viernes, setiembre 23, 2011

Los desatinos de la espontaneidad

LA HORA LOCA

Cuando éramos niños y sonaba el timbre para salir al recreo nos entraba una alegría grande que nos impulsaba a correr alocadamente para ganar rápidamente el patio y la posibilidad de colocarnos en una mejor posición para iniciar los juegos previstos para esos momentos de expansión.

Los profesores, al vernos salir en estampida con una euforia que se manifestaba en nuestras carreras y gritos destemplados, nos miraban con una forzada comprensión, y parecían susurrar a media voz: “¿Qué vamos a hacer? son niños y necesitan desfogarse…”

Efectivamente la clase era como un lugar donde había que hacer lo que te decían y el recreo era el espacio que estaba permitido para que hagamos lo que queramos. Hasta aquí todo estaba muy bien.

Ahora, con el paso del tiempo, nos preguntaríamos si en aquellos años, todos los niños encontrábamos en el recreo nuestro espacio de libertad.

Los que gritábamos desfogándonos para ganar los mejores espacios y sentirnos dueños de nuestros propios actos, dentro de una competencia infantil, éramos libres en ese ejercicio aunque en el camino atropelláramos a otros y los dejáramos fuera de nuestros juegos. Tampoco nos dábamos cuenta que otros compañeros, de nuestra propia clase, ni siquiera competían con nosotros y vivían el recreo de una manera distinta; a nosotros no nos importaba lo más mínimo y los ignorábamos.

En esos ambientes infantiles del colegio se elaboraba automáticamente todo un mundo de aparentes ganadores y perdedores. Los más poderosos ejercían su liderazgo sobre los más débiles. Las pasiones humanas infantiles solo tenían la ley de la selva que daba prioridad al más fuerte. En esos mundillos nos bandeábamos y así se iba forjando nuestra personalidad, algunos salían airosos de los escollos, otros quedaban atrapados por sistema de rigor, que nos parecía normal. También había quienes vivían al margen, dentro de sus propios mundos, que no compartían con nadie.

Progresos y retrocesos en educación

Gracias a Dios, con el progreso de las ciencias educativas se pueden controlar ahora los mundos del recreo infantil para evitar situaciones irregulares producidas por una espontaneidad desbocada sin control ni orientación.

Es interesante observar que este cuadro de desfogue infantil también se repite en la sociedad con los jóvenes y los adultos, cuando en aras de la libertad, se quitan los controles y se da espacio para la espontaneidad. En el lenguaje juvenil se suele llamar “la hora loca”, un espacio donde todo es desfogue.

Es verdad que los seres humanos necesitamos expandirnos libremente dejando de lado las tensiones, quisiéramos tener espacios para: conversar, cantar, reír, jugar, etc. y poder descansar a gusto, sin molestias ni controles, encontrando los lugares o momentos donde uno se sienta feliz para expresar nuestros sentimientos de alegría o pena, con nuestros familiares o amistades más entrañables, sin ningún tipo de presión, sin miradas fiscalizadoras o críticas que impidan nuestras intervenciones sencillas y sinceras.

La psicología de la piñata

Los mexicanos nos enseñaron con sus famosas piñatas a desfogarnos un poco golpeando con un mazo a un muñeco cargado de sorpresas. Había que golpear duro y sin miedo, cuando todo caía era menester zambullirse al suelo para coger el mejor regalo. Todo se hacía bajo la mirada atenta de los mayores que cuidaban nuestros juegos para que no ocurriera un accidente en medio del barullo competitivo.

La piñata es la imagen de la competencia alegre que nos une a todos en una celebración donde se rompen escrúpulos y tensiones y todos pueden ganar compitiendo sanamente.

La hora loca, a la que nos estamos refiriendo, tiene otra connotación: hay un permisivismo indebido, es un desfogue desordenado donde vale todo, no existe ningún tipo de ley o control. Es como si hubiera que realizar lo que está prohibido, o lo que no debe permitirse. Es un desfogue insano, a veces grosero o grotesco, lejano a la bondad y elegancia de las personas educadas. Es tirarle tierra al respeto y a la amabilidad con las personas. Es permitir la irreverencia, la arrogancia, las bromas de mal gusto, las ironías hirientes, la burla por los defectos del prójimo. Es permitir liderazgos impropios donde gana el más atrevido, por no decir el más egoísta, o el que desprecia al resto con su vanidad enfermiza, la del charlatán, o la del ostentoso que sólo se mira a sí mismo. El “complejo” de la autoestima podría crear una “superestima” que es más peligrosa y nociva para la vida social que las “timideces” del que no se atreve a expulsar hacia fuera lo que tiene dentro.

Para resolver estos escollos y poder actuar con tino es necesario distinguir entre la naturalidad y la espontaneidad. La naturalidad lleva a que la persona actúe con sencillez (que es una virtud y toda virtud es una expresión de amor. La suma de todas las virtudes es la delicadeza en el trato. Cuando una persona es virtuosa es fina en sus expresiones y trato, se dice que es una “bellísima persona”).

Hacia fuera deberían salir las virtudes auténticas, que no son disfraces, sino expresiones que surgen de un amor que se ha conquistado y que sabe poner frenos (los frenos de los carros no son para que no caminen sino para que no choquen), a tendencias o pasiones que pueden producir un daño a uno mismo o a los demás. Es sencillamente descubrir que el mal también está dentro de los seres humanos y hay que luchar contra él. Quien sabe controlarse no está reprimido.

Los que buscan con la educación que las personas sean espontáneas están olvidando el campo de las virtudes humanas que nunca surgen de un modo espontáneo, son consecuencia de un esfuerzo y una lucha. Los educadores (padres de familia o profesores) son quienes deben exigir a los educandos las virtudes que deben tener sus hijos o alumnos.

Los educandos no están en condiciones de elegir su propia educación, nadie puede dar lo que no tiene. Se equivocan los ambientes educativos “democráticos” donde los alumnos puedan elegir los parámetros de su propia educación. Los colegios que han optado por dejar “libres” a sus alumnos para que ellos elijan como quieran han conseguido que muchos de ellos se vuelvan irrespetuosos, arrogantes y desatinados para temas de fondo que exigen de una madurez.

Si bien todos los autoritarismos y las tiranías son malas, son mucho peores las tiranías de los hijos sobre los padres y la de los alumnos sobre sus maestros.

