Deformación de la conciencia
LA MALICIA
DEL QUE NO PAGA SU DEUDA
Es penoso encontrarse en la vida con el que se hace el loco y busca que pase el tiempo
para que su deuda prescriba y el prestamista se olvide de insistir para
cobrarle.
Lamentablemente hay muchos endeudados caraduras que guardan un silencio
sepulcral, no le dan al prestamista ninguna información sobre los pagos
pendientes, no dicen nada y cuando se les recuerda prometen sínicamente que lo van a pagar todo,
pero los días siguen pasando sin que exista ninguna novedad.
Es cierto que algunos prestamistas son usureros abusivos que cobran grandes
intereses y extorsionan al endeudado para que pague cuanto antes. Algunos
acuden a la policía y consiguen un embargo o la cárcel, si la deuda no es pagada.
Pero también existen personas generosas que al
ver una carestía se ofrecen para ayudar poniendo plena confianza en el
necesitado. El aprecio por la persona que ayuda es de tal magnitud que se le
presta sin firmar papeles, ni ponerle plazos. Tiene el convencimiento de que el
endeudado, cuando salga de su apuro,
le va a devolver todo, o al menos lo va a tener informado de lo que está
haciendo para pagar su deuda.
Estos casos suelen darse cuando se trata de
préstamos familiares o de amigos muy allegados. Sin embargo algunas veces la
sorpresa es dolorosa, cuando el que fue ayudado, con tanto cariño y solicitud, desaparece del mapa sin decir ni
pagar nada.
La
conducta correcta del endeudado
La conducta correcta de la persona ayudada es
mantener contacto con su prestamista e irle informando qué es lo que está
haciendo para cumplir con el pago de su deuda, diciéndole siempre la verdad,
sin engañarle.
En cambio es indignante cuando el prestamista
descubre que el endeudado es un fresco que
actúa como un “necesitado” (“¡no tengo
plata!”) y observa que va gastando dinero en otras cosas, sin poner ni un
céntimo para el pago de su deuda. Si procede así, por muy pariente o amigo que sea, se estaría convirtiendo en un sinvergüenza, que actúa sintiéndose
víctima y creyendo que tiene derecho a defenderse de su prestamista,
manteniéndolo a distancia para que no insista.
El prestamista, que actuó con buena voluntad para ayudarlo, se sentiría muy
maltratado por esa actitud canallesca
que lo inhibe, le tapa la boca y no le da opción a recuperar el dinero que
prestó con tanta generosidad.
La
conducta del prestamista
No nos ocuparemos en este artículo del que hace
negocio con los préstamos y cobra intereses para ganar dinero, vamos a
referirnos más bien a la persona generosa que ayuda a salir a otro de un apuro
con un préstamo de dinero que debe ser devuelto en un tiempo prudencial, porque
además, el dinero que consiguió, con
bastante esfuerzo y sacrificio, debe ser repuesto. Nos estamos refiriendo
entonces a un prestamista que quiere mucho al que ayuda y no duda de brindarle
su todo apoyo.
Aunque un triste refrán de la sabiduría popular
diga: “donde hay confianza hay asco”;
pienso que esa afirmación no es acertada, porque la confianza siempre se debe
dar, aunque el prestamista sea engañado. Una persona buena que confía y siembra
confianza, ganará con el tiempo muchas amistades; aunque alguno se aproveche de
su generosidad y lo abandone sin pagar lo que le debe.
Es cierto que algunas veces confiar puede traer
sinsabores y amarguras y uno diga: “¡que
tonto fui!” y haga el propósito de ¡no
prestar a nadie!; sin embargo la misma vida enseña que confiar trae más
alegrías que sinsabores. Al final, el que queda amargado no es el que confía
sino el que se aprovecha de la confianza. Además, todo se sabrá en el juicio
final.
Por otro lado hay que tener en cuenta que la
vida nos enseña a tener más experiencia para conocer mejor a las personas. Así
aprendemos que las apariencias engañan porque hay personas que “se venden” muy bien y luego al
desaparecer con el botín, se sabe lo que
realmente son. El buen prestamista
pudo ser un poco ingenuo al no darse cuenta que, no todo lo que brilla es oro. Para la siguiente vez ya estará vacunado.
La
grandeza de un corazón noble
El Señor nos pide a todos tener un corazón noble
y generoso para animarnos a regalar o prestar al que tiene necesidad, incluso
corriendo el riesgo de perder ese dinero. Vale más la conducta noble de ayuda
generosa que la cantidad que se presta. Cuando el dinero se prestó para un fin
bueno, el que lo puso recibe muchas retribuciones de Dios, aunque no se haya
logrado el fin que se propuso.
En cambio el que recibe el préstamo tiene dos
obligaciones: luchar para que el fin se cumpla y devolver el dinero que le
prestaron. Si lo logra, la gracia de Dios será también abundante para él y lo
notará en su propia vida. Si no cumple, algún día lo tendrá que pagar, después
de haber recorrido un camino que el mismo minó con las ignominias que causó al haber
medrado.
La formación
de la conciencia
La conciencia bien formada es la honrada, la de la persona que no se queda con
nada y cuando hay una deuda tiene la inquietud responsable que lo motiva a
buscar la forma de pagarla cuanto antes. No se debe permitir la frescura, ni los aprovechamientos
indebidos, o privilegios impropios de un desaprensivo que no gana nada de esa
forma sino que más bien termina perdiendo lo que más vale en la vida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario