jueves, noviembre 05, 2015

Decir la verdad a tiempo
CERELIDAD Y VERDAD

Toda la vida nos hemos quejado de la lentitud de los procesos judiciales. Hace años tuve la ocasión de ver una ruma de expedientes gruesos en el despacho de un magistrado, estaban uno sobre otro y tenían una considerable altura. Los procedimientos para avanzar estaban entorpecidos por una aparente desgana generalizada y este acostumbramiento del sistema facilitaba la manipulación, el chanchullo, la trafa, con las ganancias correspondientes por las coimas, que estaban a la orden del día. Después se purificó un poco el sistema y se agilizaron los procesos. Fueron caballazos que se dieron con el cartel de “moralización”, pero luego las cosas siguieron caminando con honorables jueces honrados y con otros que eran sibilinamente traferos; estaban como “la cizaña en medio del trigo”.

Por los hechos y con el tiempo, se va sabiendo quién es quién, pero lo difícil es conseguir que todo cambie. No faltan voces que piden que salgan los malos y que se queden los buenos, ¿es posible eso?


El trigo y la cizaña
En los Evangelios encontramos una parábola llena de sabiduría que nos ayuda a entender mejor estas situaciones difíciles y complicadas por el mal comportamiento de algunos:

“El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?  Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? Él les dijo: No, no sea que al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero”.  (Mt. 13: 24-32).


Nos decía San Josemaría Escrivá en Roma que el mal no se puede combatir con la violencia, la represión, los controles, las prohibiciones, las cárceles, la venganza. Nunca se debe devolver mal por mal. La ley del talión, “ojo por ojo, diente por diente” no es cristiana, ni humana.

El mal se combate con “abundancia de bien”, afirmaba San Josemaría Escrivá con mucha fuerza. Al hablar de la situación del mundo decía: “estas crisis mundiales son crisis de santos”  y explicaba que un santo no era una persona “inmaculada”, porque tenía también los pies de barro, se caía, y si se podía levantar era por la gracia de Dios. Decía con una gran claridad y humildad: “yo soy capaz de cometer los errores y los horrores del hombre más vil de la tierra” ¿cómo podemos juzgar y condenar a los demás si somos capaces de las peores cosas? Todos somos pecadores y si no pecamos es por la gracia de Dios.


¿Qué es lo que detiene todo?

La mentira detiene todo. El alejamiento de la verdad complica la vida de todos y los problemas terminan siendo una guerra de mentiras de unos y otros, con argumentos “tirados de los pelos” lleno de juicios abultados por la ira y los deseos de venganza. Lamentablemente en el mundo abunda la hipocresía.


Sinceridad salvaje

La tendencia a la mentira está en la misma naturaleza humana. Toda persona necesita ser educada para no mentir y para no ocultar la verdad. La virtud de la veracidad se obtiene por la lucha constante en decir siempre la verdad, aunque algunas veces cueste mucho, por vergüenza o por miedo. El niño, desde que tiene uso de razón, debe ser educado para que sea sincero.

La experiencia enseña que una persona que comete una falta grave y se la guarda termina complicando su existencia y puede complicar además la vida de muchas personas.  La Iglesia siempre aconseja a los fieles confesar cuanto antes una falta grave, decir la verdad sin miedo, reconociendo con hidalguía y dolor de corazón, la falta cometida. La persona arrepentida que confiesa su pecado encuentra el perdón de Dios que le devuelve la paz y la alegría, para seguir luchando con esperanza.

San Josemaría Escrivá, en el siglo pasado, predicaba a viva voz la urgencia de la sinceridad, decía que había que decir primero lo que más vergüenza da, lo que no queremos que se sepa. Enseñaba que nunca se debe ocultar un pecado, porque después es peor. “Hay que hablar cuanto antes”  decía,  y sacar “el sapo feo y sucio que se lleva dentro”, para  tener paz y conseguir caminar siempre con la verdad.

La mentira detiene y atora todo, en cambio con la verdad todo fluye,  y se puede progresar. El mundo está lento porque las personas no caminan con la verdad. Algunas instituciones van demasiado lentas porque quizá las personas que forman parte de ellas no están diciendo la verdad. La verdad depende de cada persona. Se debe formar a la persona con la verdad y con las virtudes humanas necesarias para la convivencia: la sinceridad, la honradez, la lealtad, la sencillez, la caridad.


Buscar la verdad sin maltratar a nadie

La verdad no se consigue a sablazos, sacando los trapos sucios para publicarlos y señalar a una persona como miserable. A nadie se le debe calificar por sus errores, la vida de una persona no son sus errores y sus pecados. Si alguien escribe un libro sobre los pecados de alguien, aunque sean ciertos por la investigación que ha hecho, no estará reflejando la verdad de su vida, porque ese libro está sesgado a lo malo. Es como los noticieros amarillos que buscan los escándalos para ganar sintonía.

El poder mediático de hoy, en su afán de tener rating por sus investigaciones, puede destrozar la vida de las personas. Es fácil sembrar odio y venganza atizando a la gente para que murmuren y difamen con indignación.