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jueves, setiembre 15, 2011

El arte de saber elegir en el mundo libre de lo opinable

LA FILOSOFÍA DE LA OPCIÓN

El progreso y el desarrollo de la humanidad nos entregan un mundo rico en posibilidades para poder escoger. Lo que antes parecía un sueño ahora es una realidad, el hombre de hoy puede darse el lujo de elegir dentro de un espectro mucho más amplio. Lo que se requiere ahora es acertar para elegir la mejor opción, la que enriquece más, la más valiosa, la más acertada. Como la competividad ha crecido y hay un esmero general en presentar las cosas bien, parece que todo es bueno y la elección se hace realmente más difícil.

Cuando se trata de cosas pequeñas que no tienen mayor trascendencia no importa elegir alguna opción entre varias ofertas (ropa, comidas, lugares de paseo, etc). La elección no va a afectar mayormente la vida de las personas, todo seguirá igual (cualquier gaseosa que se elija apagará la sed). Cuando se trata de algo de mayor trascendencia hay que tener mucho cuidado en lo que se elige.

Cambio de mentalidad (en el mundo de lo que es elegible)

Al referirnos al amplísimo mundo de lo elegible, donde existe una gran variedad, hay elecciones muy importantes, otras pueden ser urgentes y otras no tienen mayor relevancia. Debemos advertir que en los últimos tiempos se ha producido un cambio de mentalidad con respecto a las épocas anteriores.

La primera consideración sería para el reconocimiento y la aceptación de la realidad: antes las ofertas eran limitadas, ahora se han multiplicado y las calidades han mejorado.

Las ofertas limitadas de las épocas anteriores creaban una valoración de las cosas y una mentalidad más proclive para aceptar lo que había (en los hogares se educaba para comer la comida que servían, en la televisión solo se podía ver el canal oficial, en los comedores públicos había un solo menú, habían muchos monopolios: productos de una sola marca oficial, etc.).

Cuando las cosas se empiezan a multiplicar y crecen las ofertas, la calidad también mejora (se nota en los productos y en las atenciones). Esta realidad crea un nuevo modo de ver las cosas, una filosofía para elegir bien y rápido, entre las diversas opciones y saber que todos tienen más posibilidades para decidir con responsabilidad y libremente.

Esta capacidad adquirida por todos, ha sido motivada por la multitud de ofertas interesantes de calidad, que existen en el mundo. Ahora se puede elegir acertadamente entre muchas opciones igualmente valiosas. Ya no tiene sentido insistir para elegir una sola opción (salvo alguna excepción). La multiplicación de las ofertas es un triunfo de la libertad que favorece a todos, hay más posibilidades para enriquecer la vida y fortalecer la voluntad de las personas.

Estas apreciaciones que estamos haciendo ayudan a entender los requerimientos que hay que tener en cuenta, en esta época, para formar a las personas. Ya no se puede formar bien a la gente con una mentalidad anticuada, subrayando una sola opción como única, sería como pedir la carreta y desechar el avión. Los consejos que señalan una sola opción ya no funcionan en un mundo donde hay un mar de posibilidades de muy buena calidad.

Antes era necesario recurrir a personas que sabían para poder elegir algo conveniente. Hoy las cosas se presentan con tal llegada que ya no hacen falta tantas advertencias ya que se han abierto campos de libertad para que la elección de cada uno sea estrictamente personal. La educación debe orientar a las personas para que sepan elegir. Es por eso que las nociones del bien y del mal deben estar muy claras. La gente debe descubrirlas para que puedan elegir bien.

Cuando hablamos de ofertas es bueno presentarlas todas, para que las personas elijan libremente. Ya no se puede decir: “¡tienes que escoger esto!” de un modo imperativo o mostrar un desacuerdo porque alguien eligió algo que a nosotros no nos gusta. Nos tiene que gustar que haya variedad en las elecciones y en las opciones, así nuestro campo de conocimiento es más amplio y nos permite conocer mejor a las personas y poder quererlas con sus diferencias.

Con esta realidad se deja más libre a la gente sin encajonarlas dentro de unos esquemas fijos, que antes, por las limitaciones y circunstancias de la época, eran, para todos, los únicos y seguros.

La libertad para elegir con responsabilidad

Hacemos estas consideraciones teniendo en cuenta el amplio espectro de lo elegible y lo opinable. También hay que tener en cuenta que la presentación de las ofertas puede estar limitada por el factor económico o por otra circunstancia; sin embargo la mente debería tener siempre una buena apertura, para poder decirle a los demás: Tú eres libre y escoge lo que quieras, y que nadie se vea en la incomodidad de tener que presentar una sola opción y tratar de imponerla como única y segura.

Sin ir muy lejos, en nuestro país la gastronomía ha crecido de un modo considerable. Antes cuando alguien iba a un restaurante encontraba uno solo menú. Hoy existen muchas posibilidades, incluso se han multiplicado los bufetes, con una gran variedad de platos. También en los hogares existen distintas posibilidades a la hora de comer. Hoy se pueden preparar diversos platos sin mayores costos. Insistir en tener que comer algo obligado, porque no hay otra cosa, ya no tendría mucho sentido (a no ser que existan razones específicas).

Al haber muchas posibilidades la responsabilidad para elegir crece, además el aprendizaje de fijarse bien para elegir, frente a un abanico de posibilidades, consigue que la persona haga propios los temas escogidos, comprometiéndose más con ellos; y permite que pueda generar, al mismo tiempo, unos hábitos de entendimiento, que asegura su constancia con lo que elije.

La persona ya no está haciendo algo impuesto o sugerido por otro, su compromiso no es un sometimiento ciego; se le pide que su decisión sea personal, seria y suya. La elección que hace le pone un cimiento firme a su querer y lo hace auténtico.

La mentalidad que había, de tener que aceptar algo necesariamente, creaba, sin querer, personas sometidas a sistemas, que luego, con el paso de los años, terminaban abandonándolo. En los ámbitos educativos recordamos cuando los colegios religiosos obligaban a sus alumnos a asistir a Misa diaria, porque pensaban que era el sistema ideal para formar buenos cristianos. Al cabo de los años se vio que ese sistema producía el efecto contrario.

El sistema ideal es enseñar las cosas de tal manera que las personas quieran libremente lo que es bueno y encuentren también en la libertad, las facilidades para llevarlo a la práctica.

Cuando observamos el festival gastronómico de Mistura nos quedamos admirados de la gran variedad de platos y ofertas que tiene la comida peruana. Esta apreciación va junto a la responsabilidad de elegir con moderación y prudencia algún plato entre los miles que se ofrecen. Sería una grave irresponsabilidad de los organizadores fomentar una feria de la gula para que los comensales coman con voracidad y torpeza. El desorden puede convertir algo que es sano y nutritivo en grotesco y denigrante. La responsabilidad depende de cada uno, no solo de comer con templanza, sino también de saber irse a tiempo y de situar lo referente a la comida en el sitio que le corresponde.

