jueves, febrero 20, 2014


En el ocaso de la vida
INSTANTES DE PLENA SALUD
Cuando nace un niño todo el mundo está pendiente de sus primeros movimientos: si abrió los ojos, si hace muecas, si sonríe, si llora. A los ojos de sus familiares todo parece admirable.
Cuando una persona está moribunda y yace en la cama ocurre algo parecido por parte de sus familiares: si abre los ojos, si escucha, si hace algún gesto, si se comunica. Cualquier movimiento puede ser interpretado como genial en esas circunstancias y los familiares se alegran porque todavía está dando síntomas de vida o de comunicación.
Dios está presente al principio y al fin, cuando se nace y cuando se muere. Con la fe y la vida interior de trato habitual con Dios se puede apreciar la intervención divina en esos instantes. En el ocaso de la vida suele aparecer como una pequeña primavera, como si el enfermo sanara dejando atrás sus males. Esta situación causa asombro, admiración y alegría entre los suyos. Algunos piensan, ingenuamente, que ya se curó, otros dicen que se está despidiendo, otros lo toman como algo normal y rutinario, solo constatan que así pasa con todos, son los misterios de la naturaleza humana.
Los instantes de plena salud en medio de una grave enfermedad pueden ocurrir también con personas que se han curado; ellos cuentan emocionados esos momentos de lucidez que a los ojos humanos podrían parecer los propios de una elevada imaginación.  Cuando hay una mayor experiencia, y no se trata solo de los familiares o de alguna persona allegada que cuenta esos sucesos, se descubre que son espacios que otorga la Providencia para que sean inteligentemente aprovechados. Evidentemente son pruebas de la infinita misericordia de Dios que quiere que todos los hombres se salven, es como una oportunidad más, y la última, en el umbral de la muerte. Habría que preguntarse ¿cuántos habrán logrado su salvación en esos instantes?

Tiempo para curar el alma
No esta mal que una persona piense en esos espacios de buena salud  que podría tener cuando se encuentre en el umbral de la muerte. Puede tratarse de segundos, minutos, horas o días. Un tiempo precioso para arreglarlo todo. Los sacerdotes hemos tenido, gracias a Dios, la oportunidad de ver a muchas personas aprovechar el tiempo en esos instantes de salud.
Los que están mejor preparados aprovechan esos momentos para confesarse, o recibir la comunión, o tener una conversación más seria y profunda con el sacerdote y también con algún familiar o amigo. Son instantes de salud otorgados por la Providencia para sacar un beneficio provechoso en bien de las almas: la del moribundo y la de sus seres queridos.

Las falsas ilusiones de un mundo sin Dios
El mundo habla de aprovechar el tiempo y las oportunidades como si nuestra vida fuera infinita. Nadie quiere pensar que en poco tiempo se va a morir y cuando lo piensan se deprimen, como si nada tuviera sentido.
La realidad nos hace ver que lo que le da sentido a la vida es lo que viene después. El tiempo se debe aprovechar de acuerdo a la realidad, y si no se aprovechó bien, habrá que recurrir a ese precioso espacio en el umbral de la muerte para decirle a Dios: “Yo también quiero entrar en ese lugar de felicidad. Ahora me encuentro aquí atrapado con una enfermedad terminal. En unos instantes voy a morir. ¿qué tengo que hacer ahora para salvar mi alma?
Solo se puede ser consecuente con la verdad. Ser consecuente con la mentira no deja de ser una gran estupidez. Tenerlo todo a mano para salvarse y no aprovechar esos momentos es la desinteligencia más grande que el hombre pueda tener. Ser terco y caprichoso con un voluntarismo orgulloso que va contra la vida, es lo más terrible que pueda pasar con la malicia del pecado que corrompe al hombre.
La inteligencia se corrompe cuando la voluntad no le deja ver la verdad. Quizá estas palabras pueden parecer duras y sonar a radicales. Están expresadas con el mayor amor por las personas y sobre todo a las que están alejadas de Dios.
No es fácil que una persona alejada de Dios entienda el sentimiento de amor que un creyente tiene para las personas que se encuentran heridas por el pecado. Además algunos se encuentran hirientes contra los creyentes y emperrechinados en no querer saber nada con la religión.
El que tiene fe ama, está sereno y tranquilo, puede esperar el tiempo que haga falta.  Sabe bien que el alejamiento de Dios puede llevar a los hombres a los hombres a tener odio contra Dios y contra todo lo que provenga de Él. Los sucesos históricos en todas las épocas son elocuentes.
Los que pasan cerca al moribundo que se encuentra en el umbral de la muerte, pueden darse cuenta y ver a un derrotado, que no puede más y se va a morir, o a un triunfador que dará un salto, por su fe y su amor, a una vida de felicidad que es muy superior.
Cerca del moribundo pueden estar los familiares, los amigos entrañables pero también los médicos, las enfermeras, los técnicos de salud y el personal de servicio del hospital. Todo un mundo que se concentra en unos ambientes y que puede ser bastante variado. Los instantes de salud de esa primavera en el ocaso de la vida, puede ser motivo para que muchas conciencias descubran la realidad y se postren ante ella. Otros no se darán cuenta. Como dice el Señor en los Evangelios: “el que pueda entender, que entienda”
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