Con Jesucristo hicieron lo mismo, la gente que gritaba ¡crucifícale, crucifícale! eran motivados por el poder mediático de la época. Los habían convencido de lo malo que era Jesucristo. Con este comentario no estamos diciendo que todos los acusados son como Jesucristo. Existen personas que merecen cadena perpetua por las graves acciones que han cometido, pero en una sociedad no puede existir el linchamiento, ni físico, ni verbal, de ninguna persona. En el entendimiento de cada uno el mal debe condenarse siempre, pero la persona no.

La cerelidad de los procedimientos se consigue cuando todos dicen la verdad a tiempo, sin hacer bullas o escándalos. La verdad no es consecuencia del atropello o del maltrato.  Las torturas, que existieron y quizá existan todavía en algún lugar del mundo, empleadas para conseguir la verdad, son inhumanas y deplorables  . Muchas veces los justicieros que motivan venganzas son peores que los acusados. Habría que ver la biografía de ambos.

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jueves, octubre 29, 2015

miércoles, octubre 21, 2015

El cáncer de la individualidad
EL ARTE DEL BUEN ACOMPAÑAMIENTO

Acompañar a alguien es realmente un arte que exige de un esfuerzo personal y desinteresado del que quiere de verdad a una persona y sabe que esa dedicación es la mejor forma de aprovechar el tiempo.
El mundo relativista, infectado por los microbios del activismo y el consumismo inmoderado, motiva la indiferencia en el trato habitual entre seres humanos. No hay tiempo para atender a los demás. Cada uno persigue sus metas con el consiguiente deterioro de sus propias relaciones humanas.  Hoy se vive con la angustia del tiempo y de un modo individual, cada palo aguanta su vela. Es penoso ver personas desplazándose de un lugar a otro sin comunicarse con nadie.  Deambulan metidos en sus mundos virtuales, con unos audífonos que lo aíslan del contorno.

El crecimiento de la soledad
En los tiempos actuales la soledad de las personas ha aumentado considerablemente. Las grandes mayorías quieren paliar esa limitación con “la compañía” de aparatos electrónicos donde encuentran: juegos sofisticados, música impactante, y diversos programas interesantes para el entretenimiento.
No se dan cuenta que la excesiva dedicación a esa tecnología deteriora tremendamente la personalidad quitándole la capacidad para comunicarse con el prójimo en las relaciones humanas de paternidad, filiación y amistad auténtica.

Los acercamientos a través del mundo virtual son excesivamente pobres y, por lo general, nada edificantes. El usuario compulsivo de esos medios electrónicos suele ser un vicioso, y por lo tanto candidato para hacer desarreglos en su personalidad alterando su relación con el prójimo.

Con una dedicación excesiva al mundo virtual se pierde la oportunidad de una mejor realización como persona,  el usuario de marras suele quedarse bastante al margen del mundo cultural y de la profundidad intelectual del saber humano. Es fácil que navegue en el mundo virtual sin salir de lo superficial y con un escaso conocimiento de las personas con quienes debe interactuar. Los lenguajes melifluos se pierden en el ciberespacio y no aportan nada a las personas que lo utilizan. No existe la cercanía de las virtudes humanas para la transmisión de los valores entre las personas, todo se queda en una comunicación pasajera y muchas veces banal.

Los que están sumergidos en esos mundos a penas se dan cuenta del deterioro al que se están sometiendo. Esos espacios facilitan la metástasis de un cáncer silencioso que pronto acabará con ellos si no se detiene a tiempo. El hombre desprotegido queda expuesto a todos los peligros.



La inseguridad en las calles y en los hogares
La inseguridad que ha crecido en el mundo es la de las propias personas. No es, como se suele decir: falta de policías o de patrulleros. El peligroso es el hombre inseguro, tanto el agresivo como la víctima: los dos son inseguros.

Es evidente que existen sectores peligrosos que reclaman una constante vigilancia por parte de la policía, incluso se está pensando una posible participación de las fuerzas armadas para devolver a las calles la tranquilidad que está faltando. Las personas que quieren deambular sin angustias buscan un acompañamiento para protegerse de posibles agresiones.

El acompañamiento que se busca hoy es sobretodo de protección y en las relaciones afectivas es de posesión. En ambos casos estamos dentro del utilitarismo. Cuando el valor seguridad se coloca en primero lugar es índice de un exceso de agresividad entre los seres humanos. Es por eso que las personas exigen protección.

Lo mismo ocurre con la afectividad. Cuando falta amor entre las personas resalta el egoísmo y entonces las relaciones de enamoramiento son de amor posesivo (quiero a esa persona para mi) y ese querer va acompañado de una inseguridad (¿y si no dura?, ¿y si se va?…).  Esa actitud constante de inseguridad reclama protecciones. Y en vez de buscarla en las relaciones humanas virtuosas se busca en los sistemas y en los contratos con notarios y abogados. Se han multiplicado las cartas de garantía para asegurar una duración razonable de los compromisos.

Y si a todo esto se suma la soledad. La persona sola está perdida, puede caer en manos de cualquiera, para su desgracia. En muchos lugares del mundo las calles son peligrosas y a determinadas horas el peligro se multiplica. Existen zonas en las que no se puede transitar libremente y otras que exigen cupo si se quiere pasar tranquilamente por allí.