La educación tiene ahora el gran reto de enseñar a usar la libertad para que la gente sepa elegir responsablemente y tengan en su vida una acertada jerarquía de valores.

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jueves, setiembre 08, 2011

Consecuencias del relativismo

EL ESPEJISMO DE LA INDEPENDENCIA

Un problema doloroso y extendido de nuestra sociedad relativista es el afán precoz que tienen los jóvenes de independizarse de sus padres. Podrían existir motivos nobles que exijan una separación o distancia del hogar: los estudios en otra ciudad, asuntos familiares urgentes, seguir un camino divino, etc. Siempre existieron circunstancias válidas para estas excepciones. Sin embargo ahora se trata de la conquista de una libertad y autonomía personales para vivir con independencia y sin ninguna influencia de la familia.

Dentro de estas independencias existen muchas variaciones y algunas bastante penosas como las de los jóvenes que cortan todo tipo de comunicación con su familia para que estos no se metan con su vida y porque piensan que se deben hacer solos para tener valía. Errores de ese calibre se multiplican por doquier. Algunos tienen su origen en los excesos de autoritarismo de los padres o en la sobreprotección que ejercieron sobre el adolescente inmaduro. Las rebeldías modernas son bastante crueles porque se tejen en ambientes donde falta el cariño familiar.

Cuando se pone amor siempre se recoge amor. Es necesario que el amor sea auténtico y de calidad y no un apegamiento que procede de un corazón egoísta y posesivo del padre o de la madre. El amor de un padre frívolo que solo busca un hijo para sus sentimientos produce a la larga un contundente rechazo. Hoy, desgraciadamente, muchos hijos declaran persona no grata, a sus propios padres. Estas desgracias ya fueron anunciadas en las Sagradas Escrituras: “y se levantarán los hijos contra los padres para hacerles morir” (Mt, 10, 21).

El miedo a la vida y la mentalidad antivida

Cuando en una familia, por ignorancia o malicia de los padres, se comete un aborto se produce como un envenenamiento colectivo en el hogar que luego es difícil de curar. La familia es el lugar de la vida por excelencia, es el espacio maravilloso para nacer y para morir. Nacer fuera de la familia resulta tan fatal como morir fuera de ella. Los que nacen y mueren en casa, rodeados del cariño de los suyos, tienen la dicha de ese privilegio, que debería ser para todos.

Dentro de una familia el miedo en tener más hijos es en el 90% de los casos una inseguridad de los padres motivada por querer “vivir” (no tener dificultades para hacer más cosas en la vida) y por la presión social antivida del mundo liberal y materialista. Los afanes que surgen de esta mentalidad contagian un modo de vivir acelerado que saca a las personas de su casa como si la familia estuviera demás y como si el éxito dependiera de lo que se haga fuera del hogar. El orden está totalmente invertido.

De esta mentalidad surge el afán de independencia de los que todavía se encuentran bajo la patria potestad. Están viendo desde muy jóvenes esa posibilidad, que no es más que un espejismo, porque cuando salen “libres” de sus casas, se van encontrando una realidad distinta a la que se imaginaron. Si fuera solo el choque con la realidad, bien valdría la experiencia para aprender y orientar todo como es debido. Lo que resulta trágico es que la gran mayoría no está preparada para los retos que ofrece una sociedad “enferma y mentirosa”. Los “cartones”, los premios que se otorgan y el poseer una buena solvencia económica, no son garantía de haber conquistado un sistema de vida coherente y sano para la felicidad propia y de la familia. Muchos viven una fantasía que podría terminar en tragedia.

La falta de seguridad social se da también en los hogares

La falta de seguridad, que es una falencia social que todo el mundo reconoce, no se limita a los peligros producidos por los robos y las violencias de los desadaptados; hoy se han multiplicado situaciones de violencia dentro de los propios hogares. Es interesante observar las motivaciones que tienen los familiares que se encuentran dentro de estos calvarios en el hogar. Quienes viven dentro de esas presiones quiere huir de la casa, la calle resulta más atractiva y es posible que esas personas que sale ya no crean en la familia.

Como excepción que confirma la regla, algunas personas han hecho su vida sin tener un ambiente familiar apropiado (algunos fueron educados por los abuelos, los tíos, o fueron adoptados por otra familia, etc.). Hay gente muy valiosa que ha salido adelante a pesar de haber tenido un pasado trágico con ausencias familiares. Cuando cuentan sus historias hay que felicitarlos, pero nunca se podrá deducir que las condiciones que tuvieron para su formación fueron las ideales.

Al margen de esas excepciones para la mayoría no tener familia produce inseguridad y también, en algunos casos, problemas de personalidad con graves desadaptaciones sociales. Algunos quisieran arreglar las cosas desde sus propios problemas y fabrican teorías originales. Sus mensajes son comprensibles pero tienen de la limitaciones de su propio origen (resentimientos, soledad, celos…). La sociedad no puede describirse desde las enfermedades o desde los problemas arraigados en las propias personas. Es necesario mirar la auténtica antropología del ser humano para tener siempre a mano la falsilla para confrontar. Eso no significa que no haya que atender los desarreglos o complejos que cargan los seres humanos y que muchas veces, por su urgencia, tiene prioridad, significa que no podemos olvidar lo que debe ser la persona para que cumpla con su finalidad y sea feliz.

Las dudas de los hombres generan inseguridad

Una mentalidad relativista donde reina la duda también produce inseguridad. La mala relación del ser humano con el pasado o el futuro por ausencia de valores trascendentes es un fastidio que se carga y se quiere olvidar. Los que viven torturados y cegados por el pasado no logran percibir, ni pueden reconocer los valores que han recibido. La mala relación con el pasado les hace vivir temblorosos y dubitativos, llenos de sospechas y conjeturas increíbles, tejidas con argumentos mediáticos superficiales, por el consenso en una mayoría relativista que se siente autónoma.

Los liberales modernos que profesan el ateísmo o el agnosticismo suelen vivir en un mar de dudas dentro de un existencialismo donde falta la definición y la esperanza por un futuro seguro y firme. Los hijos que surgen de esos hogares, optan por una precoz independencia porque piensan que la seguridad que no tienen en su casa la conquistan con la propia autonomía. Luego los mismos padres que crearon a sus hijos liberales sufren las consecuencias de las desatinadas decisiones que tomaron en la vida sin consultarles nada y algunos tendrán que correr con el gasto de costosas facturas económicas y morales para cubrir los desastres que ocasionaron con sus desafortunadas intervenciones.

