viernes, noviembre 20, 2009

El origen de una traición

Los Judas del S. XXI

TRAICIÓN A DIOS Y A LA PATRIA



La grandeza de la lealtad a los valores más grandes

Quienes estudiamos en La Recoleta recordamos con añoranza el lema de nuestro colegio Dios, Patria y Familia, que estaba escrito en el escudo y en el himno del colegio. En algunas oportunidades los religiosos, glosando las estrofas del himno, nos hacían considerar los grandes valores que se encerraban en ese lema y nos instaban a defenderlos con verdadera lealtad.

Era fácil aprender a ser leales a valores tan entrañables que queríamos y respetábamos noblemente como algo natural donde no cabía ningún tipo de cuestionamiento. En esas circunstancias, a nadie se le podía pasar por la cabeza algún pensamiento de rechazo hacia esos valores que formaban parte de nuestro ser y queríamos con toda el alma.

Vivíamos con alegría, entusiasmo y devoción las fiestas religiosas. El espíritu patriótico de los principales aniversarios, en memoria de nuestros héroes, creaba en nosotros sentimientos de unidad y grandeza, muy ajenos a resentimientos revanchistas de venganza y odio.

Era fácil querer al Perú y sentir admiración y simpatía por los demás países. El amor a la familia era incondicional y fuerte. En la mayoría de las casas de nuestros amigos se respiraba un ambiente de hogar donde todos se querían y se respetaban. Había un mejor funcionamiento de la familia en la línea de la lealtad y de la fidelidad.

Era indudablemente una educación bien llevada que ha mantenido en la gran mayoría de nosotros su vigencia como acertada y de buena calidad. Cuando se educa con amor y se persevera en el amor, queda el amor. La comunicación que el hombre necesita recibir para ser persona es la que lo hace leal a los valores más altos. Quién asimila bien esos valores luego estará dispuesto a dar la vida por ellos.

Si nos asomamos a la historia descubriremos que en todas las épocas existieron personas leales y fieles que dieron sus vidas y se inmolaron por Dios, por la Patria y por la Familia. La sociedad entera los reconoce y los valora. La Iglesia canoniza a sus santos, los estados rinden homenaje a sus héroes y los hijos coronan la vida sacrificada y amorosa de sus padres y la tienen como valiosa y ejemplar. La lealtad y la fidelidad suelen ser premiadas por la mayoría, de inmediato o al cabo de los años.


El ataque irracional a los valores más altos (el fondo de las traiciones)

Parece increíble que un ser humano pueda atacar a los valores nobles y entrañables que forman parte de su ser y de su historia. El hombre que se aleja de los valores se convierte en el destructor de esos valores y de sí mismo. El ataque a los valores de la vida es el ataque a la Vida (a todo lo noble, sano y bello que tiene la existencia), para defender bagatelas efímeras, en contiendas desleales que son verdaderas traiciones. Luego los resultados son el caos y las crisis, una terrible y triste cultura de la muerte.

La única explicación que puede aclarar cual es el origen de estos ataques es la que acepta, sin ambages, la existencia del pecado como un mal arraigado en la naturaleza humana que se debe combatir.

Como es posible que Judas, un hombre con vocación elegido por el mismo Dios, traicione a su maestro que había puesto tanto cariño y dedicación en él. La bagatela efímera era el “mugriento” dinero, empleado para la “matanza” de Dios (contra el valor más grande). Judas queda como el traidor más grande de la historia. Muchos otros han seguido sus pasos y les espera un final triste y trágico.

Los traidores de la Patria son desleales e infieles por el pecado de ambición. Están buscando un beneficio personal que es el “botín” que los haría “felices”. Han roto su conciencia por la tentación y no les importa romper los compromisos y ser infieles y desleales.


Una sociedad donde abundan los traidores
(la sociedad relativista)

La sociedad relativista que pone lejos a la verdad (no le interesa demasiado) y se acerca a los sentimientos sujetivos de las ambiciones individuales, desea que cada uno pueda conquistar lo que pretende con la libertad absoluta y sin dar cuenta a nadie. La conquista de esta autonomía e individualidad los hace como reyes con imperio propio, (la tiranía del relativismo) donde todo vale, también la traición, para salir adelante.

El relativismo es también el culpable de la multiplicación de los traidores que se han extendido por el mundo entero. Los defensores de esta corriente quieren minimizarlo todo, como si no pasara nada. A los que rompen con la religión no los llaman apóstatas o herejes, sino personas que han optado por un camino diferente, a los que rompen su matrimonio, por amistad con otra persona, no los llaman infieles o traidores, sino personas que libremente han optado por una opción distinta en su vida sentimental.

Cuando alguien traiciona a la Patria, por revelar un secreto militar, saltan pronto las condenas y al mismo tiempo se oye decir que es normal el espionaje, que todos los países lo hacen, que lo importante es cuidarse para que no los cojan. Los grandes héroes de las películas son ingeniosos espías que utilizan traidores que se venden por dinero. ¿es moral esta práctica?, ¿es justificable?


Otras formas de traición

Acaso no traicionan a la Patria los terroristas, los narcotraficantes, los que roban el dinero del Estado, los que no pagan impuestos, los corruptos, los inmorales que corrompen la vida sana de las personas prostituyéndolas.

El mundo está lleno de traidores, de gente que da las espaldas a pesar de haber recibido grandes beneficios. Hay tránsfugas a todos los niveles y la mayoría por un móvil económico o por una satisfacción pasional. Así es la sandez y la miseria humana que los educadores debemos corregir.


Nueva llamada a la educación

Cada caso que sale se convierte en una nueva llamada o toque de alarma para poner a la educación en un lugar más relevante. Urge formar a las nuevas generaciones con la verdad y curar los resentimientos producidos por las limitaciones humanas. Quitar las envidias, los resentimientos y los sentimientos de venganza. Ahogar el mal con abundancia de bien.

Para evitar las traiciones hay que curar los corazones y poner bien clara la Jerarquía de valores que siempre se debe respetar Dios, Patria y Familia. Si somos leales con Dios lo seremos también con la Patria y con la Familia.

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