Pero también se encuentran solos los que no tienen el cariño de las personas que tiene ordenado su corazón. Ahora es urgente apostar por el orden del corazón de cada ser humano para que desaparezcan las agresiones, los lugares de violencia y el acoso.

El arte del buen acompañamiento
Hoy, más que nunca, hace falta el acompañamiento del que sabe querer con un corazón ordenado. La buena compañía del amigo que quiere el bien y sabe dar la mano es esencial para que desaparezca la corrupción y la violencia.
La nueva civilización del amor, anunciada por San Juan Pablo II, no es una utopía, está al alcance de todos y depende de las respuestas de cada uno.

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miércoles, octubre 14, 2015

Orfandad global
AUSENCIA DE PATERNIDAD

La presencia del padre en el hogar es fundamental para la educación de los hijos. El padre no debe delegar esa función a otra persona. A él le toca junto a su mujer educar con amor a sus hijos. Es la tarea principal que tiene el padre y es más importante que los negocios.

Toda persona debe tener un padre que lo quiera, lo oriente y lo conduzca por buen camino en la vida, es esencial para el buen desarrollo de la personalidad. El padre no es más que un instrumento de Dios que participa de la paternidad divina. Recibe ese don de Dios para que con el amor a su esposa eduque a sus hijos. El papá necesita del amor de la esposa y de la ayuda de Dios para poder ejercer la paternidad. Es una paternidad que tiene como cimiento seguro la fidelidad matrimonial. El camino al Cielo de la mujer casada es a través del amor al marido y el camino del marido es con su esposa. De este caminar de los dos y del amor a Dios proceden la paternidad y la maternidad, que pone a los hijos en condiciones de ser ciudadanos del cielo.


La presencia del padre

El padre no debe faltar en la vida de la casa. Su presencia debe ser activa, constante, efectiva y afectiva. El hogar debe estar impregnado del amor del padre. Es el amor de fortaleza que da seguridad y de una inteligencia orientadora que tiene grandes dosis de comprensión. El abrazo y el beso del padre que comprende es la mejor motivación para recomenzar.

Los hijos bien formados recomienzan continuamente. Cuando hay ausencia de paternidad surgen en el hogar, sobre todo en los hijos, acostumbramientos negativos: vagancia, tardanzas, desorden, abandono, encierros, silencios, incomunicación, torpezas, insolencias, huidas, impurezas, engaños, etc.

La paternidad no es solo fortaleza y seguridad, es también un referente moral para la honradez y el espíritu de sacrificio. Los hijos deben ver que el padre saca  adelante el hogar con el esfuerzo y el sacrificio que pone en un trabajo limpio y honesto. La rectitud del padre en su ambiente laboral y ante las diversas circunstancias de la vida, se convierte en un cimiento de fortaleza y seguridad  para la estabilidad moral de los hijos.

La limpieza, rectitud y hombría de bien del padre, que además es de generosidad y de alegría, crea en los hijos una extraordinaria capacidad para recepcionar, con prontitud y anticipadamente, los valores más importantes para su formación como personas.


La ausencia del padre

Hay muchas maneras de faltar a la casa y de poner trabas a la paternidad. Cuando el padre habitualmente no está y no puede tener contacto con los hijos.  Los motivos de la ausencia pueden ser variados, sin embargo hay una diferencia grande entre el padre fiel y el infiel. Un padre fiel, que quiere mucho a su esposa y a sus hijos puede ausentarse de la casa  por motivos de trabajo. Si estos padres  mantienen su presencia a través de una comunicación que los une a todos, se puede decir que está ejerciendo su paternidad a distancia. Solo habría que recomendarle que venga a ver a su esposa y a sus hijos todas las veces que pueda y que trate, en la medida de lo posible, conseguir un trabajo que no lo aleje de su casa.

Es lamentable y censurable el padre infiel que  saca el pie del plato con una doble vida oculta, y trata de ejercer una “paternidad” de control, que no tiene los elementos esenciales de la auténtica paternidad, que exige de la fidelidad plena.  No se trata solo de estar en la casa sino de estar para la esposa y los hijos con el corazón ordenado y no partido.

La infidelidad conyugal es el cáncer del hogar que mata  la vida familiar y destroza a la sociedad, la hace insegura y agresiva. Los hijos sin control pueden hacer barbaridades con repercusiones serias y graves para toda la vida.

Tampoco ejerce la paternidad el padre que está metido en sus cosas y no tiene tiempo para los hijos, piensa que para ellos basta que se ocupe la madre y el colegio. Peor es el padre autoritario que maltrata a los hijos y los tiene pisados sin darles libertad. No hay paternidad cuando hay miedo y maltrato.


La paternidad espiritual

Existe también la paternidad espiritual de otras personas que con muy buena disposición ayudan y orientan al prójimo por el camino correcto. Pueden ser laicos, sacerdotes o religiosos. 

Al Papa se le llama Santo Padre porque también ejerce una paternidad espiritual. En idéntica línea está la paternidad de las personas entregadas a Dios, que son instrumentos que cumplen una misión apostólica con las personas que el Señor les pone cerca. Este tipo de paternidad se sitúa en un nivel distinto al de la paternidad del padre biológico.

