jueves, junio 02, 2011

¿En qué tenemos que cambiar?

LAS ANTIPATÍAS DEL RELATIVISTA

El que no vive de acuerdo con las nociones del bien y del mal opta por tomar decisiones de acuerdo a las simpatías o antipatías, los que caen bien y los que caen mal, y con esa visión superficial corre el riesgo de cometer muchas injusticias y torpezas.

Por ejemplo, ahora que estamos en una contienda electoral, resulta paradójico que los que están en una postura relativista tengan una postura radical a la hora de elegir un candidato, cuando lo lógico sería que les diera más o menos lo mismo una opción u otra. Si son relativistas ¿porqué tanto énfasis en la defensa de una postura?

Lo que ocurre es que la misma naturaleza humana exige una actitud de acuerdo a la noción de bien o de mal que se tenga. El problema está en que esas nociones, para un relativista, responden simpatías o antipatías y no a razones o argumentos demostrados.

A mediados del siglo pasado, un alto dirigente del partido comunista italiano puso a sus hijos en un colegio católico, con esa conducta les estaba diciendo a todos que el comunismo era para los demás y no para su familia. Algo, que salía del fondo de su conciencia, le decía que sus hijos estarían mejor protegidos en un colegio católico.

Un relativista no suele ser tan radical en la toma de sus decisiones y compromisos. Es proclive a cambiar de acuerdo a las preferencias del momento, pero resulta que cuando las papas queman, defiende con vehemencia las posturas más radicales. Cuando la situación apremia se olvida el relativismo. A la hora de la seriedad o de la urgencia no puede haber relativismo.

Cuando la verdad y los valores están ausentes, los hombres cambian los rumbos de sus vidas como se cambian de camisa.

La falta de brújula para elegir según una correcta jerarquía de valores que ponga en primer lugar los temas más importantes, produce una especie de neurosis o esquizofrenia colectiva con sus respectivas reacciones de euforia o depresión para lo que se ha escogido. Como el hombre está hecho para la verdad, cuando dice que es verdad algo equivocado y se empeña en defenderlo con un terco voluntarismo, aunque parezca satisfecho, en el fondo estará intranquilo, porque necesita tener la auténtica verdad.

Cuando la verdad está lejos es fácil pasarse de una postura a otra y defender lo que antes se atacaba. Es algo que ocurre cuando no existen argumentos de fondo. Es también la consecuencia de no haberse comprometido seriamente. Lo paradójico es que a pesar de la radicalidad y vehemencia del voluntarismo que apuntaba en una dirección, el relativista es capaz de pasarse a la postura que siempre atacó, como si no pasara nada.

Los bandazos y virajes de los cambios de postura se están dando ahora en un tiempo más reducido que en los años anteriores. Estas precipitaciones, muchas veces sorpresivas, causan estragos en las mismas personas que cambian porque permanecen los sentimientos encontrados y los razonamientos débiles. Si los cambios no se dan con la verdad queda lo malo. Serían cambios de acuerdo al egoísmo, al placer, al poder, o cambios solo para dar una imagen, cuando se esconde algo que no se quiere enseñar. En realidad no se cambia, es tan solo una apariencia, (un montaje, una escenografía, una trampa).

Cuando la verdad no es el norte hacia dónde se debe ir, se juega la ruleta rusa y puede dispararse la bala mortal que mata. Las decisiones sin el conocimiento de la verdad dependerían de bagatelas que mueven el corazón de los más débiles para que se llene de un calor que dura solo unas horas. Son entusiasmos que pasan rápido, como baterías viejas que se descargan antes de tiempo. Los motivadores tendrían que seguir tocando los bombos y platillos para que su gente persevere y no se encandilen con las argucias de la competencia que busca conquistarlos con otras piruetas, que mueven solo el sentimiento y no la inteligencia.

El transfuguismo global del siglo XXI

El transfuguismo se ha generalizado por obra y arte del relativismo. Ellos le llaman libertad a esta suerte de cambio con ausencia de compromiso serio. Todo se puede cambiar de acuerdo a los sentimientos del momento. Lo curioso es que quedan dentro los resentimientos. Esos demonios que no se supieron expulsar, allí están, a veces parece que se duermen durante una temporada, pero luego salen nuevamente con sus maleficios de rigor, atacando como siempre a sus adversarios o a su propia gente. Atacan a quien se les ponga en el camino como si ellos fueran los dueños de la verdad y de un único criterio. La tolerancia sin la verdad y sin amor es una bomba de tiempo que estalla con una gran intolerancia para destrozarlo todo. El hombre relativista termina peleándose con Dios, con la familia y con sus amigos. Al final se queda solo.

Los cambios de la verdad

Los cambios que son consecuencia de la verdad son los que dan seguridad a todos. Estos cambios auténticos consiguen quitar, en primer lugar, los demonios de la interioridad de las personas. Las personas cambian porque se hacen mejores con la verdad. Este tipo de cambio es favorable a todos. Es el influjo del bien que tiene calidad y una categoría que realmente tonifica y enriquece.

Los cambios que necesitan el mundo, el país y las personas, deben lograrse con la verdad, tal como lo dice la Sagrada Escritura y lo enseña, desde hace siglos, la Iglesia: “La verdad los hará libres”

Con la verdad se consigue la reconciliación y la unidad de todos para poder trabajar en paz, sin peleas ni violencias. El camino de la reconciliación es de perdón y comprensión para ir de la mano de los otros, aunque no piensen como nosotros. No son buenos los discursos hirientes contra la fama y el prestigio de las personas. No estamos para juzgar ni tampoco para condenar.

El mundo necesita encontrar la senda de la fraternidad para lograr la ansiada civilización del amor, tan acariciada y querida por el Beato Juan Pablo II.

Elevamos nuestras súplicas a Dios, en estos momentos importantes de la historia, para que se den los cambios que enriquezcan los corazones de las personas y puedan todos, desde el cariño del hogar, proyectarse con una calidad de vida sincera y leal al servicio de los demás, especialmente de los que tienen más necesidad.

¡Que Dios y la Virgen protejan a nuestro país!

Agradecemos sus comentarios.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Verdad y valores para tender puentes de fraternidad y de unidad en la diversidad. Pero a veces resulta un lugar comun sino decimos cuales son nuestros fundamentos, hace falta explicitarlos y estos son los Diez Mandamientos. Pero tambien hace falta explicitar la tolerancia en torno al bien comun para construir la ciudad de Dios.

Gonza dijo...

Toda persona nace con una noción del bien y del mal, y de cómo obtener el bien para con Dios, para con la gente, la familia y el medio en el que se encuentra. Cualquier otra opción fuera de esa noción será el camino equivocado, aunque parezca más atractivo, llamativo y fácil.

Como usted expuso en su post anterior, los intentos por cubrir una mentira con tal de proteger una determinada postura son enormes, pero no podrá permanecer por siempre. La verdad siempre vence, pero todos tenemos que obrar en pos de conseguirla.

Por lo visto allá en Perú está igual que aquí en México, aunque hay quienes digan que nuestro país es el más retrasado.