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jueves, setiembre 01, 2011

Cuando se ataca a la madre el hijo defiende

FIDELIDAD A LA IGLESIA

En la naturaleza humana está escrita la ley natural que se resume en la constante voluntad que hay en el hombre de querer hacer el bien y evitar el mal. Para lograrlo el hombre necesita conocer, además de la ley natural, las enseñanzas que recibe en la educación de sus padres y de los maestros que le señalan el camino correcto a seguir. La práctica de esta tradición se vive y se acepta en el mundo entero.

Posee además la naturaleza humana una facultad que Santo Tomás de Aquino llamaba potencia obedencial. Es como una “antenita” para recepcionar la verdad. El hombre tiene en su naturaleza una capacidad para recibir la verdad, pero es obedencial. La verdad se recibe con la obediencia. Es por eso que el niño solo aprende cuando obedece.

Los padres y los maestros deben trasmitirles a los niños la verdad. Serían crueles si les transmitiesen la mentira. Para poder transmitir la verdad es necesario conocerla y tenerla. Nadie da lo que no tiene. Todos los seres humanos recibimos las verdades más profundas a través de la obediencia. El argumento de autoridad tiene un peso tremendo para aprender y cuando pasan los años, para reconocer los criterios que nuestros padres nos transmitieron con amor. ¡Cuánto valen en la vida los consejos recibidos de las personas buenas! Las personas que saben querer suelen estar más cercanas a la verdad porque son motivadas por el amor que tienen a los que aman. Esas personas dan lo mejor de su ser, y para eso se unen a quienes transmiten los valores que el hombre necesita para ser bueno. Es lo que se llama tradición.

Cuando falla la relación del hombre con la verdad falla también en la comunicación

Se pueden producir grandes contradicciones en la educación por ignorancia o por malicia de los que deben transmitir la verdad. Es imposible transmitir la auténtica verdad sin amor. De allí que el Papa diga que la caridad es el gran argumento de los cristianos. El amor debe ser real, no egoísmo, amor posesivo o apego. Querer que los demás sean mejores para que sean felices. Solo la verdad puede hacer libres y felices a todos.

Cuando se rechaza la verdad se “inventan” otras “verdades” que son mentira

En los tiempos actuales la verdad está siendo perseguida y maltratada en muchas instancias. Como la verdad compromete con un camino exigente y de sacrificio, las inclinaciones del pecado, presentes en la naturaleza de todos los seres humanos, la rechazan a como de lugar. Así se generan los odios y persecuciones modernas, cambiando los argumentos racionales de fondo por consensos políticos, o antipatías mediáticas, que exageran o inventan situaciones, para que parezcan errores de consideración que no se deben permitir. Se construyen mentiras con retazos de verdades sacadas de contexto y se lanzan piedras de forma irreverente y con los ojos vendados.

Toda la sociedad vive hoy bajo una nube pesada del relativismo que esconde la verdad y crea “verdades” a gusto del cliente con argumentos sentimentales alimentados por seducciones de poder o de placer. Se ha generado una mentalidad de “apertura” equivocada que la llaman “libertad de pensamiento”, sin advertir el error o la trampa que se encierra en esa frase, que suele ser más maliciosa que ingenua, cuando se rechaza la auténtica verdad. Nadie puede afirmar que el hombre tiene 5 ojos o cien pies. El que lo diga está en el error, tampoco se puede decir que una mujer es hombre o viceversa. La verdad es objetiva y no subjetiva.

El error de la libertad absoluta

Las motivaciones de un liberalismo que defiende como principio la libertad absoluta son burdas seducciones de poder o placer. Las exige hombre rebelde que no quiere que lo limiten, porque quiere ser la ley para acomodar las cosas a su antojo, sin que nadie se meta con él, y piensa que puede hacer lo que le da la gana, con tal de no hacerle daño a nadie. Es paradójico porque el que actúa así termina metiéndose violentamente en la vida de los demás causando conflictos. De allí el aumento de la violencia y de la inseguridad en el mundo.

La potencia obedencial en la naturaleza humana existe para que el hombre reciba la verdad obedeciendo a lo que se le pide, y luego la misma verdad que recibe le exigirá seguir obedeciendo toda su vida, para no salirse del camino. La inteligencia la ha creado Dios para que le hombre encuentre la verdad en la creación y para que acepte la verdad de la revelación, por la fe que el mismo Dios le alcanza a través de la Iglesia. Cuando el hombre descubre que Dios es quien más lo quiere, descubre al mismo tiempo la verdad que le transmite. La aceptación de Dios se hace con amor para corresponder al amor y con alegría, cuando se descubre que la libertad se alcanza con la verdad, (todas las conversiones de los hombres siempre han estado llenas de júbilo).

La misión de la Iglesia es transmitir la verdad

La Iglesia la funda Jesucristo para cuidar y trasmitir la verdad que el hombre necesita. La Iglesia, por mandato de Dios, está recordando siempre la verdad. La verdad que la Iglesia transmite está protegida por el Espíritu Santo. Es una verdad que viene de la eternidad. La Iglesia vive del Cielo y todos los que nos encontramos dentro de ella tenemos esa protección. No es una protección contra otros, es la protección de la verdad que es el amor que el mismo Jesucristo nos alcanza a través de los sacramentos que recibimos, especialmente la Eucaristía, que es el mismo Dios y que para nosotros es prenda de la gloria futura.

El júbilo y la alegría de los ambientes multitudinarios que la Iglesia organiza en torno al Papa son preparados con miles de horas de oración, ofrecimiento de sacrificios y adoraciones a la Eucaristía. De allí el éxito, también mediático, en todos los países del mundo. Quienes participan en esas celebraciones se encuentran contagiados por un júbilo que ni ellos mismos se lo explican. No hay en el mundo algo similar.

No se puede querer a Dios sin querer a la Iglesia

El enemigo de Dios quiere separar a Dios de la Iglesia. Siempre ha sido así, no es algo nuevo. El que empieza a separarse de la Iglesia y dice que no se ha separado de Dios no se da cuenta que ya estaba desde hace tiempo lejos de Dios. Se puede ver en su trayectoria. La fidelidad a la Iglesia no es un fanatismo voluntarista ni un gesto de simpatía sentimental, es una unidad y coherencia de vida que va acorde con las enseñanzas de su Magisterio, en todo lo que es materia de fe y costumbres.

La fidelidad a la Iglesia es el amor a su doctrina, la adoración a Dios, la veneración a la Virgen y a todos los santos, el amor a los Papas, a los obispos a los sacerdotes y a todo el pueblo cristiano: es la fortaleza de la unidad dentro de la Iglesia. El auténtico amor de una persona se nota en sus relaciones, como se lleva, como trata, como valora, como cuida, como venera, como une.