El director espiritual o el sacerdote no es el papá del dirigido, aunque éste no tenga padre. La paternidad espiritual es distinta porque está abierta a todos los hombres y no se restringe a personas concretas. En este tipo de paternidad el trato y los procedimientos son diferentes.

La paternidad espiritual no requiere del matrimonio pero sí requiere de Dios. También la paternidad espiritual es participación de la paternidad divina. El padre espiritual se capacita para ejercer la paternidad  viviendo la castidad y por lo tanto entregando su corazón entero a Dios. La entrega lo faculta para amar con limpieza y fortaleza con un amor de padre y sin las familiaridades de la paternidad biológica. Además es una paternidad que se extiende a todo tipo de personas y se sitúa en un nivel distinto al de la paternidad del papá.

El  padre espiritual mira el fuero interno  de las personas guardando el silencio de oficio de todo lo que le cuenta el que es dirigido. No debe transmitir a nadie, por ningún motivo, lo que escucha en una confidencia de dirección espiritual. Esta paternidad se ejerce  rezando por el dirigido, dándole los consejos oportunos y acompañándolo, con afecto y cariño, en su camino.

Se produce entre el director y el dirigido una auténtica amistad, con una fuerte reciprocidad,  que es característica esencial de la amistad, pero cuando se trata de la paternidad espiritual se llama correspondencia. El director espiritual no busca para él una retribución o paga, es solo un instrumento de Dios, la amistad es el amor humano y sobrenatural con una respuesta  del amigo al querer divino. Está claro que para que haya amistad deben funcionar los dos, igualmente para que haya paternidad deben funcionar bien el padre y el hijo.

Los hijos que no quieren recibir la paternidad que Dios les alcanza a través de sus instrumentos se hacen culpables de las consecuencias de esos desatinos.

Cada persona debe tener un papá y padres espirituales para tener una buena orientación en la vida con el cariño varonil, que será consecuencia del ejercicio de esa paternidad.

No se debe olvidar la distinción entre el papá y el padre espiritual. El primero mira fundamentalmente a su hijo, con los demás no tiene gracia de estado, en cambio el padre espiritual se debe a todos,  y por lo tanto no debe tener amistades particulares o ejercer padrinazgos con determinadas personas. Será padre para todos; para eso tiene gracia de estado.


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jueves, octubre 08, 2015

Entender y amar al Papa
EL EFECTO FRANCISCO

Apoteósico fue el recibimiento y la acogida que tuvo el Papa Francisco en los Estados Unidos. Removió a miles en las plazas públicas, en las calles y en todos los foros donde pronunció un discurso y en las iglesias donde predicó una homilía. Sus palabras, expresadas en todos los tonos, fueron enérgicas y claras, dichas con la vitalidad de un hombre convencido de su fe, que persuade a las personas con la verdad. Con una simpatía arrolladora se metió en el bolsillo a creyentes y a incrédulos con un estilo que trae desde el inicio de su pontificado. Los que lo conocen de antes dicen que han visto en él un cambio desde que salió al balcón el día de su elección. Era como si hubiera recibido del Cielo un don especial para convertirse en el Papa dulce, tierno, sencillo, con una sonrisa perenne y muy cercano a la gente.


Lo humano y lo divino en el Santo Padre

¿Cuál es el secreto del Papa Francisco? ¿Por qué tiene tanta acogida? ¿Es su personalidad, sus condiciones humanas…, o hay algo más…?
El Papa es fundamentalmente el Vicario de Cristo, tiene el don de la infalibilidad cuando trata de materias de fe y costumbres dentro de la Iglesia. El Espíritu Santo que asiste a la Iglesia asiste también al Santo Padre. No se trata solo de un hombre de gran personalidad y talento, hay evidentemente una gracia de Dios muy grande para los modos, y sobre todo para los temas de fondo.
San Josemaría Escrivá le agradecía al Señor por “el amor al Papa que has puesto en mi corazón”  y pedía a los fieles querer y obedecer al Papa quien quiera que sea, y no quedarse en los aspectos superficiales:  si es simpático o antipático, si es alto o bajo, si es italiano o africano, si habla de una manera o de otra. Del corazón de un buen cristiano no debe salir ni una palabra de crítica para el Papa. 
    
Al Papa se le debe querer no porque sea popular o mediático, sino porque es el Vicario de Cristo. Los que lo eligieron fueron instrumentos de Dios apoyados en la oración de la Iglesia Universal. Así ha sido con todos los Papas. Se dice que cada época tiene el Papa que necesita.   


El que critica al Papa no es un buen católico

Es importante hacer estas consideraciones y precisar bien los criterios porque mucha gente dice: “¡Este Papa sí, es mejor que los anteriores!  y otros lo critican o expresan sus reservas porque no les gusta tanto.  Se puede decir que quienes se expresan de esas manaras se han quedado en una visión humana y han perdido, o no tienen, la visión sobrenatural suficiente que debe tener un buen católico.
Para el cristiano, el Papa vivo, el que está vigente, sea quien sea, es el mejor de todos, y el que trae al mundo lo que Dios quiere para los momentos actuales. Dios ha querido este Papa y a este Papa tenemos que querer y obedecer. Después de este Papa vendrá otro y será el que Dios quiera, en ese momento ese Papa será el mejor de todos y lo querremos tanto como a este y como a todos los Papas anteriores.   

