martes, setiembre 08, 2009

¿Se puede detener la corrupción?

EL LABERINTO DE LAS INVESTIGACIONES HUMANAS


¡Qué difícil es investigar y juzgar con propiedad a los seres humanos! Quien se crea experto en estas lides peca de ingenuidad o de presunción. Las aproximaciones que podemos hacer, en un trabajo de investigación, podrían alcanzarnos pistas y referencias para hacer ciertas conjeturas y comprobar algunos hechos, pero nunca alcanzarían la totalidad de la verdad y mucho menos el conocimiento de las intenciones que tienen las personas.


Dentro de las innumerables crisis que atraviesa la sociedad preocupa más la corrupción. Algunos organismos se defienden creando comisiones investigadoras para detectar a los corruptos. Siempre surge la pregunta: ¿y quién investiga a los investigadores?¿Podría algún investigador decir: “¡a mí no me investiguen!”?


En la escena evangélica de la mujer adúltera, cuando los investigadores la habían sorprendido infraganti y tenían todas las pruebas para lapidarla, como mandaba la ley, oyen de Jesús una frase contundente que los disuade y aleja: “el que esté libre de pecado que lance la primera piedra”. Nadie se atrevió a seguir con la condena.


¿Qué es lo que hace Jesús? La perdona, la corrige, consigue su arrepentimiento y vuelve a tener confianza en ella. A los hombres nos falta descubrir todos estos procedimientos, que sólo se pueden seguir si el corazón está ordenado. En la escena evangélica los que se retiraron tenían primero que arrepentirse de sus propios pecados, para ser dignos al señalar una falta ajena. Y si estaban ya arrepentidos procederían igual que Jesucristo.



¿Existen seres inmaculados, libres de “polvo y paja” ?


En este mundo de confusión y de corrupción es grato encontrar personas que son totalmente trasparentes y desean poner todas las cartas sobre la mesa sin ningún problema. El que tiene una actitud de trasparencia no está diciendo: “soy inmaculado, no tengo ninguna mancha” No existe ninguna persona sin defectos, errores y equivocaciones. Lo malo es ocultar las cosas que se han hecho mal con el propósito de seguir en el mismo camino, sin rectiticar y sin arrepentimiento. Hoy hay muchas personas que son intocables por los sistemas o mecanismos existentes y fabrican verdaderas mafias, para protegerse entre ellos y seguir medrando en sus trabajos.



Sistemas “legales” de ocultamiento de la verdad.


No haría bien quien se ampara en una inmunidad “legal” para actuar incorrectamente sin que se le investigue, ni el que reclama una autonomía para que otros no se metan en lo que está haciendo, porque lo podrían perjudicar. Es urgente desenmascarar a las personas que se refugian dentro de un poder oculto para el beneficio propio.



La voluntad de que se conozca la verdad


San Josemaría Escrivá aconsejaba ser “salvajemente sinceros”, a no tener miedo a decir la verdad, a decir primero aquello que no queremos que se sepa, lo que más verguenza da. Está claro que se refería al ámbito de la dirección espiritual: que otra persona conozca bien, (el director espiritual), las intimidades del fuero interno. En el caso de la confesión de los pecados el sacerdote tiene la obligación del Sigilo Sacramental. No puede revelar a nadie lo que ha oído en confesión.

El penitente que se acerca a la confesión es una persona arrepentida que va para que se le perdone y hace el propósito de cambiar. No es alguien que busque en el sacerdote un cómplice para seguir pecando.



El silencio de oficio y la sinceridad


Existen normas en todo el mundo que protegen el secreto profesional para que no se ventilen asuntos delicados que pueden afectar a personas o a países enteros (secretos de Estado, cuentas bancarias, histórias médicas, etc.).


Existen también normas que regulan los alcances de los derechos de las personas de acuerdo a los compromisos adquiridos. (No es lo mismo el teléfono de una entidad pública, que el teléfono personal y privado).


En algunos cargos, los compromisos se adquieren bajo juramento y esas personas, que suelen estar en la vitrina (todo el mundo los ve), no pueden optar por un modo de proceder oculto. Al contrario deben ser sinceros y trasparentes. En esa apertura estará la garantía de su idoneidad. Las investigaciones no deben ser para perjudicarlo sino más bien para ayudarlo a que sea mejor. Investigadores e investigados deben estar en la misma línea. Todos debemos querer que gane el bien, la justicia y la idoneidad de las personas.


Si los procedimientos son siempre de trasparencia y verdad, los que se encuentren en una situación difícil, que no ha sido conocida, deben tener el valor de dar un paso al costado. Es mejor el reconocimiento de los errores, por muy grandes que sean, y la rectificación, que permanecer en la hipocresía, con una corrupción que además va a terminar, tarde o temprano, con el culpable. Todo se paga en la vida y después de la vida se paga más.


Todos seremos juzgados


En la novela “La Muralla” de Calvo Sotelo, hay un personaje muy querido, por su familia y por la sociedad, que tiene una enfermedad terminal y se está muriendo. Antes de su muerte se le aparece Dios y le dice: “si tú te mueres ahora te irás al infierno, porque todo lo has conseguido con mentiras e injusticias. Tendrás un entierro con honores, con buenos discursos, incluso una calle llevará tu nombre, te recordarán como una buena persona, pero te irás al infierno. Te voy a dar una oportunidad, vas a sanar y tendrás que decir la verdad, eso te costará la cárcel, el desencanto de tu familia, la soledad, pero como te has arrepentido diciendo la verdad, al morir te irás al Cielo” En la novela se ve la lucha que tiene este hombre con su conciencia y cómo termina diciendo la verdad.


No hay que tenerle miedo a la verdad. El mundo gasta millones en investigar al hombre, se crean comisiones, se pierde mucho tiempo y tal vez todo sea en vano, porque los mecanismos creados por el hombre impiden que se sepan las cosas tal como ocurrieron. ¡Cuantos se ha ido a la tumba sin haber sido sinceros, dejando que la mentira siga ocasionando graves injusticias!


La solución para disminuir la corrupción es convencer al hombre con la verdad para que diga la verdad. No hay otro camino mejor.



MANUEL TAMAYO PINTO-BAZURCO



2 comentarios:

jr dijo...

Aristoteles decia: " el Ser que manda debe poseer la virtud moral en toda su perfeccion"

Manuel dijo...

Efectívamente debe ser así, debe esforzarse por conseguirlo y luchar cada vez por ser mejor.
Manuel Tamayo