viernes, setiembre 12, 2014


Las piruetas intelectuales
CONTORSIONISTAS DE LA MENTE
En el mundo de la intelectualidad no todo lo que brilla es oro, existen sofisticados montajes para atraer al público deseoso de aprender novedades o de profundizar en algo que les atrae más y darles de los que les gusta, contratando especialistas en la materia.
Para estos menesteres se están multiplicando, los artistas de la intelectualidad, que van circulando en distintos foros, llevando el disco de sus teorías a un público capturado por la promoción de los eventos organizados con algún fin educativo.
Como la educación es un buen negocio no faltan organizadores que consiguen dorarle la píldora al intelectual de turno y convocar a un público ávido y deseoso de agregar en su curriculum la asistencia al cursillo de un “famoso” o alguien que suene un poco por los carteles que trae.
Salvo extraordinarias y magníficas excepciones, los gurús de turno, que son la mayoría, se la saben todas para encandilar a un público cautivo con sus publicaciones e intervenciones. El andamiaje que han fabricado los pone en unos niveles de elite aceptado por el consenso de grupos organizados que los mantiene y protege para que sigan en su afán de conseguir más adeptos para sus  “brillantes” teorías. Circulan en las universidades, institutos, academias, también en organizaciones mediáticas.
Van vendiendo sus conferencias en un circuito de intelectualidad reconocido por quienes mantienen esos negocios para beneficio propio. Forman una especie de división superior donde se promocionan y premian unos a otros para encandilar al público que quieren capturar. Hacen lobby para poner en carrera a jóvenes que quieran entrar en esos círculos promocionados por ellos.
A casi el 90% de estos habilidosos personajes se les puede aplicar el refrán: “en casa del herrero cuchillo de palo” Son brillantes para decir lo que se debe hacer, pero ellos no pueden aplicar con éxito en sus propias vidas lo que aconsejan. Sus teorías publicadas y sus exposiciones orales caen bien al público que los lee y los oye, pero cuando se les ve en el diario trajinar, no convencen tanto .
Lo más llamativo es una suerte de desentono personal. Algunos viven despistados y no encajan en los ambientes sociales donde están. Otros son descuidados: poco aseo, mala salud, exceso de peso, algún vicio arraigado: alcohol, tabaco… Son grandes maestros, pero puede ser que tengan la familia abandonada, que hayan perdido el prestigio en su propia casa,  que sus amigos no le crean y que sean blanco fácil para el bulling…

No todos son así.  Existen genios que tiene una conducta sencilla y ejemplar
No es de extrañar, y es algo que suele ocurrir en todo el mundo, que los grandes genios de la intelectualidad son también los grandes incomprendidos de la sociedad.
Esta afirmación no niega la existencia de genios coherentes y de vida ejemplar que también encuentran muchas contradicciones por tener un nivel conducta superior, de más calidad, muy por encima del término medio. Son personas correctas de mucha valía. En ellos hay que reconocer su talento profesional y sus virtudes humanas. Su ejemplaridad vale como modelo para los demás. Un ejemplo claro son los santos.
Ellos no son contorsionistas de la intelectualidad, son personas de una inteligencia extraordinaria que persuaden por su sencillez. Quieren hacer bien las cosas y los siguen los que buscan vivir de un modo coherente y sincero.

Brillantes en su especialidad pero incoherentes es su vida personal
En este artículo no nos referimos a los que son ejemplares y coherentes en sus vidas y en sus trabajos, sino a cientos, y tal vez  a miles, que destacan por alguna habilidad, pero que descuidan, y muchas veces abandonan, su lucha personal por ser mejores.
Los personajes a los que nos estamos refiriendo son verdaderos comerciantes de la intelectualidad,  que se acomodan con lo que saben hacer y les parece que eso basta, porque tienen como seguidores a un sector que siempre los llama.
Se han acostumbrado a vivir de su original genialidad sin mayores pretensiones de exigencia personal, y si las tuvieron, se han olvidado, ya no les importa mucho esforzarse para mejorar. Les basta con ser cotizados en el mercado por quienes ven la posibilidad de explotar su habilidad y ellos siguen para adelante.
La gran masa de  seguidores lo seguirá viendo como geniales y útiles para los eventos exitosos que organizan; mientras que otros, muy pocos, descubrirán, detrás del show, los desentonos y desaciertos de esas personas en sus propias vidas.  

La importancia de la humildad
Cuando una persona, que es dotada por un talento especial, no es humilde y sencilla, pierde el camino correcto y empieza a construir un edificio apoyado en su propia capacidad (mal cimiento) que termina siendo como la Torre de Babel.
Su amor propio lo ciega de tal manera que termina autoendiosándose.  Si tiene fe piensa que Dios lo ha iluminado (iluminista) para entender mejor las cosas y guiar a los demás.
Los más dotados intelectualmente tendrían que haber conquistado, antes que los demás, la virtud de la humildad para poder desarrollar con éxito su tarea intelectual. La soberbia de un superdotado lo desarticula por completo, lo convierte en un marciano y no un ser humano.
La ceguera del genio trepado en el burro
Es muy probable que el contorsionista intelectual no sea consciente de las distancias que va creando poco a poco con su conducta poco coherente. Cree que manejar criterios con sentido común es equivalente a estar en la verdad. No se da cuenta de la gran artificialidad que ha creado con la falta de coherencia en su propia vida. Piensa que las críticas que recibe son desacuerdos intelectuales o enfoques distintos. No capta la desaprobación de los más cercanos y no es consciente del error de vida en el que está inmerso.
Con su genialidad está fabricando su soledad. Es como el artista famoso que canta para un publico que le sigue porque le gustan sus canciones pero no le siguen a él como persona. Seguirá actuando sumergido en una angustiosa soledad y pretenderá, con la falsa certeza de su voluntarismo, llamar amor a la popularidad que ha ganado con los seguidores.
El contorsionista intelectual puede ser tan genial como especial y original.  Podría tener encandilado a un público cercano y divertirlo con piruetas que ejercitan el entendimiento con una suerte de fúting ascético, y gozar así,  como los niños subidos en un carrusel que siguen dando vueltas y vueltas y no quieren bajarse, hasta la saciedad.
Si las personas solo utilizan a las personas para un divertimento intelectual la finalidad es pasarla bien ganando plata, o llenar el tiempo cómodamente con los que disfrutan de las habilidades humanas.
Pienso que los genios podrían aprovechar su talento para algo más valioso y trascendente, algo que ayude a todos a ser mejores: la conquista de la felicidad con la verdad que nos hace libres.
Agradecemos sus comentarios

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