Si un católico se siente herido por lo que el Papa dice, debería revisar un poco su vida. Es muy probable que tenga que cambiar en algunos aspectos relacionados con su vida cristiana. Algo está mal en su interioridad y no se ha dado cuenta o no lo quiere reconocer.

Los relativistas de hoy no han descubierto que la verdad lleva consigo una suerte de apertura para que todos se salven. La verdad es la expansión del amor y por lo tanto los que impiden que el amor de Dios llegue a todos, se están sesgando con un relativismo que Benedicto XVI calificaba como la tiranía del yo. Al hombre que se le suben los humos a la cabeza puede creerse “la última chupada del mango” y pone todo, menos sus ideas, en tela de juicio, y se siente con “autoridad” para criticar al Santo Padre, y “pontificar” con sus argumentos, que el Papa debería o la Iglesia debiera…hacer tal o cual cosa, está, al menos, demostrando con su conducta, que no ha llegado al nivel del cristiano que debería ser.

El papel todo lo aguanta. La verdad no está solo el Papel impreso con criterios y bellísimos ensayos, filosóficos o teológicos. La verdad está en la vida y en esa Tradición de criterios y costumbres que se transmite con el amor de las personas de generación en generación y que la Iglesia reconoce y que constituye también una fuente para la fe de los creyentes que siguen al Vicario de Cristo que habla en el presente en nombre de Dios.

La sintonía del Papa con el pueblo no es publicitaria, se trata de la comunión de los santos, muchos están unidos de un modo sacramental, identificados con Cristo y otros reciben el influjo de muchas vidas que aman bien, porque están con la verdad y por eso persuaden para que haya cercanía y pueda haber descubrimiento, para que luego se produzca la conversión, que es la respuesta a la verdad y por lo tanto la ruptura con la esclavitud y la llegada de la libertad.

El Santo Padre con su conducta quiere ascender a todas las personas a un nivel de comprensión para que se logre la ecología global del ser humano. Para eso es necesario que muchas personas dejen de lado las disquisiciones del yo, que no son más que piruetas intelectuales inyectadas de un espíritu crítico con el disfraz de un aparente buen espíritu, que reclama mesura y prudencia al Santo Padre, y a los que le siguen fielmente para darle la vuelta al mundo con el auténtico y genuino espíritu cristiano.   

El mundo de hoy no necesita de “Gurús” especialistas en temas emblemáticos, que además se llenan los bolsillos con sus conferencias de alto nivel intelectual. El mundo necesita a Cristo, que va por todos los sitios, sin nada y lleno de gratuidad, para dejar el tesoro de una vida de amor.
Dejemos los foros de los palabreos humanos, que han sido creados por los nuevos sofistas de la historia, para aquellos que se dirigen a determinadas elites, buscando más para ellos que para los demás. Son los que usan toda la mercancía de la ética cristiana para sacar provecho personal pensando que hacen una gran labor para la colectividad. Ahora le toca de nuevo a Jesucristo y a sus seguidores, los apóstoles, que tiene el mandato del Señor de “¡No llevar nada! y predicar la palabra con el ejemplo de un desprendimiento real. Como dijo el Papa Francisco en Brasil: “no tengo oro ni plata pero tengo a Jesucristo…”

El Papa recorre el mundo predicando a Jesucristo y anima a los cristianos para que le sigan sin miedo y decididamente. Ahora nos pide de modo especial la misericordia. Es la llamada que el Papa le hace al mundo y a cada persona individual. Nadie tiene derecho a maltratar a otro con una condena, por muy grandes que hayan sido sus errores. Dios nos está dando oportunidades para perdonar, no las desperdiciemos. El que condena siempre pierde y el que perdona gana y hace ganar a todos. Secundemos al Santo Padre en el año de la misericordia con un corazón que perdona más.

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jueves, octubre 01, 2015

viernes, setiembre 25, 2015


Deformación de la conciencia
LA MALICIA DEL QUE NO PAGA SU DEUDA

Es penoso encontrarse en la vida con el que se hace el loco y busca que pase el tiempo para que su deuda prescriba y el prestamista se olvide de insistir para cobrarle.

Lamentablemente hay muchos endeudados caraduras que guardan un silencio sepulcral, no le dan al prestamista ninguna información sobre los pagos pendientes, no dicen nada y cuando se les recuerda prometen sínicamente que lo van a pagar todo, pero los días siguen pasando sin que exista ninguna novedad.

Es cierto que algunos prestamistas son usureros abusivos que cobran grandes intereses y extorsionan al endeudado para que pague cuanto antes. Algunos acuden a la policía y consiguen un embargo o la cárcel, si la deuda no es pagada.

Pero también existen personas generosas que al ver una carestía se ofrecen para ayudar poniendo plena confianza en el necesitado. El aprecio por la persona que ayuda es de tal magnitud que se le presta sin firmar papeles, ni ponerle plazos. Tiene el convencimiento de que el endeudado, cuando salga de su apuro, le va a devolver todo, o al menos lo va a tener informado de lo que está haciendo para pagar su deuda.

Estos casos suelen darse cuando se trata de préstamos familiares o de amigos muy allegados. Sin embargo algunas veces la sorpresa es dolorosa, cuando el que fue ayudado, con tanto cariño y solicitud, desaparece del mapa sin decir ni pagar nada.


La conducta correcta del endeudado

La conducta correcta de la persona ayudada es mantener contacto con su prestamista e irle informando qué es lo que está haciendo para cumplir con el pago de su deuda, diciéndole siempre la verdad, sin engañarle.

En cambio es indignante cuando el prestamista descubre que el endeudado es un fresco que actúa como un “necesitado” (“¡no tengo plata!”) y observa que va gastando dinero en otras cosas, sin poner ni un céntimo para el pago de su deuda. Si procede así, por muy pariente o amigo que sea, se estaría convirtiendo en un sinvergüenza, que actúa sintiéndose víctima y creyendo que tiene derecho a defenderse de su prestamista, manteniéndolo a distancia para que no insista.

El prestamista, que actuó con buena voluntad para ayudarlo, se sentiría muy maltratado por esa actitud canallesca que lo inhibe, le tapa la boca y no le da opción a recuperar el dinero que prestó con tanta generosidad.


La conducta del prestamista

No nos ocuparemos en este artículo del que hace negocio con los préstamos y cobra intereses para ganar dinero, vamos a referirnos más bien a la persona generosa que ayuda a salir a otro de un apuro con un préstamo de dinero que debe ser devuelto en un tiempo prudencial, porque además, el dinero que consiguió, con bastante esfuerzo y sacrificio, debe ser repuesto. Nos estamos refiriendo entonces a un prestamista que quiere mucho al que ayuda y no duda de brindarle su todo apoyo.

Aunque un triste refrán de la sabiduría popular diga: “donde hay confianza hay asco”; pienso que esa afirmación no es acertada, porque la confianza siempre se debe dar, aunque el prestamista sea engañado. Una persona buena que confía y siembra confianza, ganará con el tiempo muchas amistades; aunque alguno se aproveche de su generosidad y lo abandone sin pagar lo que le debe.

Es cierto que algunas veces confiar puede traer sinsabores y amarguras y uno diga: “¡que tonto fui!” y haga el propósito de ¡no prestar a nadie!; sin embargo la misma vida enseña que confiar trae más alegrías que sinsabores. Al final, el que queda amargado no es el que confía sino el que se aprovecha de la confianza. Además, todo se sabrá en el juicio final.

Por otro lado hay que tener en cuenta que la vida nos enseña a tener más experiencia para conocer mejor a las personas. Así aprendemos que las apariencias engañan porque hay personas que “se venden” muy bien y luego al desaparecer con el botín, se sabe lo que realmente son. El buen prestamista pudo ser un poco ingenuo al no darse cuenta que, no todo lo que brilla es oro. Para la siguiente vez ya estará vacunado.


La grandeza de un corazón noble

El Señor nos pide a todos tener un corazón noble y generoso para animarnos a regalar o prestar al que tiene necesidad, incluso corriendo el riesgo de perder ese dinero. Vale más la conducta noble de ayuda generosa que la cantidad que se presta. Cuando el dinero se prestó para un fin bueno, el que lo puso recibe muchas retribuciones de Dios, aunque no se haya logrado el fin que se propuso.

En cambio el que recibe el préstamo tiene dos obligaciones: luchar para que el fin se cumpla y devolver el dinero que le prestaron. Si lo logra, la gracia de Dios será también abundante para él y lo notará en su propia vida. Si no cumple, algún día lo tendrá que pagar, después de haber recorrido un camino que el mismo minó con las ignominias que causó al haber medrado.


La formación de la conciencia

La conciencia bien formada es la honrada,  la de la persona que no se queda con nada y cuando hay una deuda tiene la inquietud responsable que lo motiva a buscar la forma de pagarla cuanto antes. No se debe permitir la frescura, ni los aprovechamientos indebidos, o privilegios impropios de un desaprensivo que no gana nada de esa forma sino que más bien termina perdiendo lo que más vale en la vida.

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viernes, setiembre 18, 2015


Seguridad ciudadana
CHAPA A TU PRESIDENTE
El título de este artículo, inspirado en chapa a tu choro, parece  una motivación política sin embargo es una advertencia en forma de arenga para prevenir, con tiempo, a los ciudadanos que van a votar en las elecciones del próximo año, de los peligros de una mala elección. Frente al abanico de posibilidades que se nos presenta es necesario conocer bien para no cometer errores a la hora de escoger a los que van a llevar, por unos años, el destino del país.
Como es de suponer, no vamos a mencionar nombres concretos, ni sugerir que se vote por determinado partido o persona. Vamos a poner sobre el tapete los criterios necesarios para una elección coherente, que mire lo que realmente necesita nuestro país para salir adelante,  apelando a la decisión que cada persona debe tomar en conciencia.
Dejemos de lado las promesas de los distintos grupos políticos con los discursos edulcorados de los candidatos que se presentan como la mejor opción y pongamos por delante, las condiciones o criterios que deben tener las personas que  quieren gobernar el país.
No existe el candidato ideal que posea todas las virtudes y cualidades. Todos tienen defectos. Quien se presente puro e inmaculado nos estaría engañando. Tampoco podríamos inclinarnos por el que tiene grandes desarreglos en su vida y mucho menos si los oculta. Todos los gobernantes deben ser honestos y rectos en su proceder, antes y después de la elección.

Quiénes no tendrían condiciones para gobernar un país
Para empezar habría que decir que un gobernante no puede ser mitómano. Si comprobamos que el candidato de turno es un mentiroso, habría que descalificarlo enseguida. El mentiroso compulsivo no puede ser gobernante ni puede tener a su cargo un grupo de seguidores. Haría daño a todos y habría que tacharlo de la lista decididamente.
Tampoco gobernaría bien el oportunista que busca la ocasión favorable para beneficiarse él y los suyos. El afán de medrar se nota en el lenguaje que utiliza cuando se ve que la lealtad es a la dádiva y a la prebenda. Es el que adquiere “compromisos” con los que buscan beneficios particulares, poniendo por encima la argolla y la complicidad, que el bien de la sociedad.
No sería buen gobernante el ecléctico que quiere hacer comer en un mismo plato a perro, pericote y gato. Es falsa la apertura del que llama a cualquiera fijándose solo en un aspecto positivo de su hoja de vida y cierra voluntariamente sus ojos a los aspectos negativos, que no ha corregido, ni quiere corregir. Por ejemplo contar con un buen profesional que está cometiendo injusticias graves con su familia. Se podría contar con él si arregló su situación o está luchando para arreglarla, pero si permanece en lo mismo, no debe ocupar un cargo que exige ejemplaridad de conducta y coherencia de vida.

La imagen del político corrupto
Hoy, urge cambiar la imagen de los candidatos a los cargos políticos. La imagen actual es deplorable. La ciudadanía no debería aceptar a personas que después terminan en la cárcel por una actuación vergonzosa. No es nada bueno que la ciudadanía no tenga más remedio que resignarse a votar por el menos malo. Si no hay una reacción rápida para cambiar esa mentalidad seguiremos encontrándonos en las elecciones con candidatos que buscan acomodarse bien para beneficiarse ellos y sus seguidores, dejando al país atrasado y con muchos elementos de corrupción, que no terminan de eliminarse.  La corrupción es muy cara, es inmoral y perjudica a todos. Y esto es lo que ha estado pasando en los últimos años: unos malos gobernantes y como consecuencia una sociedad alterada por los desórdenes morales de las personas: familias rotas, aumento de los vicios, inseguridad ciudadana, ataques a la vida.
Reacción ciudadana
Cuando los ciudadanos ven que la justicia no llega, aguantan hasta cierto límite, luego toman la iniciativa y arremeten como pueden con distintas manifestaciones de violencia. Últimamente se ha difundido una campaña popular para capturar a los ladrones y lincharlos, dándoles una buena paliza.  En distintos sectores de la sociedad se motiva a las personas diciéndoles: “chapa a tu choro”. Es el pueblo harto de la pasividad de las autoridades que toma la justicia por sus manos para eliminar la delincuencia.
Ahora, cara a las elecciones presidenciales, vacunados con las gestiones anteriores que han estado repletas de choros, es necesario que cada ciudadano se esmere en chapar a un buen presidente.  A uno que ponga orden y disciplina para poder vivir en paz y de un  modo correcto.
El programa de gobierno debe ser: amor a la vida, con una defensa en todos los campos, amor a la familia para asegurar un sano ambiente de cariño para la educación de los hijos y los medios necesarios para formarlos adecuadamente y revertir malformaciones como el afecto al alcohol y a fiestas semáforo donde todo vale permitiendo que las diversiones juveniles se conviertan en verdaderas orgías donde junto con el alcohol corre la droga y el sexo fácil, y donde los excesos de los horarios con amanecida,  provocan muertes tontas y graves desarreglos en los hogares.
Es triste ver un espectáculo juvenil de chicos y chicas entregados a unas diversiones inmorales de un modo compulsivo y piensen que están en su derecho y que nadie se lo puede impedir. La mentalidad de creer que las fiestas deben empezar cerca de la medianoche y terminar al amanecer no corresponde a una cabeza coherente y responsable.  Pensar que los viajes de promoción escolares deben ser viajes de juerga y festejo descontrolado, es permitir un estilo de vida donde el desparpajo y el atrevimiento tienen cabida. La carcajada destemplada y el vómito de la indigestión no pueden ser un recuerdo alegre de lo ¡bien que la pasaron! en esos días especiales del viaje de promoción. El permisivismo de los padres de familia avalado por directivos de colegios donde no existen criterios claros y coherentes para manejar las cosas, es algo que ya no se puede permitir. 
De idéntico modo proceden los gobernantes que se preocupan más en quedar bien y contentar a todos que conseguir el bien para todos.
Se hace urgente chapar a un presidente valiente que ponga en orden al país dándole prioridad a la educación de los niños y jóvenes con los valores morales que están faltando.

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miércoles, setiembre 09, 2015


El vacío y el miedo como futuro

LA DEPRESIÓN DEL LIBERAL ECLÉCTICO

El relativismo de los tiempos actuales ha creado, con sus argumentos liberales, espacios donde entran personas con un talante intelectualmente desafiante, para criticar y poner en tela de juicio algunas costumbres y criterios de otras épocas, que se habían considerado siempre como valores tradicionales. 