El buen hijo es el que quiere cada día más a sus padres, el buen hijo de la Iglesia es el hijo de Dios que quiere cada día más a Dios y a la Iglesia.

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jueves, agosto 25, 2011

Los estrategas del economicismo

LA MULTIPLICACIÓN DE LAS BURBUJAS

Hace unos años escribíamos en este mismo portal una serie de artículos que hacían referencia a la crisis económica que azotaba el mundo (1). El tenor de esas publicaciones era un toque de campana para advertir que no se trataba de un error técnico sino de un problema moral que se estaba generalizando a nivel mundial.

Los hombres geniales del siglo XXI acompañados de un coro de “optimistas” de las altas esferas económicas y de miles de seguidores uniformados con el economicismo en boga, llenos de títulos académicos y sendos libros muy bien divulgados, podrán maquillar nuevamente el escenario para paliar las tormentas, pero seguirán siendo incapaces de resolver el problema moral, si no cambian los enfoques de fondo.

Cuando vemos que al gran bloque occidental democrático se le van sumando países partidarios de la ley de la oferta y la demanda y que todo ese bloque, casi en pleno, va desembocando en un fuerte liberalismo (libertad absoluta) que mina los campos éticos y morales de las personas, solo podemos advertir que está por llegar algo como las diez plagas de Egipto que hace urgente el surgimiento de un nuevo Moisés, con poderes para abrir los océanos y salvar a la gente de las olas gigantes que se están convirtiendo en tsunamis con proyección mundial.

(1) *vid: En los siguientes artículos de “Adeamus” : Los estragos de la Codicia (setiembre, 2008), El dinero no es Dios (octubre, 2008), ¿Quién salvará al mundo? (noviembre 2008), El síndrome de Atahualpa (diciembre, 2008), Legión de “optimistas” (abril 2009), La verdadera pandemia, ((mayo 2009), ¿Qué es lo que mueve al mundo? (agosto 2009), Un futuro de comunicación (agosto 2009), El desarrollo es imposible sin hombres rectos, (junio 2010), El miedo de Oriente a la libertad de Occidente (agosto 2010), Burbujas doradas (setiembre 2010), Las injusticias del consenso global (diciembre 2010).

¿Apocalipsis o reacción?

A simple vista el párrafo anterior podría parecer exagerado y tal vez apocalíptico. Así pudieron parecer los artículos escritos en anteriores oportunidades, sin embargo los hechos van confirmando la realidad de esas proyecciones. Resulta ingenuo ser “optimista” para no pecar de negativo. No peca de negativo quien advierte de los males reales, para tomar las medidas convenientes y evitar que el barco se hunda inexorablemente.

El mundo lo siguen manejando con los mismos argumentos, a vista y paciencia de las “grandes mayorías” que viven anestesiadas con un relativismo que les quita responsabilidad y preocupaciones trascendentes. Hay como una siesta generalizada que no deja ver la realidad y una suerte de optimismo voluntarista: “a pesar de todo, las cosas podrían ir mejor, vamos a seguir intentándolo…”

Mientras se viva cerrando los ojos a la verdad y se acepten personas que no son idóneas (por su trayectoria desordenada o por su falta de capacidad para los puestos que están ocupando) para manejar los problemas esenciales de los hombres y de la sociedad, nunca podremos salir de la crisis estructural que azota a la humanidad.

Dentro de la mentalidad imperante, que es relativista y economicista, no faltan padres de familia que viven ansiosos con la esperanza de que sus hijos cambien, no porque se les esté formando con la verdad sino por arte del birlibirloque, como si hubiera una esperanza en los consensos de una sociedad que acepta todo, menos a Dios (que les parece intolerante y entrometido); una sociedad que además está enferma y que es guiada por algunos “líderes” que han puesto en tela de juicio las leyes y normas morales, que son la brújula para no desorientarse y llegar a puerto seguro.

No le falta razón a quien dijo hace poco que las generaciones que salieron de las guerras mundiales eran mejores que las que están saliendo ahora de las grandes maestrías y doctorados de las mejores universidades del mundo. Aunque caben todas las excepciones del caso, la apreciación no se aleja mucho de la realidad.

Multiplicación de las burbujas: utopías del siglo XXI

Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que las burbujas en el siglo XXI se están multiplicando y dentro de ellas se encuentran muchos imberbes que viven tranquilos sin ver la realidad y algunos estrategas que creen que con un poco de magia se puede retomar el vuelo que se había perdido y que ¡no pasa nada!!!!

El optimismo y la esperanza para salvar a la sociedad se pueden aceptar solo si están fundamentados en la verdad sobre el hombre y su destino. Como esto no ocurre, estamos frente a teorías utópicas que no conducen al éxito y a la excelencia que anuncian, sino al despeñadero de muchas personas.

Los ensayos antropológicos que quieren engarzar al hombre únicamente con los aciertos de una economía liberal se están quedando en el pasado como incompletos e inseguros. Los sesgos del economicismo y del pragmatismo tecnológico vigente, continúan construyendo burbujas llenas de colorido y muy atractivas para sus ingenuos seguidores, que se encuentran idos de la realidad, adorando, con grandes fiestas y jolgorios, al becerro de oro de turno. Comprobamos como siempre, que la historia se repite, pese a las advertencias de quienes perciben la realidad por amor a la verdad.

La decadencia de occidente

La decadencia moral de occidente pone a los emblemáticos países europeos en berlina frente a las naciones emergentes que siempre los miraron con admiración. El prestigio de ser las grandes naciones del mundo lo van perdiendo paulatinamente con un desorden moral que los está infectando y que es difícil detener.

Las grandes campañas contra la natalidad iniciadas por ellos en el segundo lustro del siglo XX les está costando caro. En los últimos años las inmigraciones en Europa aumentan con una progresión geométrica y en cada país el porcentaje de inmigrantes está pasando del 20% con respecto a la población autóctona, que sigue disminuyendo y desapareciendo. En casi todos los países europeos el crecimiento es 0.

A pesar de todo, esta transformación de la sociedad hay que recibirla con un espíritu abierto, (guste o no guste), que es el espíritu cristiano de amor a Dios y a los demás.

En los países de América del sur donde hubo una evangelización católica se produjeron las mezclas que el amor humano compuso y surgió una variedad de razas, que ahora convive en paz. En América del norte fue distinto, eliminaron a los indios y no se mezclaron. Sufrieron durante siglos el flagelo del racismo. Luego los inmigrantes latinos le cambiaron la cara al país y así los americanos tuvieron que aceptar nuevos estilos de vida y convivencia. Ahora buscan salir de la crisis.

Cuando Europa (liderados por el poder alemán) quiso en un momento de la historia eliminar todas las razas, menos la aria, le costó más que una guerra, con millones de muertos. Y luego más adelante, cuando en las postrimerías del siglo XX, pusieron medidas para preservar su cultura y su patrimonio económico, sin las exigencias de una transmisión de valores cristianos, empezaron a desangrarse nuevamente. Si ahora no hay una pronta y urgente reacción, podrían perderlo todo: el poder económico y la población.

En el continente asiático la amenaza oriental de China no es tan real como parece porque está segmentada fundamentalmente hacia aspectos económicos de un sector y las mejoras que se van produciendo no pueden establecer una realidad social coherente y libre. Existe, todavía, una mordaza y una bota aplastando a las grandes mayorías. Cuando el niño no llora es porque está muy enfermo. El progreso creciente todavía no es signo de salud y su enigmática historia nos hace dudar a todos.

El “tigre” asiático que deberá pasar todavía por muchas transformaciones seguirá contagiando al mundo con sus gripes, que cada día ingresan, con más facilidad, en el torrentoso río de la economía, sin renunciar a las graves explosiones de terror, con muertos regados por las calles en ciudades cada día más conflictivas, inseguras y peligrosas.

Urge reaccionar, para no pelear, sino para conocer y querer. Allí estará el progreso verdadero, en una mejor comunicación entre los seres humanos fundamentada en las virtudes de las personas. Es necesario rescatar la verdad y eliminar el relativismo del mundo con sus tolerancias e intolerancias que solo fabricarán bombas explosivas con los planos de las burbujas doradas, que son un cuento y una mentira; son las utopías de los que creen en todo, menos en Dios.

Agradecemos sus comentarios.

jueves, agosto 18, 2011

Crear espacios de libertad para las personas leales que pueden rendir más

INCOMPATIBILIDAD DE PERSONALIDADES

Grandes problemas surgen cuando los seres humanos no saben superar, en sus relaciones con los demás, una incompatibilidad de caracteres. Cuando los distintos temperamentos y modos de ver la vida o de enfocar las cosas, entran en conflicto.

Estas incompatibilidades se pueden dar en la casa, entre los mismos familiares: esposos, hijos, hermanos… originándose peleas que los llevan a distanciarse por un tiempo corto, largo, o para toda la vida. “No me cae, o no tengo química con esa persona” es lo que dicen los que no se acomodan a la vida del otro y quieren evitarlo.

La incompatibilidad de personalidades le agrega un matiz positivo a la incompatibilidad de caracteres. Ahora se trata de poner el acento en personalidades valiosas que no pueden salir adelante porque hay otras, también de valía, que tienen otro estilo o modo de organizarse. El problema no es que choquen y se peleen sino la disminución de sus posibilidades, por presencia de otras personas, o porque no les va el modo que tienen de trabajar.

La incompatibilidad de caracteres se soluciona cuando las personas aceptan las diferencias o los modos de ser distinto de los demás. Una persona que lucha por ser mejor encuentra el camino para llevarse bien con personas que no piensan como él o que tienen otros gustos y costumbres.

El arte de una buena dirección

En cambio para la incompatibilidad de personalidades, cuando se trata por ejemplo de una institución o empresa, se necesita un tercero que sepa, con arte y habilidad, sacarle el mejor provecho a cada personalidad. Dicho en otras palabras: encontrar al artista para que consiga que las personalidades incompatibles puedan rendir al máximo y sentirse libres.

No es fácil encontrar un artífice que haga esa obra humana, que a primera vista parece muy dificultosa, por la complejidad de los modos y capacidades de las personas y por la línea que la empresa quiera tener. Sin embargo son necesarios esos artesanos para encontrar ambientes adecuados y conseguir que esas personas, que pueden rendir mejor, funcionen bien desarrollando sus capacidades en un clima de libertad y no se desperdicien en tareas que no son para ellos.

Reconciliación con oportunidades para que todos rindan

Cuando dos personas se pelean lo primero que hay que hacer es separarlas para que no se hagan daño, luego habrá que ver de qué se trata, porque la mayor parte de las veces el camino es la reconciliación y el perdón. Si hubo pelea deben reconciliarse. En el caso de la incompatibilidad de personalidades no hay necesariamente una pelea, no es el conflicto lo que preocupa sino el bajo rendimiento, o el desperdicio de las habilidades de una persona por estar haciendo una actividad de “relleno” en vez de dedicarse a lo que puede hacer muy bien. Las personas también podrían sentirse incómodas y generar conflictos entre ellos por tener distintos criterios o posturas.

Pueden haber situaciones de la vida que le exijan a una persona el sacrificio de no desarrollar sus capacidades en el campo ideal, de acuerdo a sus gustos y preferencias, y tenga que pasar parte de la vida o la vida entera al servicio de una causa urgente y necesaria. Esto puede pasar y es loable y heroico en la vida de algunas personas, sin embargo no puede ser una regla para aplicarla a todos. Es muy importante poner el acento en las personas concretas para no crear “teorías” fijas que las perjudiquen.

Los motivos “políticos” o las “razones” de los grupos

Cuando daño hace la política que no camina con la verdad de las capacidades humanas sino con razones de conveniencia de los grupos. Por este motivo cada día más personas valiosas son dejadas de lado.

También lo vemos en las instituciones castrenses cuando pasan al retiro, por motivos políticos, a oficiales que merecen el nombramiento del puesto que les toca y porque además son personas que pueden hacer un bien enorme por sus cualidades y disposiciones.

Si se quiere sacar todo el provecho a las cualidades de las personas se debe mirar siempre la lealtad de su trayectoria, su capacidad de servicio y el desinterés en los protagonismos o prebendas personales.

En nuestra sociedad existen quienes saben promocionar adecuadamente a las personas de acuerdo a su propia valía, (sin inflar nada ni dorar la píldora, sin tarjetazas ni influencias). Quienes tienen la fortuna de encontrarse con ellos no están frente a un “padrino” que los favorece. Están frente a un descubridor de talentos honrado que dice la verdad y consigue que las personas rindan de acuerdo a sus capacidades.

No es buen sistema recortarle “las alas” a nadie. Hoy, lamentablemente, muchos están sin rendir todo lo que pueden, por culpa de terceros. Esperan el momento (que tal vez no llegue nunca) de tener la oportunidad para desarrollar sus capacidades en algo que valga la pena, y al encontrarse con las puertas y los caminos cerrados, la vida se les pasa sin pena ni gloria.

El mejor trato con las personas nunca será decirles “tú quédate allí abajo tranquilo, no hagas problemas, porque hay otros, mejores que tú que lo van a resolver todo” Al contrario (y convencidos plenamente de que todos son útiles) se debe animar a las personas admirando sus trabajos y logros. Que todos se sientan útiles porque realmente lo son. Es mucho más inútil el que ve que los demás lo son.

Callarse y no decir nada sobre el trabajo y la valía de una persona puede ser una falta grave de caridad. En este tema los silencios no son adecuados. Tampoco los gestos diplomáticos del que quiere contentar o suavizar, sin tener él una auténtica valoración. Los elogios falsos hieren más que los silencios. Quien sabe valorar a las personas sabe también reprender cuando alguien no trabaja bien. Al que tiene prestigio y autoridad se le escucha todo.

Algo que nunca debe faltar: el aprecio real por las personas

El aprecio real por las personas (hoy hay mucha hipocresía), genera una comunicación sincera y grata a la vez. El hombre que sabe querer consigue que las personalidades no se encojan por problemas de incompatibilidad. Entenderá que muchas veces la solución no estará en los recortes, sino en los espacios de libertad que suelen ser aceptados por los que tienen sentido común y no están “amarrados” con alguna política que les favorece.

Cuando las diferentes personalidades se sienten apoyados y pueden volar alto, son muy útiles para todos. Además estarán felices de contribuir con sus logros para el bien de la sociedad.

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viernes, agosto 12, 2011

Vanidad, preferencias, engreimientos y desapegos

LA AMISTAD CON LOS PROPIOS ALUMNOS

Un profesor puede tener dificultades en ser amigo de sus propios alumnos cuando no se dan los requisitos para que exista realmente una buena amistad. Por lo pronto es necesario tener en cuenta algunos criterios para saber bien en qué consiste ser un buen profesor y al mismo tiempo un buen amigo.

Lo primero que habría que advertir, para el análisis de esta relación, es que no es necesario ser profesor para ser amigo. No se debería instrumentalizar la educación para lograr una amistad, aunque cuando se educa podría surgir una sólida amistad. La amistad depende de cada persona, cómo es y qué lleva dentro. La amistad surge de un corazón ordenado. El que tiene amigos los puede tener en todas partes y el que no los tiene tampoco los tendría con sus alumnos, para tenerlos tendría que arreglar su propia interioridad y cultivar el amor de amistad.

En la sociedad podemos observar gente que tiene amigos y otros que no los tienen. También en los ámbitos educativos. Existen profesores muy queridos que tienen muchos amigos y otros que se encuentran solos y a veces son rechazados por sus propios alumnos.

Si ponemos el acento en los educadores tendríamos que advertir los vicios que suelen darse en las instituciones o sectores educativos que impiden (como cualquier vicio) que se pueda dar una buena amistad.

Los vicios o limitaciones de los profesores que podrían alejar a los alumnos e impedir una buena amistad serían los siguientes:

1. El autoritarismo: Mandar demasiado para tener autoridad. Subrayar una superioridad con respecto a los alumnos, aunque sea solo en los modos o maneras de relacionarse con ellos. Exagerar las exigencias y ser demasiado rigoristas pensando que es la manera de ser justos. Tener a los alumnos cogidos por las notas y mantener una relación con ellos en base a las notas. Calificar a los alumnos de acuerdo a las notas y establecer así diferencias entre unos y otros.

2. El protagonismo: Meterse demasiado en las organizaciones de los estudiantes. Tratar de ponerle un estilo propio y original al desempeño pedagógico. Poner demasiados parámetros sin dejar en libertad a los alumnos. No saber educar con la libertad. Querer estar presente en todo y no saber quitarse. Querer hacerlo todo sin delegar. Poner exámenes difíciles y jalar a los alumnos porque se piensa que así el curso tendrá más éxito (no poner nunca notas altas).

3. El exceso de ocupaciones: Limitarse con cumplir. Dar la clase e irse corriendo. Dar demasiados trabajos a los alumnos para que los hagan por su cuenta. Producir demasiada papelería y no estar cerca de sus alumnos. Tener otras ocupaciones. Usar a los alumnos para otros trabajos. Demasiado tiempo frente a la computadora. Ser demasiado de oficina y esperar que los alumnos lleguen allí.

4. Algunos problemas de personalidad: Ciertos temores para intervenir. Tratar de asegurar el ambiente cómodo para dictar una clase. No salirse de unos esquemas por temor. Timidez excesiva. Miedo de quedar mal, excesos de vanidad. Preferencias o amistades particulares, engreimientos (faltas de justicia). Hacer acepción de personas (antipatías). Rechazo a determinados alumnos.

5. No situarse bien: estar inconforme. Poner distancia por las diferencias generacionales. No conocer las diferencias entre cada alumno. No tener en cuenta los problemas de la sociedad y las circunstancias actuales. No saber cambiar un ambiente cuando es necesario. Tener dificultades para persuadir a los alumnos. Tener problemas en el centro educativo que influyen en su modo de proceder con los alumnos.

6. Excesos de formalismos: Preocuparse más por el programa a dictar que por los mismos alumnos. Estar demasiado pegado a un estilo o sistema de enseñanza. Poner demasiados controles, tomar exámenes a cada rato y calificar a los alumnos por las respuestas que dan. No conocer bien a cada alumno (sus nombres, apellidos y procedencia). Querer corregir los exámenes sin mirar los nombres por un criterio errado de honradez (le parece que así será más objetivo e imparcial).

El auténtico amigo es el auténticamente bueno

Un buen profesor debe ser una buena persona y una buena persona tiene muchos amigos. El buen profesor debería ser amigo de todo el mundo. El que no tiene amigos poco podrá hacer para ayudar a los demás. La amistad se cultiva, depende del esfuerzo de cada uno. Si alguien tiene muchos amigos no será por sus cualidades innatas sino por su esfuerzo personal y sus méritos; de allí su valía.

Es preciso saber bien lo que es la amistad, porque hoy se le llama amistad a cualquier acercamiento o a razones de conveniencia o beneficio propio utilizando a las personas, esto podría ser más complicidad que amistad. Tampoco se le puede llamar amigo al simple colega, al que trabaja junto. El amor de amistad es mucho más elevado y noble. Es un amor leal que crece, se fortalece y se orienta, con la virtud de la caridad. El verdadero amigo es el que sabe querer, es el que nos conoce de verdad y quiere lo mejor para nosotros. La buena amistad se teje con los valores más profundos que son los que dan seguridad a las personas y las hacen felices.

