miércoles, octubre 14, 2015

Orfandad global
AUSENCIA DE PATERNIDAD

La presencia del padre en el hogar es fundamental para la educación de los hijos. El padre no debe delegar esa función a otra persona. A él le toca junto a su mujer educar con amor a sus hijos. Es la tarea principal que tiene el padre y es más importante que los negocios.

Toda persona debe tener un padre que lo quiera, lo oriente y lo conduzca por buen camino en la vida, es esencial para el buen desarrollo de la personalidad. El padre no es más que un instrumento de Dios que participa de la paternidad divina. Recibe ese don de Dios para que con el amor a su esposa eduque a sus hijos. El papá necesita del amor de la esposa y de la ayuda de Dios para poder ejercer la paternidad. Es una paternidad que tiene como cimiento seguro la fidelidad matrimonial. El camino al Cielo de la mujer casada es a través del amor al marido y el camino del marido es con su esposa. De este caminar de los dos y del amor a Dios proceden la paternidad y la maternidad, que pone a los hijos en condiciones de ser ciudadanos del cielo.


La presencia del padre

El padre no debe faltar en la vida de la casa. Su presencia debe ser activa, constante, efectiva y afectiva. El hogar debe estar impregnado del amor del padre. Es el amor de fortaleza que da seguridad y de una inteligencia orientadora que tiene grandes dosis de comprensión. El abrazo y el beso del padre que comprende es la mejor motivación para recomenzar.

Los hijos bien formados recomienzan continuamente. Cuando hay ausencia de paternidad surgen en el hogar, sobre todo en los hijos, acostumbramientos negativos: vagancia, tardanzas, desorden, abandono, encierros, silencios, incomunicación, torpezas, insolencias, huidas, impurezas, engaños, etc.

La paternidad no es solo fortaleza y seguridad, es también un referente moral para la honradez y el espíritu de sacrificio. Los hijos deben ver que el padre saca  adelante el hogar con el esfuerzo y el sacrificio que pone en un trabajo limpio y honesto. La rectitud del padre en su ambiente laboral y ante las diversas circunstancias de la vida, se convierte en un cimiento de fortaleza y seguridad  para la estabilidad moral de los hijos.

La limpieza, rectitud y hombría de bien del padre, que además es de generosidad y de alegría, crea en los hijos una extraordinaria capacidad para recepcionar, con prontitud y anticipadamente, los valores más importantes para su formación como personas.


La ausencia del padre

Hay muchas maneras de faltar a la casa y de poner trabas a la paternidad. Cuando el padre habitualmente no está y no puede tener contacto con los hijos.  Los motivos de la ausencia pueden ser variados, sin embargo hay una diferencia grande entre el padre fiel y el infiel. Un padre fiel, que quiere mucho a su esposa y a sus hijos puede ausentarse de la casa  por motivos de trabajo. Si estos padres  mantienen su presencia a través de una comunicación que los une a todos, se puede decir que está ejerciendo su paternidad a distancia. Solo habría que recomendarle que venga a ver a su esposa y a sus hijos todas las veces que pueda y que trate, en la medida de lo posible, conseguir un trabajo que no lo aleje de su casa.

Es lamentable y censurable el padre infiel que  saca el pie del plato con una doble vida oculta, y trata de ejercer una “paternidad” de control, que no tiene los elementos esenciales de la auténtica paternidad, que exige de la fidelidad plena.  No se trata solo de estar en la casa sino de estar para la esposa y los hijos con el corazón ordenado y no partido.

La infidelidad conyugal es el cáncer del hogar que mata  la vida familiar y destroza a la sociedad, la hace insegura y agresiva. Los hijos sin control pueden hacer barbaridades con repercusiones serias y graves para toda la vida.

Tampoco ejerce la paternidad el padre que está metido en sus cosas y no tiene tiempo para los hijos, piensa que para ellos basta que se ocupe la madre y el colegio. Peor es el padre autoritario que maltrata a los hijos y los tiene pisados sin darles libertad. No hay paternidad cuando hay miedo y maltrato.


La paternidad espiritual

Existe también la paternidad espiritual de otras personas que con muy buena disposición ayudan y orientan al prójimo por el camino correcto. Pueden ser laicos, sacerdotes o religiosos. 

Al Papa se le llama Santo Padre porque también ejerce una paternidad espiritual. En idéntica línea está la paternidad de las personas entregadas a Dios, que son instrumentos que cumplen una misión apostólica con las personas que el Señor les pone cerca. Este tipo de paternidad se sitúa en un nivel distinto al de la paternidad del padre biológico.

El director espiritual o el sacerdote no es el papá del dirigido, aunque éste no tenga padre. La paternidad espiritual es distinta porque está abierta a todos los hombres y no se restringe a personas concretas. En este tipo de paternidad el trato y los procedimientos son diferentes.

La paternidad espiritual no requiere del matrimonio pero sí requiere de Dios. También la paternidad espiritual es participación de la paternidad divina. El padre espiritual se capacita para ejercer la paternidad  viviendo la castidad y por lo tanto entregando su corazón entero a Dios. La entrega lo faculta para amar con limpieza y fortaleza con un amor de padre y sin las familiaridades de la paternidad biológica. Además es una paternidad que se extiende a todo tipo de personas y se sitúa en un nivel distinto al de la paternidad del papá.

El  padre espiritual mira el fuero interno  de las personas guardando el silencio de oficio de todo lo que le cuenta el que es dirigido. No debe transmitir a nadie, por ningún motivo, lo que escucha en una confidencia de dirección espiritual. Esta paternidad se ejerce  rezando por el dirigido, dándole los consejos oportunos y acompañándolo, con afecto y cariño, en su camino.

Se produce entre el director y el dirigido una auténtica amistad, con una fuerte reciprocidad,  que es característica esencial de la amistad, pero cuando se trata de la paternidad espiritual se llama correspondencia. El director espiritual no busca para él una retribución o paga, es solo un instrumento de Dios, la amistad es el amor humano y sobrenatural con una respuesta  del amigo al querer divino. Está claro que para que haya amistad deben funcionar los dos, igualmente para que haya paternidad deben funcionar bien el padre y el hijo.

Los hijos que no quieren recibir la paternidad que Dios les alcanza a través de sus instrumentos se hacen culpables de las consecuencias de esos desatinos.

Cada persona debe tener un papá y padres espirituales para tener una buena orientación en la vida con el cariño varonil, que será consecuencia del ejercicio de esa paternidad.

No se debe olvidar la distinción entre el papá y el padre espiritual. El primero mira fundamentalmente a su hijo, con los demás no tiene gracia de estado, en cambio el padre espiritual se debe a todos,  y por lo tanto no debe tener amistades particulares o ejercer padrinazgos con determinadas personas. Será padre para todos; para eso tiene gracia de estado.


Agradecemos sus comentarios 

1 comentario:

Rafael Blondet dijo...

Guauu hermosa reflexión! sin duda la paternidad correcta es lo que Dios quiere, y me recuerda lo que dice malaquias 4:6a, "El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres".