En el ocaso de
la vida
INSTANTES
DE PLENA SALUD
Cuando
nace un niño todo el mundo está pendiente de sus primeros movimientos: si abrió los ojos, si hace muecas, si sonríe,
si llora. A los ojos de sus familiares todo parece admirable.
Cuando
una persona está moribunda y yace en la cama ocurre algo parecido por parte de
sus familiares: si abre los ojos, si
escucha, si hace algún gesto, si se comunica. Cualquier movimiento puede
ser interpretado como genial en esas
circunstancias y los familiares se alegran porque todavía está dando síntomas
de vida o de comunicación.
Dios
está presente al principio y al fin, cuando se nace y cuando se muere. Con la
fe y la vida interior de trato habitual con Dios se puede apreciar la
intervención divina en esos instantes. En el ocaso de la vida suele aparecer
como una pequeña primavera, como si
el enfermo sanara dejando atrás sus males. Esta situación causa asombro,
admiración y alegría entre los suyos. Algunos piensan, ingenuamente, que ya se curó,
otros dicen que se está despidiendo, otros lo toman como algo normal y
rutinario, solo constatan que así pasa
con todos, son los misterios de la naturaleza humana.
Los
instantes de plena salud en medio de una grave enfermedad pueden ocurrir también
con personas que se han curado; ellos cuentan emocionados esos momentos de
lucidez que a los ojos humanos podrían parecer los propios de una elevada
imaginación. Cuando hay una mayor
experiencia, y no se trata solo de los
familiares o de alguna persona allegada que cuenta esos sucesos, se
descubre que son espacios que otorga la Providencia para que sean
inteligentemente aprovechados. Evidentemente son pruebas de la infinita
misericordia de Dios que quiere que todos los hombres se salven, es como una
oportunidad más, y la última, en el umbral de la muerte. Habría que preguntarse
¿cuántos habrán logrado su salvación en esos instantes?
Tiempo para curar el alma
No
esta mal que una persona piense en esos espacios
de buena salud que podría
tener cuando se encuentre en el umbral de la muerte. Puede tratarse de segundos, minutos, horas o días. Un
tiempo precioso para arreglarlo todo. Los sacerdotes hemos tenido, gracias a Dios, la oportunidad de ver a
muchas personas aprovechar el tiempo en esos instantes de salud.
Los
que están mejor preparados aprovechan esos momentos para confesarse, o recibir
la comunión, o tener una conversación más seria y profunda con el sacerdote y
también con algún familiar o amigo. Son instantes de salud otorgados por la
Providencia para sacar un beneficio provechoso en bien de las almas: la del moribundo y la de sus seres queridos.
Las falsas ilusiones de un
mundo sin Dios
El
mundo habla de aprovechar el tiempo y las oportunidades como si nuestra vida
fuera infinita. Nadie quiere pensar que en poco tiempo se va a morir y cuando
lo piensan se deprimen, como si nada tuviera sentido.
La
realidad nos hace ver que lo que le da sentido a la vida es lo que viene
después. El tiempo se debe aprovechar de acuerdo a la realidad, y si no se
aprovechó bien, habrá que recurrir a ese precioso espacio en el umbral de la
muerte para decirle a Dios: “Yo también
quiero entrar en ese lugar de felicidad. Ahora me encuentro aquí atrapado con
una enfermedad terminal. En unos instantes voy a morir. ¿qué tengo que hacer
ahora para salvar mi alma?
Solo
se puede ser consecuente con la verdad. Ser consecuente con la mentira no deja
de ser una gran estupidez. Tenerlo todo a mano para salvarse y no aprovechar
esos momentos es la desinteligencia
más grande que el hombre pueda tener. Ser terco y caprichoso con un voluntarismo orgulloso que va contra la
vida, es lo más terrible que pueda pasar con la malicia del pecado que corrompe
al hombre.
La
inteligencia se corrompe cuando la voluntad no le deja ver la verdad. Quizá
estas palabras pueden parecer duras y sonar a radicales. Están expresadas con
el mayor amor por las personas y sobre todo a las que están alejadas de Dios.
No
es fácil que una persona alejada de Dios entienda el sentimiento de amor que un
creyente tiene para las personas que se encuentran heridas por el pecado.
Además algunos se encuentran hirientes contra
los creyentes y emperrechinados en no
querer saber nada con la religión.
El
que tiene fe ama, está sereno y tranquilo, puede esperar el tiempo que haga
falta. Sabe bien que el alejamiento
de Dios puede llevar a los hombres a los hombres a tener odio contra Dios y
contra todo lo que provenga de Él. Los sucesos históricos en todas las épocas
son elocuentes.
Los
que pasan cerca al moribundo que se encuentra en el umbral de la muerte, pueden
darse cuenta y ver a un derrotado, que
no puede más y se va a morir, o a un triunfador que dará un salto, por su fe y
su amor, a una vida de felicidad que es muy superior.
Cerca
del moribundo pueden estar los familiares, los amigos entrañables pero también
los médicos, las enfermeras, los técnicos de salud y el personal de servicio
del hospital. Todo un mundo que se concentra en unos ambientes y que puede ser
bastante variado. Los instantes de salud de esa primavera en el ocaso de la
vida, puede ser motivo para que muchas conciencias descubran la realidad y se
postren ante ella. Otros no se darán cuenta. Como dice el Señor en los
Evangelios: “el que pueda entender, que entienda”
Agradecemos sus
comentarios.
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