Hoy, con el influjo de la autonomía de la conciencia, el hombre ya no mira tanto la ley moral sino a su propio criterio, que lo forma con lo que va recogiendo del sentir común y de la sensibilidad social predominante. 

Sin embargo cuando en la sociedad se pierde el sentido del pecado, y el hombre ya no se siente culpable, de inmediato pasa a pensar que en la historia se escondieron muchos culpables que abusaron de su condición para cometer atropellos e injusticias, y que ahora se les debe acusar para que nadie quede impune y los errores de la historia no se repitan.

Estaríamos de acuerdo con esas afirmaciones siempre y cuando la conciencia pueda distinguir claramente entre el bien y el mal, con un criterio objetivo de acuerdo a la ley moral, que es universal y para todos los tiempos.  Con esa premisa  puede censurarse para que no se repita más:  el nazismo con el holocausto, la barbarie de Stalin, la bomba atómica y las guerras mundiales, el terrorismo como sistema, la trata de personas y las manipulaciones genéticas, el aborto y la eutanasia etc. 

Pero resulta que, al esconderse la verdad de los criterios morales establecidos por la ley de Dios y al haberse perdido el sentido del pecado, el hombre, sin ser muy consciente, empieza a cambiar de mentalidad. Si ya no se siente culpable le parecerán anticuados los 10 mandamientos y adquirirá una actitud permisiva y tolerante con una apertura proclive al eclecticismo. De este modo quien está de acuerdo con la condena del nazismo y la bomba atómica, no vería mal que se aceptara el aborto y la eutanasia.

Como hay un desconocimiento de la ley moral a muchos les puede parecer que es cuestión de opiniones, como si se tratara de un debate entre liberales y conservadores.



La ingenuidad (o ignorancia religiosa) al no conocer los efectos negativos del pecado.

Hora se puede decir, sin temor a equivocarse, que la aparente buena voluntad del ecléctico se irá deformando poco a poco, al chocar con la realidad. En una primera instancia defiende aperturas e incluso las rebeldías de los que buscan romper los moldes tradicionales. Su postura o determinación es más teórica que práctica. Luego la vida le hará pasar, poco a poco, en sus propias relaciones humanas, de la indulgencia a la falta de tolerancia. Y al final terminará descubriendo que no puede seguir pensando como lo venía haciendo, porque la naturaleza humana va por otro lado. Entra en una suerte de angustia existencial.

Cuando una persona no vive de acuerdo con la verdad objetiva,  y no tiene en cuenta las implicaciones morales en los actos humanos, tendría serias dificultades para pensar con claridad y dar una buena opinión para juzgar determinados hechos o situaciones. Necesitaría antes, como todos, luchar contra el propio egoísmo personal y descargar de su interioridad posibles resentimientos que le impedirían tener comprensión y misericordia con los seres humanos. En ellos se da una paradoja interesante: quieren tener una gran apertura y se sienten tremendamente intolerantes. Es entonces cuando fuerzan una postura de tolerancia que es artificial. El voluntarismo no puede crear el amor. Nada que esté fuera de la realidad puede crear el amor.

 La cabeza caliente y el hígado gigante convulsionan a las personas y las hacen esclavas de sus propias limitaciones. Ese desorden origina un automaltrato habitual y un fastidio crónico con unos pesos encima, bastante aplastantes, que no dan cabida a la libertad.

Hoy, más que en otras épocas, muchas personas mayores, por ese tipo de complicaciones,  parecen adolescentes en crisis, con la desventaja de que han pasado años y la crisis, de la cual nunca salieron, a tomado cuerpo causando daños irreparables en su personalidad.

Cuando se juzgan las cosas desde una situación de crisis, se buscan culpables a como de lugar. Una situación de crisis es la que tiene un hombre o muchos hombres, que viven con graves limitaciones humanas y no son libres. El malestar que llevan va generando en ellos, con el tiempo, un resentimiento amargo y hasta odioso.

Las personas que se encuentran en esas situaciones quisieran escapar de esa sujeción y empiezan a elaborar teorías que justifiquen su conducta y la decisión que han tomado, para luego solicitar la patente de corzo  que les de derecho a condenar y a excluir a los que consideran causantes de sus “desgracia”   Se convierten en los indignados de turno.

Quienes optan por el liberalismo absoluto (sin reglas ni normas) van cayendo paulatinamente en un considerable desánimo que los lleva tarde o temprano a la depresión.

Primero viven con la ilusión de sus teorías, considerándose creativos, con un estilo de vida original que se fue formando con sus gustos y opiniones, todo al margen de reglamentos o normas externas, que siempre rechazaron y combatieron, y después caen en una desorientación total, han perdido la brújula y ya no les importa nada. Viven cargados de amargura.

Muchos dicen que son católicos pero no practicantes; otros que practican algo, pero no están de acuerdo con lo que la Iglesia enseña, también existen los que les gusta, por snob, llamarse agnósticos, para tomar una postura sin compromiso y distante. Todos ellos ocupan un espacio cómodo donde reina la tolerancia y la indulgencia, hasta que empiezan las limitaciones y se ponen a incordiar, para terminar luego en la desilusión y el fracaso. Así son los liberales eclécticos que van camino de la depresión con un pesimismo total que termina envolviéndolos.

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