Ceguera juvenil
LAS
FIESTAS DE LA INDEFINICIÓN
La inteligencia es la facultad que orienta al
hombre para que decida con acierto y pueda cumplir con su finalidad en la vida.
La inteligencia se forma y se alimenta con la verdad. El hombre que vive de
acuerdo con la verdad acierta en la vida porque encuentra la libertad en el
bien que le da sentido a todo.
La verdad es la que desarrolla la inteligencia,
le da amplitud, alcance y una buena dosis de seguridad. Le hace ver al hombre
sus limitaciones y debilidades, también sus capacidades; le hace ver cómo tiene
que hacer para salir adelante. Una persona inteligente es la que sabe ubicarse
en las distintas situaciones de la vida, para intervenir o no, para resolver
directamente las cosas o buscar asesoramiento en otras personas.
El ser humano necesita ser educado para que su
inteligencia reciba la verdad y pueda crecer acertadamente de acuerdo con lo
que es bueno. Toda formación apunta a la verdad y al bien, sin embargo no todos
responden de la misma manera: unos no
escuchan, otros no quieren: se rebelan, dan la contra y actúan sin
inteligencia. Vemos también que el ser humano puede emplear la inteligencia
para hacer daño y por lo tanto para lo que le perjudica.
La
desinteligencia juvenil en las diversiones
De los párrafos anteriores se desprende algo
insólito: miles de jóvenes se divierten sin usar correctamente su inteligencia.
No entienden de razones y prefieren entregarse a una ciega diversión
promocionada por negociantes que
piensan antes en sus ganancias que en las personas. Hoy se les proporciona a
los jóvenes diversiones que realmente los perjudican.
Muchos chicos han entrado en la barata “filosofía” de una doble vida que buscan
legitimar. Fuerzan para que sea compatible el buen rendimiento académico de un
buen estudiante, con una vida de diversión desordenada
en horarios nocturnos, donde están presentes los vicios degradantes del alcohol y las drogas.
La consigna parece ser: “Estudia y trabaja mucho, pero los fines de semana tienes “derecho” a bailar y a chupar hasta el día siguiente” Con esta mentalidad se genera en cada chico
una neurosis que produce daños
considerables en la salud física y psíquica, pero para ellos, que todavía son
imberbes, “es lo más normal”: “todo el mundo lo hace” dicen,
rechazando razones, como si éstas no encajaran en sus estilos de vida, donde
hay, para ese modo de divertirse,
exceso de voluntarismo y poca inteligencia.
Las
discusiones con los padres
Las conversaciones hogareñas de los jóvenes con
sus padres suelen ser angustiosas para
los papás, que se sienten heridos por un hijo liberal que es además irreverente para defender con razonadas pueriles sus “derechos”, que
los manifiestan de un modo quejoso y
hasta malcriado, rechazando los
consejos que intentan hacerlo consciente de los peligros de un ambiente insano
y degradante.
Las
razonadas de la sinrazón
Les puede tanto el jolgorio de unos amigos divertidos
con chistes y carcajadas destempladas, donde cada uno busca el protagonismo
vanidoso de querer sobresalir sobre los demás, o al menos ser aceptado en el
grupo chacotero y burlón de los que
se dicen amigos, que la sensatez de unos tíos,
que pueden tener la razón, pero por ahora no hay tiempo para hacerles caso.
La unidad juvenil por una amistad de diversión
suele ser contundente en esas edades, después cada uno se irá por su lado.
No se suelen cultivar verdaderas
amistades, solo tuvieron complicidades, aunque podrían haber excepciones que
confirmen la regla.
En estas circunstancias parece que solo tendría
sentido el hecho de estar con los “amigos” en una diversión que no para. Sería
el sentido de lo sin sentido y la ceguera de las consecuencias. Es una
desinteligencia generalizada que perjudica a la mayoría. Entre ellos mismos se
están perjudicando en vez de ayudarse. De nada sirve sacar 20 en los cursos si
se saca 05 en el orden que una vida normal debería tener. Luego el emblemático
profesional de excelentes resultados académicos podría destrozar su hogar y encontrarse
solo, ¿empleó bien su inteligencia?
El último párrafo podría parecer exagerado y
algo apocalíptico, pero creo que hoy la gente se pasa más por el lado del
permisivismo y del consenso por temor a
contristar, que por el lado de un tremendismo exagerado. No es que haya que rajarse las vestiduras y hacer escándalo, pero uno no se puede chupar el dedo pensando que son cosas de
los tiempos.
Es verdad que hay mucha gente buena, que al
darse cuenta reaccionan y optan por seguir un camino correcto, sin embargo dan
pena los que quedan magullados por la insanía de las fiestas juveniles de la
insignificancia, que los marca de por
vida y no los deja crecer de un modo coherente y bueno.
Agradecemos
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