en la primera.
Al que vive lejos de Dios le parece absurda la senda de la expiación que lleva consigo la aceptación y el ofrecimiento del dolor. Basta con pensar que Dios escogió esa vía para hacer la redención para tener la certeza que así se consiguen los tesoros más grandes que el hombre pueda conquistar en la tierra.
Agradecemos sus comentarios

jueves, abril 10, 2014


Sin Caridad no hay nada
LEALES SIN AMOR
Cuando se pierde el amor es que ha invadido la pereza que puede tener múltiples manifestaciones y afectar de diversas maneras. La tibieza es tan grande y tan compleja que al enquistarse en la interioridad de la persona la paraliza para el amor o la inquieta para una febril actividad  (activismo) que ha extraviado su sentido original.
El amor es lo que realmente debe darle sentido a todo los que se hace, cuando falta, todo empieza a desordenarse y a desmoronarse. El hombre no puede vivir solo con sus experiencias siendo leal a las costumbres que aprendió. En todo momento debe renovar su amor para que las cosas tengan sentido. El amor se conquista y se estrena cada día.
El amor no es algo que se escapa y se pierde sin que la persona sea culpable. Son las malas decisiones y los descuidos las causas principales de la pérdida del amor. Cuando alguien dice: “se me fue el amor….ya no amo como antes” está expresando las consecuencias de sus errores y descuidos. En otras palabras: está poniendo en evidencia que es un pecador. La solución lógica la tiene a la mano: acudir a Dios para pedir perdón y recomenzar. Este tendría que ser el camino normal para todos salvo poquísimas excepciones.

Las apariencias engañan
Sin embargo resulta más penosa la persona que dice amar a Dios, que todo está muy bien y que no tiene nada que cambiar y en realidad ha perdido el amor y se ha quedado con los esqueletos: sistemas, costumbres, procedimientos, experiencias, formulismos y funciona con esos mecanismos creyendo llevar la razón. No se da cuenta que ya no ama. Su vida ya no tiene vida y va encontrando barreras en las relaciones humanas, que él mismo las fue poniendo con sus criterios, sin darse cuenta.
Cuando se pierde el amor las lealtades pueden convertirse en manías: un empeño voluntarista en querer en conservar algo porque ¡siempre lo hizo así y no debe cambiar!, o no querer entrar en un nuevo sistema por una suerte de lealtad al antiguo. Sucede a menudo con personas de la tercera edad. Ninguna persona debe dejar de cultivar el amor. A través de él logra su mejor adaptación y armonía para las relaciones humanas. Cuando se renueva el amor nunca se pierde, siempre se gana y se hace ganar a todos.
El que sigue cultivando su amor tienen seguidores. El que deja de cultivarlo se va quedando solo con sus ideas y sus sistemas o rodeado de cosas sobrevaloradas por él  que los demás mirarán con desdén.
No se debe olvidar que lo que se hace sin amor pierde su sentido. Los primeros síntomas son las dificultades para comunicarse bien. Surge una alteración, acompañada, a veces, de nerviosismo, se eleva el volumen, se subrayan los criterios, se repiten los consejos, aparece el temor de no ser escuchados: “¡No me hacen caso!”

Las inquietudes de una mala comunicación
Quien se encuentra atrapado con esas limitaciones puede no darse cuenta que su modo de comunicar suena estridente y duro. El interlocutor se pone a distancia, no le parece lo que le dicen o las maneras que emplea. También ocurre que cuando hay un bajo nivel de amor en el que comunica, sus argumentos suenan a refrito, algo caduco u obsoleto, que solo provocan un bostezo o una sonrisa de compasión. No tiene la mordiente del acierto.
Cuando hay una desconexión con la realidad actual el sentido común parece avejentado (lógica de personas viejas). Son argumentos que ya no calzan. Además, es evidente que cuando se pierde el amor lo que se conserva se asemeja a un desván donde hay cosas superfluas y descuidadas. Lo natural se desvirtúa, no convence, aunque estén elaborados los argumentos que en otras circunstancias tuvieron vigencia y validez.
Lo peor es que quien padece de esta enfermedad  no se da cuenta de sus limitaciones y se cierra defendiendo a capa y espada sus criterios, que le parecen los razonables, porque forman parte de su experiencia y piensa que todos los deberían  acatar y valorar. Para él lo que dicen los demás suele equivocado, aunque existan opiniones y evidencias contrarias.
Esta cerrazón, que es causada fundamentalmente por la tibieza, produce una ceguera de tal magnitud que la persona  no puede conocer la realidad (por falta de amor), luego la soberbia (que ha crecido porque no se ha combatido la tibieza), trae terquedad y amargura. Si la persona, que está atrapada en estas limitaciones, no encuentra ayuda para cambiar, se vuelve insoportable.

La crueldad del estricto cumplidor
El viento que hiela el alma endurece el corazón y enrarece el carácter de los seres humanos haciéndolos agresivos e hirientes con el prójimo. Quienes se encuentran en estas situaciones confunden la lealtad  con una bandera que debería estar en el mástil para que todo el mundo la vea.  No se dan cuenta que lo que importa es la conducta de las personas, que todo el mundo ve. Solo el amor enciende la luz en las mentes y los corazones dándole sentido a todo los que se hace, y que debe hacerse para la gloria de Dios. El cumplidor sin amor termina siendo cruel.
San Josemaría Escrivá advertía en todo momento del peligro de una “caridad oficial” de procedimientos y formulismos donde se ha perdido el cariño verdadero y actual por las personas. También señalaba el error de los que cumplían sin amor y jugando con la palabra cumplimiento decía: cumplo y miento. El que cumple sin amor no está cumpliendo, está mintiendo. En su vida hay una hipocresía que ha hecho metástasis y lo peor es que el interesado puede no percibirlo por falta de advertencia.
Cuando en los ambientes están personas “cumplidoras” (algunas con doble vida) que han perdido el amor, se puede formar fácilmente una suerte de consenso o complicidad con manifestaciones irónicas o silencios conscientes, queriendo demostrar a todos que “la vida es así y hay que tirar para adelante”. Esa sería la lealtad para el cumplidor que perdió el amor.
Es necesario romper los “castillos” humanos de quienes persisten en seguir viviendo en unas lealtades a sistemas que lo paralizan todo. Con qué fuerza está hablando el Papa Francisco y señala algunos ambientes de la Iglesia donde existen personas que tiene la responsabilidad de conducir a la gente y han perdido el amor. Se han enquistado en un lugar sin moverse y no están dispuestos a cambiar.
Unámonos a la oración del Papa para pedir a Dios que no deje que el mundo peque contra el Espíritu Santo. Es un pecado horripilante del hombre que quiere expulsar a Dios de su vida, de su familia y de la sociedad. Del hombre pecador que le dice a Dios: “¡Fuera, tú no tienes sitio aquí!!!!  Es una aberración provocada por el diablo, que no quiere perder la guerra para que triunfe el mal.
Agradecemos sus comentarios