viernes, mayo 21, 2010

Mequetrefes del sistema

LA INDOLENCIA DEL BURÓCRATA


La palabra mequetrefe (hombre sin juicio) suena a peyorativa pero no existe otra más apropiada para calificar a cientos y miles de personajes que trabajan para el sistema con un conocimiento brillante de los procedimientos y de la técnica para realizar bien el trabajo que les han encargado, pero sin la lucidez para ver o darse cuenta de la calidad humana y efectiva de sus acciones, para transmitir el bien a los demás y solucionar realmente los problemas.

Dentro de ese grupo de personajes se encuentran los tradicionales burócratas, que trabajan si alma con una rutina de mediocridad indignante. Muchos de ellos no se sienten responsables más que de marcar tarjeta o decir que hacen las cosas para cumplir con lo establecido. Suelen carecer de iniciativa y de generosidad cuando hay que excederse para ayudar. Si uno se topa con ellos no salen de su miopía repitiendo los cánones de los procedimientos sin llegar a captar las distintas variedades y aristas que pueden tener los problemas y las soluciones de los mismos.

Estos mequetrefes del sistema existen en todos los niveles sociales. Los que son jefes piensan más en la imagen del sistema que en el bien de las personas. Se excusan diciendo, (no están convencidos ellos mismos), que el bien llegará a través de los procedimientos establecidos y no a través de las personas buenas que lo transmiten.

Los que no son jefes hacen lo de siempre, la rutina de sus procedimientos y formalismos, sin que les importe la calidad ética y moral de sus acciones.

Para botón de muestra basta fijarse en las personas responsables de algunas calles que se están reparando en Lima. El panorama es indignante y desolador cuando vemos la congestión que producen las calles rotas, durante meses, con escasos trabajadores que van a ritmo de tortuga, o también cuando observamos que no hay nadie trabajando en ellas, porque no alcanzó el presupuesto. Quién no se ha visto sorprendido por una tranca en una calle clausurada o por una zanja peligrosa que hay que cruzar con cuidado para no accidentarse. En otros países esos trabajos se hacen por las noches y al día siguiente ya está todo reparado.

Otra consecuencia palpable de la burocracia y de los mequetrefes de turno es el tráfico; la insensatez de no dar solución a los embotellamientos y permitir que pasen años con situaciones diarias de miles que están esperando horas para llegar a sus casas o a sus trabajos cada día. Es indignante también ver camiones cisternas del municipio regando parques a las horas punta en las grandes avenidas. Si estos problemas no los resuelven es porque hay una burocracia espectacular y miles de mequetrefes dentro de ella.

Los mequetrefes del sistema son los que siguen trabajando para que el sistema, que es malo o deficiente, siga funcionando y no hacen nada para que cambie. Si seguimos fijándonos en las calles o en los trabajos públicos encontraremos muchas cosas mal hechas que llevan años sin arreglarse y muchas que ya están infectadas con las mafias de la coima y la corrupción.


El meloso lenguaje del burócrata

El lenguaje que usan los mequetrefes parece edificante y moralista, citan leyes, hablan de logros conseguidos (indigna su hipocresía). Usan unos modos académicos para dar explicaciones. Y el hombre de a pie que los escucha se acostumbra a oír teorías, términos técnicos y esquemas rígidos inamovibles, se da cuenta que no puede hacer nada porque el sistema es así, entonces cae fácilmente en la indolencia y se vuelve pasivo y desganado. Nuestra sociedad suele vivir decepcionada de las autoridades y con un permisivismo depresivo que es una situación de crisis social de abandono, desinterés y fuga.


Los otros ámbitos de los burócratas

Los mequetrefes cuando están en su casa o en el ámbito de los amigos tienen otro lenguaje. Ya no son los académicos que explican los procedimientos, ahora son los ambiciosos que conversan buscando el provecho personal (buscan sacar tajada) burlándose o engañando a los demás (viveza), que es un menosprecio y maltrato al prójimo, (no les importa). No hay más que recordar el lenguaje de los audios incautados.

¿Cómo se puede hablar de justicia o de seguridad ciudadana si no se eliminan por completo los lugares donde se venden cosas robadas? Todo el mundo los conoce, se sabe que son ladrones y los mequetrefes del sistema siguen trabajando en sus procedimientos y hacen la vista gorda.

Cuantos hay que trabajan en otras cosas y no cogen el toro por las astas. No quieren ver la realidad y fabrican un mundo artificial como compensación. Lo malo es que quieren demostrarle a los demás que están en el camino correcto. Clama al Cielo cuando son muchos los ayayeros de la burocracia, personajes que se enrolan en un sistema y se enquistan, no quieren perder el puesto o el protagonismo. Sacan sus pergaminos inmaculados para vivir una lealtad falsa como servidores útiles a unos procedimientos teóricos y desatinados, distantes de la realidad, con enfoques superficiales que están fuera de lugar y que maltratan a las personas.

Los corruptos encuentran en los burócratas y mequetrefes los instrumentos ideales para el éxito de sus actividades ilícitas. Cuando se avecinan las elecciones se empieza a ver toda la bisutería que sacan a relucir para los grandes proyectos de transformación del país, que suelen quedarse en el papel para el museo de las utopías. Las ideas y el papel pueden funcionar, el papel lo aguanta todo, pero las personas no.

Los buenos no intervienen para no meterse en laberintos. Intervienen los que quieren figurar y medrar y el ciudadano de a pie se ve en la disyuntiva de votar por el menos malo para que no salga el peor. Dentro de este cuadro aparecen como hormigas los mequetrefes especialistas que están dispuestos a prender todas las velas de la torta y aplaudir a quien sea, con tal de tener una buena tajada.

No es nuestro propósito hacer, con este artículo, consideraciones políticas. Se trata más bien de un reclamo moral para que la ciudadanía exija, en todos los estamentos de la sociedad, personas con calidad de vida y con una honorable conciencia ética.

Agradecemos sus comentarios

1 comentario:

Gabriel dijo...

hay mequetrefes por montones en los organismos públicos, y más en los partidos políticos. Creo que haciendo un buen marketing con mensajes como el de este blog, dirigidos hacia estas personas; podrían tomar conciencia y mejorar un poquito al menos.