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jueves, agosto 04, 2011

Reflexiones de sentido común

BIBLIA Y HOMOSEXUALIDAD

(cuando se deja de lado a Dios en la Antropología humana)

Hoy, en la mayoría de los foros y en el mundo mediático, se debate con mucha ligereza el tema de la homosexualidad, porque no se tiene en cuenta la antropología cristiana que presenta al hombre como hijo de Dios creado a su imagen y semejanza, con un destino eterno en el Reino de los Cielos.

Dejar de lado a Dios en la concepción del hombre da lugar a planteamientos antropológicos donde se considera el pecado como una opción más de la persona libre que quiere vivir así, sin que nadie lo descalifique. Sin embargo la aceptación de estos planteamientos ha generado situaciones crecientes de agresividad entre los seres humanos al darse un abandono, casi total, de los valores trascendentes que son indispensables para la vida.

La autoestima que muchas veces reclama la sociedad para quienes se sienten heridos, no debe ser mentirosa. Hay que decir siempre la verdad con toda la comprensión y el cariño posibles para las personas afectadas, que podrán construir una real autoestima, al conocerse bien y conocer la realidad. Así el hombre aprende a afrontar situaciones que tiene que superar.

Referencias a la moral y la espiritualidad en quienes viven lejos de los valores trascendentes

Se ha hecho costumbre decir, en el lenguaje de la calle, que cuando una persona rompe su matrimonio se sale de los cánones de una familia bien constituida, desde el punto de vista cristiano, y se parece a los artistas de Hollywood, que cambian de pareja como cambian de camisa. Nadie, en sus buenos cabales, puede pensar que es correcto ese modo de proceder.

Es interesante observar, (aunque a muchos nos da pena), las reacciones de familiares y amigos, en los velorios de personajes conocidos de la farándula que escogieron en la vida una opción lejana de Dios y cercana a desarreglos que la Iglesia y la moral cristiana siempre rechazaron por ser pecado. Reflejan, casi todos, en esas circunstancias de dolor, cierta nostalgia por los valores espirituales.

Cuando mueren estos artistas y se hacen unos ostentosos funerales suelen aparecer en esos cuadros muchas referencias a lo espiritual donde consideran que su alma todavía está presente, pero enseguida se nota como una frustración que les hace caer en un dramático sentimentalismo. Lloran a sus muertos y los dejan en el pasado; el presente es solo un recuerdo de lo que se tuvo y ahora no se tiene. Procuran una unidad fuerte, en esos momentos de dolor, que solo es el esfuerzo del voluntarismo: querer hacer eterno un sentimiento con el dolor compartido. Luego la realidad de la vida hecha agua a ese fuego prendido con papel y todo sigue igual.

El miedo de aceptar a Dios

El planteamiento cristiano de la Vida Eterna y la noción de pecado, como una herida de la naturaleza humana, que necesita de Dios para ser curada, irrita y produce escozor en el hombre que no quiere reconocer las explicaciones de la religión para arreglar su propia vida y que busca por todos los modos justificar sus tendencias para vivir con ellas sin que se les descalifique. Por ejemplo: quienes no aceptan las inclinaciones y la opción de vida que han elegido los gays y las lesbianas se les llama xenofóbos o intolerantes. Prefieren mantenerse en sus opciones erradas que rectificar, en honor a la verdad, sus posturas.

El mal es una fuerza que engarza muy bien con actitudes de presunción humana de autoafirmación. Se nota también en la persona que rechaza con irritación los criterios morales que exigen vivir de acuerdo con una ley divina. Se produce en ellos como una especie de atosigamiento y molestia. Esto está ocurriendo ahora, cuando se trata el tema de la homosexualidad.

El criterio de la Iglesia

La Iglesia nunca fue contra ellos, ni contra sus inclinaciones, sólo les ha advertido, como lo hace con todos los demás, que no deben vivir en pecado y que hay un mandamiento que prohíbe los pecados de la carne. Si alguna persona tiene tendencias más fuertes a esos pecados, cuenta también con los medios que la Iglesia le alcanza, a través de los sacramentos, para vivir como buen cristiano, sin los agobios de los desarreglos que le pueden ocasionar las inclinaciones de una naturaleza herida. La gracia que recibe le cura de sus debilidades y le eleva hacia la virtud. La doctrina de la Iglesia tiene como fuente a la Sagrada Escritura y a la Tradición.

La homosexualidad en la Sagrada Escritura

En la Sagrada Escritura, los pecados (no las inclinaciones) de homosexualidad son presentados como depravaciones graves: la Ley de Moisés los castigaba con la muerte (Lv 20,13), y, en el Nuevo Testamento, se consideran punto culminante de la degradación humana cuando los hombres no quieren vivir según la Ley de Dios (Rom 1,26-27, 1 Cort 6,9; 1 Tim 1,10).

Apoyándose en la Sagrada Escritura, la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente malos” (Congregación para la Doctrina de la Fe, Persona humana n.8). “Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una complementariedad afectiva y sexual verdadera. No pueden recibir aprobación en ningún caso” (Catecismo de la Iglesia Católica n. 2357).

En nuestro tiempo -enseña el Catecismo- “un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión, delicadeza. Se evitará, respecto a ellos todo signo de discriminación injusta. Esta personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida, y, si son cristianos, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que pueden encontrar a causa de su condición” (n. 2358).

El respeto y la acogida de la Iglesia a personas con tendencias homosexuales

Las personas con tendencias homosexuales necesitan, como todas las demás, ser educadas para que desarrollen las virtudes que deben tener como personas. Si un niño tiene tendencia a mentir no se le puede dejar que siga mintiendo. Corregirlo no es discriminarlo. Lo mismo podemos decir de una persona que tiene tendencia a la violencia. Es necesario darle una adecuada formación para evitar que esa tendencia desordenada le haga sufrir a él y a los demás. La educación no les va a cambiar las tendencias sino que les va a entregar el sistema de lucha que necesitan para vivir con el orden que deben tener como personas. Igualmente los que tienen tendencia a la homosexualidad deben luchar para evitar los desórdenes de esas tendencias. Encontrarán para la lucha los medios que la educación les ofrece para vivir de acuerdo con la ley natural y tendrán, como todos los demás, al alcance las virtudes correspondientes para vivir con paz y alegría.

Además es necesario advertir que un gran porcentaje de personas que tienen relaciones homosexuales no son homosexuales, sin embargo opinan, por el beneficio errado de querer su propio placer, a favor de legalizar la homosexualidad. ¿No es acaso una postura desequilibrada, egocéntrica y mentirosa?

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